martes, 26 de julio de 2016

La Voluntad, una obra de César Brie

El maestro de teatro, César Brie, presentó la obra que cuenta la vida de la filósofa francesa Simone Weil, en el marco del Festival Brie organizado por La Caja Mágica Teatro de Cipolletti. Estuvo acompañado por la actriz de Buenos Aires, Flor Michalewicz, como Simone. 

César Brie
Lo más fascinante del teatro es la diversidad de mundos que propone. Cualquier persona que ambicione romper estructuras en su vida debería probar un trago de teatro; más que un trago, pegarse una dura borrachera con él. Mundos simbólicos, interdisciplinarios, físicos y emocionales es lo que ofrece. Desafíos en una gama amplia de diversidad son apenas algunos planetas en este universo.

"La Voluntad, fragmentos para Simone Weil"- obra teatral escrita, dirigida y protagonizada por el maestro César Brie- es un trabajo que remite automáticamente a la vida de entrega que desarrolla un artista en este campo. Con un texto sencillamente abrumador por su extensión y requerimiento memorial para interpretarlo, cuenta la historia de la filósofa francesa que también se desempeñó como sindicalista, poetisa y combatiente.  

Ella fue una de las intelectuales y escritoras en trabajo de campo más profunda y visionaria del siglo XX. Murió de hambre a los 34 años tras una vida de indagación social y personal sobre la historicidad y contexto de la realidad humana y europeo mundial en aquellos años, entre otras.

César y Flor
Las letras de esta revolucionaria conquistaron el cerebro de César Brie y la historia de su vida lo conquistó a él. Tal fue la inflexión que causaron aquellas ideas en su intelectualidad, que el dramaturgo se inspiró en la emanación de la joven para montar esta obra con la que idolatra su memoria, que fue un éxito en Italia y con la que se muestra por estos días en Argentina.  

Actualmente Brie reside en el viejo continente y La voluntad fue estrenada hace dos años allí. Esto implicó un doble desafío a la capacidad para la puesta en Argentina: Interpretar el texto en ambos idiomas con los giros expresivos y gramaticales que cada uno implica. Brie tiene 62 años y verlo desenvolverse con tal lucidez física, mental y creativa fue una master class en implícita plusvalía para la zona.

César además, es acróbata.
Si en algún estilo podría enmarcarse este trabajo, el teatro documental sería lo aproximado. El gran desafío de esta creación histórico biográfica, fue traducir en lenguaje escénico un relato académico informativo y hacer carne de poesía datos concretos del siglo XX.

El uso de elementos como recurso escenográfico alternó roles en el desarrollo de la obra y la interacción con maniobras acrobáticas hicieron honor al entrenamiento físico como uno de los requisitos fundamentales en la profesión actoral.

Con un hilo narrativo que rompió las poéticas literarias típicas del teatro, Brie resolvió ingeniosa y creativamente pasajes sumamente crudos de la historia y los transformó en metáfora de utilería para demostrar, como grosso maestro que es, que el teatro es sinónimo de ruptura y que en la investigación artística, las motivaciones inspirativas se nutren en la más democrática diversidad.

Juliana Dolores Biurrun

sábado, 16 de julio de 2016

De mentes

En la batalla de mentes para callar la mente, el silencio empieza a rebotar en otras partes del cuerpo, principalmente entre las costillas, en el corazón. Después, a trasladarse como una flota por los miembros. Pincha debajo de la raíz de cada pelo.

El pensamiento en forma de palabra mental se vuelve vibración. Enmudece de sílabas y el contorno de sus letras, puntos y comas, se deshace como espuma sobre el vidrio. Se manifiesta en color que late danza de tormenta.

Libre de las líneas que les dieron nombre, gira y se encuentra con su final en el principio, siendo rueda de principio en el final. Olvida que detrás de ese círculo engomado habita un eje, una cosa no cosa que no podría detenerse jamás porque si lo hiciera, la misma existencia desaparecería.

Tanto giran que terminan por enterrarse en el centro laberinto. Aquel acertijo no tendría definición con esa mente. ¿Qué sería lo único que no podría definirse? la nada, la inexistencia quizás. Si se le atribuyera cualquier entidad dejaría de serlo, se contrariaría en sus palabras.


¿Qué está más allá de la existencia? La verdad última. Más acá, el nudo existencial por el olvido de la esencia verdadera, la que trasciende al personaje inventado y angustiado que vive en sociedad. El ángulo detrás de la rueda, inconcebible, inimaginable; inalcanzable mientras el anhelo duerma.

Juliana Biurrun

Tierra de temperamentos amorfos

  1. El excesivo uso de formas que rigen la vida social convierte a los seres humanos en un saco de tránsitos superfluos. Incontables modos y preceptos desfiguran la esencia y lo tironean desde tantos lugares, que convierten al sujeto en un no-sujeto, en un espécimen dominado por las dudas y vaivenes de su emocionalidad inmadura, proyecciones y vacíos.

  2. De manera fatalmente sencilla el rumbo se desfigura, se tiñe de deberes que enmarañan la simpleza. ¿Cuál es el quiebre? ¿Dónde está la desorientación? En la falta de decisiones. La vida es un eterno presente, una sucesión de instantes hechos elecciones que se vuelven obras.

  3. Esto se acerca a la idea de que el amor es una construcción, una resaca placentera que sobrevive al vértigo de la oscuridad; como el premio de guerra contra los fantasmas. ¿Cómo declarar el amor por alguien sin antes aceptar la basura que esconde en sus bolsillos? Previo a eso rebosa el enamoramiento, ciego, bendito estado celestial. Ojalá fuera perpetuo, como la cadena, hasta la muerte.

  4. Tras estos estados de sombra y ruptura llega el claro entre los árboles, la certeza de saber que nada de lo anterior fue lo suficientemente fuerte para desviar esa emoción. El amor será la prueba de perseverancia y la firmeza de saber que en las discusiones de mente corazón, el rojo siempre tuvo la victoria. Podría ser hasta una cuestión de fe.

  5. Pero fundamentalmente en este proceso, el amor crece como una edificación en la que se eligen qué materiales utilizar. Si se hará con elementos de primera o segunda mano, con arena virgen o de la manchada, con columnas sanas u hongueadas. Y si este amor promueve la luminosidad y entrega y no por eso definición –las definiciones enfrascan la evolución-, las elecciones con las que se transite por él serán la base de su sostén.

  6. A modo de ejemplo, de qué serviría que alguien le contase a la “mujer de su existencia” cuánto la ama, si las decisiones de su vida corriente fueran en contra de su cuidado y el de su sanidad mental, de la pureza del vínculo, de la historia compartida, del honor a lo vivido. En esa contradicción la construcción se derrumbaría, las columnas caerían y los hongos cubrirían toda la pared.

  7. Y si bien el amor es un gerundio que aspira a redescubrirse todo el tiempo en la medida del cambio en las personas, las manchas de la oscuridad producen desencantamiento. Y el desencantamiento lleva a un estado de cuestionamiento sobre las propias decisiones, lo que es también una vía directa de crecimiento. ¿Esto es lo que quiero para mí?

  8. Pero si la interrogante no surgiera –o lo hiciera sin anhelo profundo de revelación- y los desengaños continuaran ocurriendo, cada caída sería la fuerza centrífuga de la sombra hacia la oscuridad  perpetua en la que no se distinguiría lo sano de lo insano, la verdad de la mentira ni el cuidado de la traición.

  9. Intentar visualizar de qué lado estar es una decisión de cada parte. Elegir dónde quedarse, una responsabilidad individual. Pero tanta diversidad refulge entre los terrestres, que pretender definir modos de acción con juicios de valor basados en conocimientos escasos sería una burla a los procesos de crecimiento.

  10. A favor de los amantes, de sus manos llegará la fuerza y con ella, la claridad para detectar el límite de lo saludable y con él, la medida del amor propio. A cada uno le llevará sólo un puñado de su tiempo entre la indefinible cantidad de quebraduras que le tocará vivir.  
Juliana Biurrun