miércoles, 21 de octubre de 2015

Tradición viva en lenguaje coloquial

Comentarios sobre el libro El Hinduismo de Swami Satyananda Saraswati 
Editorial Fragmenta

El Hinduismo es una tradición inmensa y compleja, cargada de magia y metafísica, misticismo, poesía y metáfora; sumamente bella en su representación literaria y simbólica. Con postulados filosóficos irrefutables intelectualmente, ahonda en el fin del conocimiento alcanzable e incomprensible para la mente humana porque, precisamente, su raíz viene de espacios que no utilizan el lenguaje de los sentidos.

El linaje filosófico que transmite Swami Satyananda Saraswati en el cumplimiento del dharma de todo estudiante consumado –continuar con la enseñanza- es el Advaitavidya, concepto que expone la no dualidad y la unicidad entre el alma individual y la divinidad. Dicho de otra manera, la expresión termina por manifestar que no importa cual sea el modo ritual ni las representaciones con las que cada uno se identifique sino que, sea por el camino que sea, se llegará al mismo lugar.

Éstas no son meras palabras de fe, sino que constituyen una premisa científica que reúne técnicas, modos y caminos de vida que al seguirlos, conducirán a una experiencia sensorial elevada y verdadera, alejada de la ilusión que emerge desde las formas.

Esto que parecería irreductible a conjuntos de oraciones es sintetizado dichosamente en la obra. La sencillez de su título es un indicio de lo clara y concisa que es la publicación y se traduce en el éxito de brindarle al lector un resumen certero de la tradición espiritual viva más antigua del mundo.

Durante siglos fueron publicados cientos de libros sobre el tema, pero siempre es novedad -y un evento a celebrar- una tirada de esta índole en castellano, porque el hinduismo trasciende a las creencias y se convierte en una búsqueda, o mejor dicho, en un resultado.

El libro que Swami nos da tiene desde lo literario dos grandes virtudes. Por un lado, el acercamiento de una tradición que dista de nosotros en tiempo y espacio y lo hace actual a nuestra contemporaneidad. Por el otro, las citas que utiliza para explicar lo que cuenta son traducciones hechas por él de libros sagrados védicos en idioma sánscrito. En esto refulge su mérito de hacerlo con un lenguaje coloquial de escritura simple y lectura dinámica, accesible a cualquier lector occidental independientemente de su conocimiento sobre filosofía hindú. Humilde y penetrante, es un texto donde las palabras aproximan gradualmente al lector a una tradición hermosa y compleja.

El Hinduismo no es un mero libro académico pero tampoco un anecdotario. Es una estructura entrecruzada de vivencias e intelectualidad en el que la experiencia de Swami, da vida a su contenido y a la vez mantiene su rigor académico. En este marco y bajo su linaje, la publicación emana un homenaje a Saraswati, la Diosa del Conocimiento y la Sabiduría, compactado en la forma de una guía sencilla de 168 páginas.

Además de todo esto, en lo que se refiere estrictamente a su escritura, el texto trata sobre la esencia del hinduismo, sus sistemas filosóficos, sus hermosísimos rituales, los caminos y sus formas de adoración, los conceptos fundamentales, su orden social y religioso, la práctica en la actualidad y su concepción de la vida y el universo. 

En la India son diversos los caminos y la meta es la misma. Hay un modo para cada conformación emocional intelectual, para cada ser humano y cada forma de ser. Bajo este objetivo, Swami con su pluma dirige al lector -nos dirige- hacia el espacio único que late dentro de cada uno y que está más allá del tiempo. Ese fuego es reavivado con el correr de las páginas, esta es la gracia del guru.

Juliana Dolores Biurrun 

viernes, 2 de octubre de 2015

La Gracia y esas cosas que no son del cuerpo

“Perdonarlo a usted me acerca más a Dios”.
Comentarios sobre la obra de teatro La Gracia de Lautaro Vilo

¿Qué variable podría acercarnos al sentimiento sublime y trascendental que tuviera el poder de derribar toda incoherencia y elevar, sencillamente elevar el alma a un estado de regocijo? La gracia, la dicha, la plenitud, estadios que en su absoluto no podrían describirse con palabras porque responden a esferas que no son del cuerpo.  


La obra La Gracia fue escrita por el neuquino Lautaro Vilo – que según cuentan cosecha fuertes elogios en Buenos Aires por sus cualidades como dramaturgo - y protagonizada en la región de manera unitaria por la fantástica actriz Marcela Cánepa. 

La historia de este drama cuenta la vida de una mujer que intentó suicidarse y fue salvada -y a la vez violada- por un hombre a quien decide perdonar. Con ese objetivo, lo visita en la clínica donde yace con el 70 por ciento de su cuerpo quemado tras recibir el impacto de un motín carcelario al cumplir condena por su delito sexual.

En el escenario una silla como única herramienta de montaje acompaña a Cánepa, quien durante casi una hora de admirable monólogo entre personajes invisibles, lleva al público por una encrucijada de sentires en los que el impacto emocional se vuelve inevitable.

La relativización del conflicto que rige la trama coloca al público en una pared contra sus prejuicios y lo lleva, quizás, a la reformulación de los nortes que orientan sus valores. Sucede que el corazón del teatro late en la transformación del espectador y en lograr que salga de la sala en un estado emocional diferente al que entró. Y esto -sin dudas- ocurre con La Gracia.  

Al finalizar la función en Espacio Pueblarte (Cipolletti-Río Negro) a la que asistió quien escribe, se apagaron las luces y un silencio casi absoluto se extendió durante veinte segundos, sin exagerar. Ese silencio fue sinónimo de impacto -las mentes allí dentro recalculaban sobre lo que acababan de vivir- hasta que llegó el aplauso extendido, lleno de asombro. Los ojos de la actriz sola en el escenario brillaron fuertes y las miradas del público también.

La Gracia es una de esas obras hermosas que de vez en cuando aparecen. Actualmente no está en cartelera por la región porque está preparando las valijas para presentarse en el ciclo de Teatro Latinoamericano el jueves 29 de octubre en Casa del Migrante de la ciudad de Ámsterdam. Sí, en Holanda. Pero más pronto que tarde volverá a la región. Cuando eso suceda y la crucen por ahí, no dejen de pasar a visitarla.  


Metatexto desde la platea

En ésta obra Lautaro Vilo da claramente prioridad a la vida y a la libertad devenida del perdón. Manifiesta una fuerte crítica al procedimiento carcelario y legislativo; al sistema de valores y la propiedad privada del cuerpo; a los límites de los delitos de orden social y sus penas. “Si mi cuerpo es mío y yo decido sobre él, ¿por qué usted tendría que intervenir sobre lo que ocurre entre mis piernas?”.

Las transformaciones son semillas de potencialidad que reposan en los corazones. Todos están preparados para ellas y solo basta de un hecho iluminador que las respalde. “¿Qué harías vos frente a la decisión más importante de tu vida?”

Sucede que cuando uno se desconecta de sí mismo se llena de formas, ruido y polvo que lo atan al movimiento de la mente. Esas fluctuaciones llenan al sujeto de vacíos por la energía disipada hacia cosas que realmente no importan. ¿Acaso la vida no es ficción y en realidad nada de esto existe? Lo importante no se ve con los ojos de la cara. 

Cuando la mente calla emerge la emancipación de los mandatos, de las esperas y los apegos; fluye la pureza y el perdón; surge el verdadero Ser que se escapa de la cárcel que encierra al alma en las temperaturas de la carne. Este perdón es la libertad para con el otro y consigo mismo; y la gracia es redescubrir la dicha que se sintetiza entre los dos.

Bienaventurados quienes crucen las cordilleras de su limitación y se enfunden en el espíritu del despojo. Ellos transformarán la vida por despertar y alumbrarán el camino con los ojos del alma.
  
Juliana Dolores Biurrun

jueves, 1 de octubre de 2015

Hiperrrealismo

Era viernes, ya sábado. La mala sensación de ver una obra de teatro fea había sido opacada por las bondades del ajo y la bebida artesanal. Estaban en el auto y sonaba una canción que se escuchaba mal por el parlante maltrecho. El humo que expulsaban sus pulmones formaba un submarino insoportable que apenas las dejaba respirar. Entre el vapor y el encierro, la espesura del suspiro colocó a sus cerebros en una hilera de incoherencias que terminó en un juego de golpes al cuerpo sutil.

- Eran días difíciles. Extrañar ya dolía en el cuerpo y hasta le daba migraña. Cada noche, su garganta desarrollaba nudos y tragaba llantos de silencio cuando sus pies fríos se escondían en la sábana -.

Del diálogo dramatizado por la imaginación emergió un potencial de futuro posible, valga la redundancia. Él mañana moriría y ella nunca más la vería en esta vida. Instantáneamente una succión al vacío, un hueco helado le atravesó el pecho y dejó como ceniza de gelatina su corazón. De solo pensar que pudiera ocurrir, la representación mental transformó a su cuerpo en un trozo de carne electrificada que pulverizó sus dientes. ¿Cuándo habían crecido tantos dientes en sus encías?

La piel se le llenó de latigazos. No volvería a sentir sus besos ni el ancho de su espalda entre los brazos. Ni su forma en su forma, el sabor del calor en su boca. Nunca más olería su aliento ni lo escucharía preguntarle en la cama, al despertar, qué hacía una chica tan linda con un negro tan feo. Nunca más se reiría al responderle que era un tonto por decir así.

Despiadado sería el mundo que la alejara de su existencia. Ese mundo sabe que no podría respirar en el vacío de su voz.

- ¿Darías tu vida por mí?
- Sí.
- …………………………………. Yo también. Y nos encontraríamos en un rato, lo que tarde en morir desde tu ausencia.  

Juliana Biurrun