viernes, 18 de septiembre de 2015

De vientos y buñuelos

Una experiencia surreal

El texto de Arístides Vargas, “Donde el viento hace Buñuelos”, es llevado al teatro regional por los rostros de Amalia Arias y Adriana Iglesias. La obra cuenta la historia de Miranda y Catalina, dos amigas que comparten un pasado de ideas, lucha y que se encuentran a través del tiempo en un espacio intermedio que flota en el surrealismo de dimensiones atemporales.

Catalina está enferma y camina por las laderas de la muerte. Su nariz sangra permanentemente y una tos seca le lima la garganta. Miranda la acompaña en el proceso con sus ojos grandes y superabiertos, atormentados y brillantes; con la marca de ángulos profundos en su rostro y el peso de angustias subterráneas. Miranda jamás dejaría sola a Catalina, o Catalina jamás dejaría sola a Miranda. ¿Acaso algo resultaría predecible cuando el viento, el mismísimo Dios Aire, es el protagonista subliminal de una historia que entrelaza todo lo disponible a su alcance en el instante único del hecho teatral?

Los buñuelos encierran una trama fuerte y movilizadora que conecta con las emociones más bajas de los sujetos quienes, como su palabra lo dice, viven sujetos a normas, mandatos y estructuras que con el tiempo se vuelven enfermedad y densidad energética. En esta línea la obra evoca en su argumento a fantasmas que podrían ser fácilmente identificables con temores del imaginario colectivo que durante la función flotan sutiles en la platea.

Por otro lado, la fricción y la ruptura de las historias entrecruzadas de Miranda y Catalina, generan un armónico desequilibrio que mantienen al espectador en un estado de alerta permanente, atento al ritmo y a la expectativa de su latido, a la canción que suena en el corazón de la ficción.

Esta forma de drama y tragedia mechada con raptos de humor, toma elementos claves de la dramaturgia posmoderna en la utilización de herramientas propias de lo audiovisual para su puesta. Este entrelazamiento de disciplinas genera una deliciosa tensión que hace lucir entero al equipo de producción. Iluminación, vestuarios, proyecciones, escenografía, dirección, todas las piezas unidas armónicamente en un rompecabezas de calamidades, vientos y buñuelos.         

La narrativa de Vargas propone a la vez una relación de espejos cual Macondo Marqueciano, que redobla la apuesta de su carga y refuerza el vínculo entre sus personajes, en quienes no importa cuál sea la forma que les toque, la verdad última las encontrará en la misma encrucijada emocional.

En este proceso, la ruptura y la fricción parecieran por momentos hacer imposible la tarea de asimilar sus crueles y absurdos destinos de soledad. Esto lleva al desarrollo de un surrealismo mágico en el que lo cotidiano se vuelve extraordinario. De esta manera, se apela a lo profundo de las vibraciones bajas con la creación de imágenes metafóricas que por momentos desatan la risa como un acto de catarsis en sentido liberador.

Estos buñuelos gozan de un alma etérea que se infla con aire y harina para perderse en lo amorfo de la experiencia sutil. Por eso, no esperes una historia lineal o un argumento predecible. Es que ya ves, nunca se sabe lo que el viento arrastrará consigo.

Juliana Biurrun       
Fotos: Bruno Mogni.

Ficha técnica:

Actúan: Adriana Iglesias - Amalia Arias
Dirección general: Luis Sarlinga
Asistencia de dirección: Sebastián Fanello
Operación técnica: Chana Fernández - Paula Boyé
Construcción escenográfica: Carlos Alfredo Manrique - Jorge Moya
Realización audiovisual: Sebastián Fanello - Algunas imágenes son cortesía de Javi Cente
En video: Pablo Donato - Daniel Cuevas
Vestuario: Yazmin Mer 

viernes, 4 de septiembre de 2015

De formas teatrales emergentes

Notas sobre dramaturgia posmoderna argentina

La forma teatral de la dramaturgia posmoderna argentina, expone una escritura que fusiona explícitamente la realidad con la ficción, donde la poesía se desdobla de la metáfora y se redefine existencial. Esa combinación cuestiona en cierto modo la ironía del escritor y el misterio de su inspiración: Si lo escrito es real, autobiográfico o puro cuento.

En este modo de construcción de la narrativa y sus protagonistas, la historia personal emerge explícitamente y se vuelve disparador de texto –porque es innecesariamente necesario aclarar que la escritura siempre está atravesada por la parcialidad y que el desapego no existe ni en el periodismo ni en la ficción-. En consecuencia, en función de esa trama identificada subjetiva, se desarrollan personajes edificados sobre la experiencia de quienes los interpretan.


Lo intempestivo de la sacudida a los sentidos rompe con los modos del teatro tradicional “esperado” y se reinventa en una actuación des-actuada y des-dramatizada; en la que el énfasis de la expresión se impulsa fundamentalmente por la exacerbación emocional del aquí y ahora, por sobre la interpretación intelectualizada y memorizada de un guión.

En este punto se restringe lo predecible desde la óptica del teatro costumbrista en función del nuevo teatro que revaloriza la disociación realidad-ficción y se resignifica en otra forma de vida. Como consecuencia, en este nuevo campo- en esta nueva tierra por la que se desplaza- cambia el uso del espacio y las tablas dejan de limitarse a la jerarquía del escenario o el anfiteatro, para ampliar e incluir la posibilidad de la intervención -a veces inesperada- hacia la vida cotidiana, a la mismísima vida en modo peatón.

Como parte de sus nuevas formas puede mencionarse el proyecto “Ciudades Paralelas” curado por Lola Arias y Stefan Kaeg, en el que el hecho artístico se expande a los espacios públicos y los resignifica en el entrecruzamiento de disciplinas artísticas. De esta manera el teatro Es en la vereda y deja de ser exclusivo de actores porque ahora es también de gente común, en el más respetuoso sentido de la palabra.

Así, las calles se vuelven gran obra, una jalea dinámica, mutable y en constante transformación, con actores des-actuados que miran y se buscan; que explotan y se angustian; que se redescubren, imaginan, vuelan y se hunden. Seres actuantes siendo aquí y ahora, en el irrefutable momento del hecho teatral desjerarquizado.

Por otro lado en las salas de teatro se revaloriza el uso de espacios libres con escenografías centradas en elementos interdependientes más que en la construcción de contextos a modo de capullos. De esta manera el armado del espacio parece la manifestación de un sueño en el que las cápsulas del inconsciente emergen como latidos más no como grandes despliegues.

En esta reformulación el espectador acostumbrado al teatro tradicional podrá redescubrirse en una nueva perspectiva de interpretación e identificación, ya no dada por el absolutismo de la metáfora sino por el acercamiento con la realidad.


Juliana Dolores Biurrun