lunes, 11 de mayo de 2015

Yoga para la realización del Ser

Entrevista al yogacharya de Sadhana Centro de Yoga, Carlos Chiarotto

Hace un tiempo una profesora me dijo que el yoga era un camino de ida. A la tercera clase me di cuenta de que era verdad.

Sucede que la vida cambia cualitativamente cuando se empieza con las prácticas de yoga. Lo hace en una progresión que va desde lo superficial y netamente físico a lo espiritual. Y cuando lo descubrís, cuando te pica, se te impregna para siempre.

La manifestación de los samskaras”, se le llama en la jerga a esta sensación. Se refiere a los gustos, las inclinaciones, preferencias y talentos. Es el conocimiento que vive dentro de cada uno. Todo lo sutil que viene con nosotros y nos hace ser quienes somos.

Algo parecido sintió a Carlos Chiarotto una tarde de 1988 mientras se dirigía a aceptar un trabajo como contador. Hacía poco se había recibido en la Universidad Nacional del Comahue y se había casado con Laura Marcela Sosa, también hacedora del yoga y egresada de la UNC como Profesora de Historia. Por aquel entonces, juntos estrenaban la paternidad de Laurita y hacía poco se habían casado.

Ellos empezaron con las prácticas mientras estaban en la facultad y cuando se recibieron las empezaron a dictar de manera independiente. En medio de ese camino Carlos recibió una propuesta laboral estable y acorde con lo que requeriría la nueva vida familiar: un buen sueldo, obra social y esas cosas que de golpe son tan necesarias cuando se tiene un hijo. Esto con el agregado de que eran épocas de crisis inflacionaria profunda en el país con un crecimiento de precios a razón del 200 por ciento mensual. 

Estaba en la disyuntiva de tomar el trabajo o continuar con el yoga. Decidí tomar el trabajo y bajé caminando por la Avenida Argentina”, recordó. En ese trayecto entró a la Catedral y se sentó en silencio. Dice que pocas veces escuchó algo en su vida, pero que eso todavía lo oye. Fue la voz de la conciencia. “¿Qué es lo que siempre estuviste buscando? ¿La esclavitud o la libertad?”, le dijo. Y fue suficiente.

Entonces el futuro cambió para siempre. Volvió a su casa, le dijo a Laura que no iba a aceptar el trabajo y ella apostó con él.

Decidimos ponerle toda la energía y fuerza. Empezamos juntos a dar clases en el centro de Yoga Sadhana y fue tanta la gente que vino a Alderete 97- antes totalmente diferente- que en junio alquilamos un lugar en la calle Buenos Aires. Ni bien nos trasladamos allí pasamos de tener 50 alumnos a más de 100, 120, un montón en esa época”, contó Carlos. “Todo el mundo estaba en contra de la decisión, nadie nos apoyaba. Pero ni bien empezamos, fue como una marea que nunca se detuvo. Siempre fue movimiento y crecimiento”, recordó.

Esto fue hace 30 años y actualmente tienen en su haber 20 mil clases de Yoga Tradicional impartidas en el Centro. Desde hace cuatro años se dictan allí cursos de formación, se hacen retiros y con frecuencia se realizan eventos con la visita de swamis. También hay conferencias gratuitas y Sat Sangs abiertos al público.

Cerca de los 90’, al tiempo de iniciar las tareas en el Centro, Carlos y Laura tuvieron acercamiento con gente de Swami Sivananda que promocionaba en Neuquén un curso de formación de profesores de yoga en Canadá con su discípulo directo Swami Vishnudevananda. Ese contacto fue el 20 de junio de 1989 y la capacitación empezaba el 2 de julio de ese año.
 
Faltaban exactamente doce días para el primer encuentro, Carlos tenía cien dólares en la billetera y muchísimas ganas de ir. El destino hizo lo suyo y el promotor de Sivananda le dijo, “tú te vienes conmigo a Canadá”. Entonces todo se dio de manera tan increíble, cuenta él, que en diez días estaba en el norte de América tomando su primer curso de formación con Swami Vishnudevananda.

En aquel momento él estaba muy bien físicamente y vivía en un ashram cerca de Montreal, próximo a la montaña y donde había gente de todos lados”, recordó.

La capacitación de la que participaban 150 practicantes de todo el mundo estaba dividida en cuatro grupos de acuerdo a los idiomas, con un responsable que traducía la palabra del maestro o daba charlas especiales para cada conjunto.

El día a día en el ashram era muy estricto y la rutina empezaba a las seis de la mañana con una meditación. A las ocho se hacía una práctica muy exigente de yoga hasta las diez, hora en que se tomaba un desayuno/almuerzo lactovegetariano. A las once se desarrollaba una hora de trabajo comunitario y a las doce había una charla sobre filosofía. A las 13 se podía descansar para recibir una charla principal a las 14. A las 16 comenzaban las enseñanzas sobre cómo los aprendices tenían que dar una clase de yoga. A las 18 se servía la cena, a las 20 había una nueva meditación y a las 22 llegaba la hora dormir. Así fueron todos los días durante cuatro semanas.

Fue muy lindo vivir todo esto con gente de todo el mundo. En esos espacios se crea un ambiente de comunidad muy favorable y se genera una experiencia maravillosa”, comentó Chiarotto.

Aquellos aprendices espirituales ahora son yoga acharayas que transmiten el yoga tradicional de manera exacta a como fue durante sus inicios. El nombre asignado por el gurú a Carlos fue “Narada Brahma”, apadrinamiento que significa gran “devoto del Señor de Narayana”, el aspecto preservador de lo Creado.

Nosotros podemos asegurar que el yoga que practicamos hoy es el mismo que enseñó a mediados del siglo XX Swami Sivananda en Rishikesh, India, en el ashram Vida Divina a orillas del río Ganges. Que a la vez responde a la enseñanza de los yoguis desde el comienzo mismo de los tiempos”, explicó Carlos. Y agregó que se trata de una sucesión ininterrumpida en la cual el discípulo cuando se convierta en maestro, transmitirá la enseñanza exactamente igual como la aprendió del suyo.

¿Qué beneficios tiene para la salud? Lo propuesto por Sivananda consta a grandes rasgos, de una estructura de doce asanas básicas enmarcadas en el Hata yoga, sumadas a pranayamas que son ejercicios de respiración. Esta disciplina es conocida como una síntesis que integra en su práctica al Karma, Bhakti, Raja y Gnana yoga.

Es una de las tradiciones más místicas y completas porque en el corazón de sus prácticas y preceptos, está la sabiduría del Vedanta, el Ayurveda, la filosofía yóguica y los textos antiguos de la India, entre otros cuerpos de conocimiento psicológico, medicinal y espiritual.

En este marco es importante destacar que Swami Sivananda fue un médico renunciante que se caracterizó por la búsqueda constante de la salud, al comprender que ella no tenía que ver sólo con el cuerpo sino que era el reflejo de un estado del alma. Por eso, lo propuesto por él además de apuntar a la realización espiritual en su aspecto de síntesis, garantiza la vitalidad y longevidad del individuo al producir el estiramiento de todos los músculos del cuerpo y el movimiento de los órganos internos.

El yoga en la sociedad

Hace veinte años predominaba la presencia femenina en la senda del yoga y en diversas ramas de disciplinas alternativas, si se quiere místicas también. Esto sucede porque, de alguna manera, la mujer es más intuitiva y propensa a la práctica espiritual que el hombre.


Dicha observación se reflejó en la historia del Centro y durante sus inicios, asistían a las clases el 80 por ciento de mujeres y el 20 por ciento de hombres con un promedio de edad entre 35 y 40 años. Con el correr de los años, las cifras variaron y aumentó el caudal de practicantes entre los 20 y 30 con su consecuente incremento de participación masculina.

Antes se veía gente más grande y también más mujeres practicando” aseguró Carlos. Según él, esto se da por una serie de factores entre los que se destacan actualmente, una mayor apertura a la práctica holística y a que en el Centro se plantea un modo de hacer yoga que no está exclusivamente relacionado solo con la salud del cuerpo, sino con la salud espiritual.

No enseñamos yoga  terapia para la curación, sino para la realización del ser, del alma”, enfatizó. “Tratamos de que la gente que viene a practicar, no solo se vaya un poco más o menos estirada, sino un poco más consciente de quien es con respecto a cómo llegó a la clase”, agregó.

Y como en esta senda todo es un proceso de maduración, las enseñanzas en el centro también lo hicieron. Por eso desde hace cuatro años se dictan allí cursos de formación de Instructores de Yoga y este año comenzó a dictarse el curso de formación de Profesores de Yoga con estudio de la filosofía Vedanta (filosofía que llega al fin del conocimiento, entendida como el conocimiento espiritual más elevado).

Los mismos son dictados por Chiarotto y plasman el resultado de muchos años de preparación.  Él cuenta que fue necesaria una introducción prolongada para que al final se acercaran quienes anhelaban conectarse con este conocimiento, aquellos que estaban en condiciones de comprender y aprender la profundidad del Vedanta.

Lo que yo vuelco en esto es filosofía de la India que no vi que se transmita en otro lugar de por aquí. Lo que enseño en el profesorado es producto de la maduración de muchos años de haberlo meditado y estudiado”, aseguró.

Yoga en embarazadas

La práctica del yoga durante el embarazo resulta sumamente beneficiosa para la madre y el bebé. Se debe a que en primera instancia hay una mayor conciencia del cuerpo y a través de la respiración, la madre puede tener un mayor control de la mente durante el trabajo de parto. Es decir, que por medio de la relajación puede colaborar naturalmente en lo que está sucediendo.

La experiencia dice que la práctica del yoga durante el embarazo se refleja también en el temperamento del recién nacido. Si el proceso fue acompañado de una alimentación sana y se practicó meditación, es fácilmente observable esta influencia en como los niños presentan una condición más tranquila y relajada.

Las prácticas durante el embarazo varían en función de si la madre realizaba desde antes o no y dependen también del grado de avance de la gestación. No es lo mismo durante los primeros tres meses, del tercero al sexto y de ahí al noveno. En este sentido varían las formas de las posturas e incluso los ejercicios de respiración.

El bebé capta todo mientras está en el vientre, entonces si vos le das una atmósfera pacífica generada por los buenos pensamientos y la meditación, todo eso le influye en él y realmente le beneficia su vida futura”, aseguró Carlos. Y Completó: “Nosotros tenemos en principio la experiencia madre de cómo sucedió el embarazo con nuestros hijos. También tenemos el testimonio de madres que tomaron clases de yoga durante la gestación y después nos contaron que ocurrió todo esto”.

Dicen que dicen

El estudio del yoga propuesto por Sivananda está cargado de magia y misticismo. Fiel a esto, cuenta la historia que él eligió la fecha en que abandonaría la Tierra. Entre sus discípulos se comenta, como si fuera un evangelio de los que no están en la Biblia de la biblioteca, que un año antes de partir marcó el 14 de julio en el calendario. Hizo un círculo en el almanaque y nadie sabía por qué. Cuando llegó ese día de 1963, reunió a sus discípulos y se preparó para meditar. Pidió  un vaso de agua por última vez y dijo, “olvida y recuerda. Olvida que eres un swami y recuerda que eres el ser inmortal”. Cerró los ojos, meditó en la posición de Loto y dejó el cuerpo.

El lugar donde hoy está su cuerpo se construyó un templo dentro de la estructura del ashram. Cuenta Carlos que es un lugar con una energía muy especial y destaca de que a pesar de que en India se creman los cuerpos, no se hace lo mismo con los de los swamis y maestros porque sus tumbas son lugares sagrados y de peregrinación para los discípulos. Esta tradición de cremación radica en que la permanencia del cuerpo físico lentifica el desprendimiento del alma para continuar su camino de desarrollo.

Perspectivas

India es un país antagónico a lo conocido en Latinoamérica y al llegar allí, el viajero choca contra su propia construcción y hace consciente la cantidad de apegos que lleva consigo.

Dicen que dicen que en aquellas tierras la gente no sufre por no tener una heladera o un televisor, porque nunca lo tuvieron; y que ellos encuentran la felicidad en aspectos no vinculados con la posesión sino con otro tipo de realización. “Es un choque muy grande porque la civilización occidental toma como el fin de la vida el disfrutar tanto como se pueda de las cosas, las personas y los lugares. Allí la concepción es muy diferente y la perspectiva cambia radicalmente”, explicó Carlos. Para ejemplificar esta distancia comentó que en Occidente se dice "fui a la India” y que en Oriente dicen “la India vino a ti”.

El yoga es un camino de ida en el que se atraviesan postas que llevan a la transformación del sujeto. Poco a poco las estructuras se hacen más livianas, la digestión mejora y el flujo de energía se vuelve más intenso. El cuerpo y el espíritu se redescubren en un estado de serenidad que se hace cotidiano. Poco a poco la mente deja de concentrarse en el futuro o de anclarse en el pasado. Se echan raíces en el presente, en el aquí y ahora inamovible de la eternidad. Entonces, la esencia de su práctica renace en quienes la adoptan como parte de la vida y no como un ejercicio, sino como una filosofía de conducta espiritual.


Juliana Biurrun

viernes, 8 de mayo de 2015

81

Es el día de mi muerte. Ya lo sé. No tengo miedo. Confieso que siempre esperé este momento. No por angustia ni mucho menos, mi vida fue feliz. En un día del viaje rompí una estructura y me dejé llevar. En realidad siempre estuvo rota. En realidad nunca existió.

Tuve amor y corazones quebrados; familia, amigos, sueños, plantas, animales, belleza y placer sin forma. Tuve épocas en que no podía dejar de sentirlo latir entre mis piernas. No importaba el lugar la hora ni con quien estaba. Mientras hablaba me perdía en recuerdos apretados contra una pared por mi cadera estremecida.

Es el día de mi muerte. Ya lo sé. No tengo miedo. Confieso que siempre esperé este momento. No con angustia o algo parecido, sino con una convicción que saboreo deliciosa. Será la fe. También sé que no querré volver por un tiempo. Más tarde lo veré.

Los 81 años que hoy me llevan son apenas un instante en este viaje. Un viaje tan largo que el segundo de esta vida desapareció hace ya diez mil. Si fui mujer y parí entre leopardos. Si fui hombre y me morí de frío. Si sumo todas mis vidas, si las divido entre los cinco millones de historia que tiene la humanidad, ¿habré vivido sesenta mil vidas?

Mi pelo es blanco y no abunda. Perdí muchos dientes y mi piel es uva pasada. El gato creció como una pantera y el potus se enredó por toda la casa. Mis hijos tuvieron hijos y sus hijos hijos. Me siento brillar. Nunca imaginé que tantas generaciones emergerían de mi vientre.


Es el día de mi muerte y nadie todavía lo sabe. ¿Debería decirlo? Espero que recuerden celebrar mi partida con buen vino y rica música. Que nadie llore ni se amargue, que nadie me amarre a esta tierra con su pena; que ante el cuerpo muerto el alma vive, en cada historia que la noche le dio.



Juliana Biurrun

Al fuego eso

Desterrar el cemento de la piel. El dedal de los dedos. El trapo de los ojos. Los escarpines de los pies. Desterrar la negación al vacío. El instante de la duda. El Aquiles de seguridad. Desterrar la columna de la historia. Las letras escritas. El cuento de los diarios inventados. Desterrar la vida sin viajes. Los viajes sin historias. Las historias sin amor. Desterrar la cordialidad del protocolo. El desprecio por lo viejo. La empatía de mentira. Desterrar las manos que se aferran. Los domingos de ruido rancio. Las entrañas que se quiebran. Desterrar a los debería de la pena. Que la pena sea solo pena, en infinitivo sin potencial.


Desterrar a nosotros de nosotros mismos. Enterrar a nosotros en un rayo de trueno. En la llama de una vela. En una gota de lluvia. Sembrar a nosotros en la clorofila de un nogal. En la semilla de una manzana. En la rama de una vid. Fecundar en la pulpa de una uva, en un trago de vino. Nacer en el viaje por una lengua que más tarde va a hacer el amor.

Juliana Biurrun