miércoles, 18 de marzo de 2015

¿Quién dijo que los pollos no son interesantes?

“Dos kilos de ansiedad”, ópera prima de Silvana Feliziani.

“¡Me comí dos kilos de uñas esperándote, dos kilos de ansiedad!”. Es uno de los ejes de la historia que transcurre en un criadero de pollos y tiene como protagonista una dupla actoral con gran química física, estética e interpretativa. Se trata de Laura Sarmiento y Matías Palacio, quienes en la piel de Clara y Samuel, dan vida a la ópera  prima de la actriz y ahora dramaturga y directora, Silvana Feliziani.

Una historia de histeria, frustración, metamorfosis, simbiosis y con algún dejo esquizoide en su trama. Que transita el odio y resentimiento con una fuerte dicotomía entre el amor y el desamor, la ira y la pasión.

Su lectura puede simbolizar a un mal que aqueja a muchas parejas en los contextos más diversos: La falta de registro en las necesidades del otro y la no aceptación sobre la totalidad que es el otro. ¿Qué surgió primero, el huevo o la gallina?; ¿qué ocurrió antes, yo dejé de pensar en tu necesidad o vos dejaste de reparar en la mía?

Los momentos de la historia son claros y su ritmo fluye al tempo del drama y el humor alejado de la comedia. Su narrativa intensa genera impacto visual y emocional, en un camino que oscila entre climas de rechazo intelectual y piel extrema que emerge de dos cuerpos, dos almas, que se amaron con locura.

Como mensaje subliminal expone la importancia de la comprensión y flexibilidad para el desarrollo de vínculos sanos en los que predomine el consenso y no el temperamento de las partes. Por otro lado sugiere que de no hacerlo, la podredumbre podría instalarse en la pareja y llevar a la destrucción personal y compartida, producto de una simbiosis desplegada con los propios fantasmas.

Dos kilos de ansiedad muestra que el desequilibrio interno explota en una ola expansiva que atrapa todo a su alrededor y lo envuelva, en este marco, en una obsesión por darle utilidad a lo muerto. En consecuencia, los pollos simbolizan los lugares oscuros en los que se puede perder la mente.

La música clásica dramática y pasional que acompaña la pieza, amalgama la energía del guión y su propuesta escénica e interpretativa. De esta manera, se abre el juego a la sorpresa y a un fluido caudal de sensaciones que se despiertan en el espectador.

Es una obra rica en su totalidad por lo audaz de su manifiesto y el acierto de su puesta en conjunto, con un evidente trabajo profundo de investigación y producción teatral que se manifiesta en el claro acierto de las partes que la componen y que a la vez, exponen el talento de quienes la llevaron a cabo.

Dos corazones, una metáfora, un amor quebrado, ¿una historia resuelta? “Una poesía que se escapó del papel para hacerse humana”, Federico García Lorca. 


FICHA TÉCNICA
Actúan: Laura Sarmiento y Matías Palacio.
Vestuario: Yazmín Mer.
Escenografía: Ricardo Bruce.
Gráfica: Pablo Gauthier.
Dramaturgia y dirección: Silvana Feliziani.
FX: Andrea Jara.
Contacto de prensa: 0299 155765040.


Juliana D. Biurrún.
Fotos Andrea Jara y gentileza.

jueves, 12 de marzo de 2015

Y entonces recordé (parte II)

Que el orgullo lastima.
Que el ego aleja.
Que la impulsividad es paradójica: Es honesta pero también nociva. Es emocional pero opaca la inteligencia.
Que en el afán de hacer las cosas bien, se pueden hacer muy mal.
Que pagar con la misma moneda duele más que cobrarla.
Que aunque recuerdes el camino, hay lugares de donde no se vuelve.
Que las palabras son como espadas: Cortan lazos y agujerean el corazón.
Que la emoción manifiesta en el cuerpo es más fuerte que la razón.
Que la seguridad es firme hasta que te doblan la rodilla desde atrás.
Que comprendo las relaciones libres solo en el verbo.
Que salir volando siempre queremos hacerlo todos.
Que tengo que cortar con mis hábitos nocturnos.
Que a veces soy débil.
Que a veces necesito que me abracen fuerte.
Que el corazón me late rápido.
Que mis pensamientos son más veloces que mis pies.
Que soy más de lo que las palabras dicen.
Que no me detengo donde no me quieren.
Que la empatía es el arte de unos pocos.
Que potenciar las nimiedades es una cualidad de muchos.
Que el eje fuera de control es vulnerable y peligroso.
Que lo óptimo de la sinceridad es finito y contradictorio.
Que querer con honestidad no garantiza la victoria.
Que el que no abandona no siempre tiene premio.
Que agradezco a la gente fea cuando me recuerda lo fea que puede la gente ser.
Que un papelón lo puede vivir cualquiera.
Que juzgar por un bochorno es de corta visión. 
Que justificar la distancia en el ridículo es un acto de cobardía.
Que los mensajes ambiguos solo destruyen.
Que los vínculos no se alimentan por las redes.
Que toda acción tiene consecuencias.
Que la vida es una sucesión de elecciones. 
Que quien quiere lo demuestra.
Que quien no quiere también.
Que la única verdad es la que se escucha en el silencio.
Que el amor falso corroe la psiquis.
Que lo que crece rápido si alguna vez cae, lo hace con más fuerza.
Que al final solo se sostiene el propio círculo.
Que el caos enferma y el equilibrio sana.
Que la bondad espera y perdona.
Que quien no perdona nunca quiso.
Que los puentes colgantes solo subsisten en Babilonia.
Que los opuestos no se atraen, más bien se repelen.
Que lo exótico también intoxica.
Que por ahí ya estuve, ¿quién no?
Y que de ahí ya me fui.

Juliana


Y entonces recordé (parte I)

Que sin egoísmo lo único que importa es lo que se tiene dentro. 
Que no me interesan las formas ni los estatus.
Que mi intuición es una de las armas más poderosas que tengo.
Que aunque parece que todo se me escapa, en realidad todo lo percibo.
Que mi cuerpo es fuerte y resistente. 
Que estoy bendecida por demás. 
Que creo en los talismanes mágicos y no me importa que se sonrían de mí.
Que tengo amigos de diamante.
Que mi familia no es cosa típica pero que me dio las bases más fuertes de flexibilidad. 
Que quiero formar una gran familia y cuando tenga un hijo tendré dos y tres o cuatro.
Que todavía es pronto para eso.
Que me voy a casar de violeta o naranja, tal vez de azul o amarillo. 
Que aprendí a aceptar a la gente como es, porque en la aceptación está lo grande.
Que vivo en un proceso permanente de despojo.
Que mi alma es exploradora.
Que mi espíritu es aventurero.
Que la tierra es lo que me falta.
Que el aire es lo que me sobra.
Que miedo es lo que no tengo.
Que el movimiento es lo que me aviva.
Que no me excitan las etiquetas.
Que mi gato comparte cualidades de perro, aunque el fundamentalismo gatuno me linche.
Que no gusta comer animales.
Que amo a los animales.
Que el vegetarianismo no es una moda y tampoco un estilo de vida. Es en lo profundo un estado espiritual. 
Que no me gusta la gente linda, sino la gente bella que no es lo mismo.
Que disfruto de la diversidad y me redescubro en cada contexto.
Que nunca me quedan a punto las verduras.
Que soy impuntual pero dejaré de serlo.
Que detesto el cigarrillo.
Que extraño a mi mamá.
Que no me gusta el pescado pero comparto el sushi.
Que siempre van a encontrar en mí una compañera de cerveza.
Que me contenta hacer reír.
Que soy un instrumento de mensaje.
Que soy nocturna y noctámbula.
Que alucino con la luna.
Que creo que el aire es el elemento más influyente.
Que imagino y escribo muchísimas cosas cuando estoy sola.
Que si alguien revisara mi computadora clavaría un puñal en mi intimidad.
Que puedo dormir muy pocas horas por día.
Que siempre puedo seguir despierta, pero que comprendí que es en vano no dormir. 
Que redescubrí la fe.
Que creo en los ángeles, en los maestros, en lo etéreo y lo sutil. 
Que siento que “solo el amor salvará al mundo”.
Que la religión nada tiene que ver con las religiones.
Que la felicidad de mi gente me hace feliz. 
Que la bondad se derrama y la maldad también, porque en el fondo es una cuestión de equilibrio.
Que extraño el río cuando no lo visito.
Que tengo tantas pasiones como Julianas conviven en mí.
Que cuando el exceso de energía se me escapa por los pies necesito apretar fuerte, estirar las piernas, refrescarme en un movimiento espasmódico.
Que puedo pasar muchas horas en silencio.
Que me siento una gran mujer.
Que adoro el agua helada en mis piernas.
Que disfruto explorar los límites de mi cuerpo.
Que hay días en que me angustio sin saber por qué. 
Que me conmuevo fácil.
Que me río con locura.
Que me emborracho rápido pero aprendí a controlarlo.
Que me fascina la fantasía.
Que lloro con películas de amor.
Que me da vergüenza que me vean llorar por eso muchas veces me trago los nudos.
Que los últimos dos años lloré como nunca en toda mi vida.
Que en los últimos tres años aprendí lo más importante de la vida.
Que quiero dar la vuelta al mundo en un globo rojo.
Que quiero explorar culturas contando historias y sacando fotos.
Que quiero ir a Grecia y hacer un safari por Sudáfrica.
Que algún día voy a ser actriz.
Que soy una soñadora. 
Que no me gusta cuando la gente no sueña.
Que no me gusta cuando la gente reniega de la gente.
Que no me gusta que hablen de mí con mal sentimiento.
Que quiero mejorar y hago lo mejor que puedo en el momento en que puedo.
Que aprendí a no juzgarme ni juzgar.
Que me voy a morir vieja porque tengo muchas cosas que hacer acá.
Que cuando me muera quiero que se celebre que me fui mejor de lo que vine.
Que necesito estar más atenta.
Que soy una buena conductora aunque digan lo contrario.
Que estoy aprendiendo a manejar más lento.
Que me tropiezo con frecuencia. 
Que me aburre el pelo ordenado.
Que no me acompleja la edad.
Que no me acomplejan en demasía mis defectos.
Que me cuesta organizar mi dinero.
Que si no puedo disfrutarlo para qué lo quiero.
Que no guardo resentimientos.
Que de compartir se trata.
Que nada te ata y nada te mata.


Con amor
Juli.