viernes, 20 de noviembre de 2015

Entrevista a Swami Satyananda Saraswati: La energía de la mente sutil

(Parte I)

Los sabios mágicos de los que hablan los libros existen en la vida real, si acaso esta existencia pudiera considerarse como tal.

Días atrás estuvo en Neuquén en el marco de una gira por Latinoamérica, Swami Satyananda Saraswati. Él es un sannyasin oriundo de Barcelona, España, que a los 15 años sintió un llamado espiritual muy fuerte que lo llevó a recorrer Europa por lugares en los que no encontró respuesta a las profundidades de su alma. En consecuencia, a los 20 se instaló en India – donde llegó tras un viaje de tres meses por tierra- y vivió allí durante casi 30 años. Hoy tiene 60 y desde los primeros momentos sintió que aquel había sido siempre su hogar.

Tras una intensa búsqueda de un maestro que lo guiara en su camino de interiorización que se desarrollaba exorbitantemente, conoció a Swami Mutkananda y a los pocos años tomó los votos de renunciante para dedicar su vida a la meditación, el estudio y la contemplación. “Nunca me arrepentí de lo hecho porque este camino siempre fue de una gran dicha y plenitud”, comentó swamiji con una ternura magnética en su voz.

Durante los últimos cinco años viajó periódicamente de India a España y con el tiempo terminó por quedarse en Cataluña. Lo hizo sin un motivo principal que lo impulsara, más que el fluir natural de los procesos devenido en el dharma del estudiante consumado que continúa con la enseñanza de su linaje de maestros.

Durante su estadía en Neuquén swamiji dictó conferencias y seminarios que estuvieron organizados y coordinados desde el Centro de Yoga Sadhana. Quienes lo conocimos no salimos iguales de esos encuentros. Sucede que su emanación energética es tan amorosa y profunda, que difícilmente podría explicarse con palabras lo que se siente cuando acarician tu cuerpo sutil.

El objetivo de esta entrevista narrativa es acercar las palabras de swamiji a temáticas que van de lo social y vincular a lo espiritual.

                                                           
El arte de disolver las contradicciones

La injusticia y sufrimiento entre las personas, dentro de uno mismo y en el mundo está dada por la falta de equilibrio. En este juego, las formas, egos y apegos llevan a los sujetos “hacia afuera” del autoconocimiento y desregularizan su balanza. El desafío en esta dicotomía es hallar el punto medio para vivir armónicamente la danza de la realidad. Y aquí aparece el Yoga que, lejos de ser una práctica física –esta es sólo una parte- es una filosofía y modo de vida capaz de imantar a las almas que anhelan (aunque no lo sepan) recordar y religarse con su esencia.

Entonces, ¿cómo detener la mente rumeante? ¿Cómo disolver internamente la inestable contradicción para lograr el equilibrio? Swami Satyananda Saraswati, amorosamente explicó: “Cuando nuestra mente está en armonía el mundo es más armónico porque el mundo es en gran parte una proyección de nuestra mente. En la medida que se apagan un poco los pensamientos y los observo y me siento con esa conciencia diferente al pensamiento, tengo un estado de más paz y libertad. En la  medida en que me ato al pensamiento y me uno con él, estoy más lineal”.

Poco a poco la mente se vuelve más liviana, su discernimiento se fortalece y las percepciones se sensibilizan. Esto sucede producto de un proceso de purificación del sujeto y, en otras palabras, la práctica del yoga produce apertura. “Genera más sinceridad, compasión, compañerismo. Cuando dices algo ves si a alguien le puede doler; te hace un ser más afín. Hay una intuición que se va despertando. La mente deja de ser tan densa y se hace sutil y capta mucha información. A medida que el interior se hace más sensible, también se hace más fuerte”, detalló swami.


Energía cósmica y meditación

La meditación es el medio y en ella la preservación de la energía sexual un componente fundamental en cualquier camino que se profese profundo. De esto se trata el llamado Brahmacharya, una de las aristas que conforman al universo del yoga.

“Una de las pautas que da Patanjali (filósofo conocido como el psicólogo del Yoga), es que en un proceso intenso de meditación, de ir hacia adentro, es indisociable el tener conciencia del poder de shakti, de energía que hay en los fluidos del hombre y la mujer. Yóguicamente se considera que si estos fluidos no se malgastan y se van guardando, regeneran el propio cuerpo físico y dan una gran vitalidad, un intelecto muy agudo, un poder mental que tiene más facilidad para aquietarse. Entonces en ciertos estadios de meditación, si uno toma conciencia de esa energía y no la usa, el poder energético que conlleva es importante”, enseñó swamiji y aclaró: “Esto no significa represión ni tener que luchar con ello, sino que el mismo camino de meditación te puede llevar a estadios en los que estés más sensibilizado experimentando estados de plenitud interna y como consecuencia no seas dependiente de experiencias externas y el deseo sea menor. Se trata de cuidar amorosamente esta energía, ser conscientes de cómo se utiliza y que funcione de soporte”.

El Tantra es una práctica/vocablo vinculado directamente con el sexo en el imaginario conceptual occidental pero, lejos de este reduccionismo, Satyananda explicó que se trata de un método, un camino. “Es una concepción de que el cosmos es una energía, una shakti. Así como en la filosofía del Vedanta (textos sagrados hindú) contemplamos que la multiplicidad, la dualidad, nombres y formas son una maya (ilusión), lo trascendente en el Tantra radica en concebir que todo es una expresión del cosmos, de esta energía. Entonces el universo es poder, yo bailo con este universo, voy conociendo su poder y lo integro en mí, porque el poder del universo es mi propio poder. En este observar en el que todo va divinizándose, la mujer ya no es una ‘mujer’ sino es una Devi, la madre. A medida que tú te vas divinizando, que te vas considerando como energía cósmica empiezas a percibir la divinidad en todo, la divinidad en ti. Tantra es entrar en este estado. Está relacionado con el despertar de la energía interior, del kundalini; con mantras, rituales, iniciación”, reveló.

Para finalizar el tema swamiji mencionó: “A pesar de que hay escuelas que utilizan la sexualidad en el Tantra en contextos determinados, no se trata netamente de lo sexual, sino que lo hacen dentro de una correcta y gran disciplina. Los cursos de amor tántrico son puro comercio”.


Hinduismo y Género

Desde esta arista se desprenden consideraciones sobre la cuestión de género en el hinduismo, donde ninguna escritura sagrada condena la homosexualidad y en textos como el kama-sutra, la misma está contemplada. Por otro lado, las divinidades y sus consortes son únicamente manifestadas desde la perspectiva femenino – masculino. Esto despertó la interrogante sobre cómo es interpretado la “tercera sexualidad” en esta filosofía. Al respecto swamiji explicó que la consideración femenino – masculina de la cosmovisión hindú es simbólica porque representa a las dos energías complementarias que hacen a la armonía del universo. En este marco recordó que desde la perspectiva de Advaytavidya (conocimiento de la no dualidad) todo es uno y en consecuencia esa distinción desaparece. “En el hinduismo está presente este tercer género pero no se le hizo propaganda ni se intentó desestimarlo o hacerlo desaparecer sino que por el contrario, se lo respeta. La cuestión es el equilibrio, no la sobrepropaganda o el elevar una condición por sobre la otra”, explicó.

Como desprendimiento surge la indagación sobre el papel de la mujer en la filosofía hindú, sobre la que Satyananda destacó que hay una exaltación de ella como madre y procreadora, una intensificación de la divinidad y a la vez que aclaró: “Otra cosa es la mujer en la India actual que pasó por mil años de Islam y toda la influencia de la moral inglesa victoriana”.

Centro de Yoga Sadhana de Neuquén
“La mujer está exaltada como mujer sin necesidad de retomar roles masculinos, sin querer igualar. En esto no hay una cuestión igual porque esta diferenciación que tenemos, de mente y de emociones, tiene que ver con la plena aceptación de estas potencialidades. Por eso el hombre se siente completo con la mujer y viceversa, se complementan. Se trata de reconocer esta diferencia y del poder allí”, completó.


Neoadvayta y Nueva Era

En el cotidiano colectivo se observan abundantes manifestaciones sobre la llamada Nueva Era y el salto cuántico que atraviesa la humanidad como consecuencia del despertar de la conciencia. En este marco surge una corriente llamada “Neoadvayta”, en la que personas que han leído y compartido con maestros espirituales, se desprenden en su práctica de la tradición hindú y se desligan de la comprensión y estudio de los Vedas como literatura sagrada y fin del conocimiento (uno de las características del hinduismo es reconocerlos como fuente primordial del saber).

Al respecto swamiji explicó que en esta corriente se niega el proceso propio del camino espiritual representado por los yamas y niyamas (preceptos morales del yoga propuestos por Patanjali) y que sus practicantes se manifiestan directamente en el final de la práctica: “Desde la perspectiva de este movimiento no hay necesidad de maestro. Se niega cualquier proceso porque se dicen que ya son Brahman, lo cual es cierto, pero se convierte en un conocimiento sin base porque no cuenta con su proceso inherente de camino”.


De ciencias y religiones

Los extremos de tanto alejarse terminan por tocarse. Algo similar ocurrió durante los ‘70, cuando se produjo un acercamiento entre el mundo filosófico espiritual de oriente y la ciencia de occidente. Una de las claves en este proceso fue la publicación del libro El Tao de la Física (1975) hecha por el físico cuántico de la Universidad de Viena, Fritjof Capra.

“Un día él estaba tumbado en la playa y sintió que era todo una unidad, el aire, el agua, su sonido. Entonces comenzó a leer los Upanishads (parte final de los vedas, escritura sagrada hindú) y el Tao Te King desde una búsqueda de lo interno. Se dio cuenta de que las expresiones de los textos místicos se podían expresar en la cuántica en el final de la palabra, en esta unicidad”, comentó swamiji sobre la epifanía que guió a Capra en su investigación.

Junto a Carlos Chiarotto y Laura Marcela Sosa
Centro de Yoga Sadhana de Neuquén
“La ciencia busca afuera, quiere una comprobación, mientras que el místico, el yogui, busca adentro y va más allá de la mente. Entonces estos estados a los que llega nunca serán comprobados físicamente y siempre habrá una diferencia con la experiencia fina porque es directa no comprobable desde el afuera”, distinguió Satyananda. Y continuó: “La cuántica entra en parámetros en los que el lenguaje falla. En esto lo que las Upanishads dicen es que ‘este Atman es más pequeño que lo más pequeño, más grande que lo más grande, está más cerca que lo más cercano, más lejos que lo más lejano’. Está diciendo… no lo quieras comprender con la mente racional porque es temporal y esto es atemporal”.

Para finalizar, el sannyasin explicó sobre la duda de quien escribe respecto a un presunto intento de acercamiento entre cúpulas de religiones que coinciden como valor en que el fin de la experiencia espiritual es el mismo. Desmitificó esta idea como un proceso fijo y destacó la importancia del valor que vive en las diferencias.

“Los monoteísmos tienen cada uno su verdad y es buena la multiplicidad. Hay muchas cosas similares, el final de la experiencia, pero no todos quieren llegar al mismo final. Hay quienes no quieren la liberación sino que quieren llegar al cielo. Dentro del hinduismo hay quienes desean ir cerca de Krishna, los advaitas queremos ir más allá del nombre, de la forma. Se comparte el deseo de trascendencia pero esa trascendencia depende de cada perspectiva, cómo se proyecta la meta o hasta dónde. Hay intentos de acercamiento, esto puede darse cuando se suelta toda idea religiosa y se empieza otra idea más allá del nombre y de la forma. Pero, ¿quién quiere soltar sus nombres y sus formas? Uno nunca quiere soltar su creencia”.

Gracias por la dicha, gracias por la magia.
¡Jai Gurudev!

Juliana Dolores Biurrun

jueves, 12 de noviembre de 2015

Verduras Imaginarias y un nuevo Selectivo de Teatro

Comenzó un nuevo Selectivo Provincial de Teatro y con él se recuerda desde este blog a la obra Verduras Imaginarias (con dramaturgia de Martín Giner), ópera prima de la compañía de artistas El Sí de los Locos, que se consagró como ganadora de Neuquén en la edición 2013 y que representó a la región en la Fiesta Nacional 2014. Fue a los pocos meses de que sus protagonistas, Francisca Arriagada y Diego Saege, se recibieran de actores de la Escuela Superior de Bellas Artes.

Verduras Imaginarias
El oír su nombre bajo el triunfo fue una gratísima sorpresa, ya que por aquel entonces Verduras era una obra joven que apenas alcanzaba el número de presentaciones que se requerían en el selectivo para participar. Esto, desde la subjetividad de quien escribe, engrandece el mérito de su premio. “La función de estreno no pareció una primera función y fue como si vinieran presentándose desde hace tiempo”, comentó Pablo Frizan, un periodista y cinéfilo de la región amante del teatro.

Verduras es una obra fresca, equilibrada y con gracia. Apela al drama y la comedia como parte indisociable de una historia en la que una no existe sin la otra. Es cotidiana y existencial, identificable con situaciones diarias que a la vez, abren el juego a la inocencia de la fantasía e imaginación como las fuerzas más poderosas para concretar deseos; como verduras frescas que tienen la energía del sol.

Su desarrollo es orgánico, rítmico. Desde el inicio propone una imagen con la que cualquiera podría hermanarse al llegar a la casa al final del día; incluso encontrarse con el mismo grupo de fantasmas en el que la contradicción, la ignorancia de lo que sucede, los prototipos y los miedos alejan de lo real; es decir, del discernimiento necesario para la resolución de conflictos. Los prejuicios y la falta de, se suman a esta lista de condimentos que hacen a esta sopa de tomate apetecible en cualquier lugar.

La construcción de los personajes es integral y puntillosa. Los modismos y sus tics se perciben afinados con los temperamentos de Matilde y Carlos, la pareja que Francisca y Diego encarnan en un bellísimo trabajo actoral.

SOBRE EL SELECTIVO 2015

Diez obras participan de esta edición. En su grilla se encuentran trabajos de dramaturgias y direcciones regionales y ajenas a la provincia, unipersonales, teatro para niños y danza teatro.  Aquí algunos breves comentarios: 

La edad de la ciruela es una obra integralmente hermosa en su estética, su música, los vestuarios, el texto, las actuaciones, el montaje y la armonía que fluye sin corte, como aceite que se trasvasa de un cuenco a otro.

La edad de la ciruela
Dos kilos de ansiedad es intensa, dramática y absolutamente metafórica. Coloca al espectador en un lugar de incertidumbre en el que los silencios y la poética de su historia llevan a una indefinida variedad de interpretaciones.

En tránsito es una obra sensible, humanística y de identificación directa con un sector social históricamente sometido a la injusticia de la discriminación. Transforma el fantasma de las identidades diversas y lo resignifica en el coraje de la dignidad por lo auténtico.

Rotos de amor desmitifica al hombre “macho” que no llora ni sufre y lo coloca en un lugar natural de vulnerabilidad al que lleva el desamor cuando destruye la autoestima. Un proceso de camaradería, amistad y reconstrucción en los que la música y el humor sustentan la historia.

Boscoso es una obra de danza teatro en la que la búsqueda del desprendimiento en el lenguaje de lo abstracto se alimenta con la voz del cuerpo y las miradas. Una construcción desde el salir de un espacio seguro hasta alcanzar aquello que se sabe y no se ve.

El fuego frío es un unipersonal donde el  desmenuzamiento de lo existencial a través de la concepción de la luz como elemento material roza, en una lectura muy fina, conceptos filosóficos sobre el origen del Ser y la eternidad que trasciende la vida.

Tropel, Chau señor Miedo, En camino y De profesión maternal, son las obras que completan la grilla 2015, pero al día de la fecha quien escribe no asistió a sus presentaciones y de ahí la falta de su comentario.

¡Los mayores éxitos para todos los participantes!  

Juliana Biurrun

miércoles, 21 de octubre de 2015

Tradición viva en lenguaje coloquial

Comentarios sobre el libro El Hinduismo de Swami Satyananda Saraswati 
Editorial Fragmenta

El Hinduismo es una tradición inmensa y compleja, cargada de magia y metafísica, misticismo, poesía y metáfora; sumamente bella en su representación literaria y simbólica. Con postulados filosóficos irrefutables intelectualmente, ahonda en el fin del conocimiento alcanzable e incomprensible para la mente humana porque, precisamente, su raíz viene de espacios que no utilizan el lenguaje de los sentidos.

El linaje filosófico que transmite Swami Satyananda Saraswati en el cumplimiento del dharma de todo estudiante consumado –continuar con la enseñanza- es el Advaitavidya, concepto que expone la no dualidad y la unicidad entre el alma individual y la divinidad. Dicho de otra manera, la expresión termina por manifestar que no importa cual sea el modo ritual ni las representaciones con las que cada uno se identifique sino que, sea por el camino que sea, se llegará al mismo lugar.

Éstas no son meras palabras de fe, sino que constituyen una premisa científica que reúne técnicas, modos y caminos de vida que al seguirlos, conducirán a una experiencia sensorial elevada y verdadera, alejada de la ilusión que emerge desde las formas.

Esto que parecería irreductible a conjuntos de oraciones es sintetizado dichosamente en la obra. La sencillez de su título es un indicio de lo clara y concisa que es la publicación y se traduce en el éxito de brindarle al lector un resumen certero de la tradición espiritual viva más antigua del mundo.

Durante siglos fueron publicados cientos de libros sobre el tema, pero siempre es novedad -y un evento a celebrar- una tirada de esta índole en castellano, porque el hinduismo trasciende a las creencias y se convierte en una búsqueda, o mejor dicho, en un resultado.

El libro que Swami nos da tiene desde lo literario dos grandes virtudes. Por un lado, el acercamiento de una tradición que dista de nosotros en tiempo y espacio y lo hace actual a nuestra contemporaneidad. Por el otro, las citas que utiliza para explicar lo que cuenta son traducciones hechas por él de libros sagrados védicos en idioma sánscrito. En esto refulge su mérito de hacerlo con un lenguaje coloquial de escritura simple y lectura dinámica, accesible a cualquier lector occidental independientemente de su conocimiento sobre filosofía hindú. Humilde y penetrante, es un texto donde las palabras aproximan gradualmente al lector a una tradición hermosa y compleja.

El Hinduismo no es un mero libro académico pero tampoco un anecdotario. Es una estructura entrecruzada de vivencias e intelectualidad en el que la experiencia de Swami, da vida a su contenido y a la vez mantiene su rigor académico. En este marco y bajo su linaje, la publicación emana un homenaje a Saraswati, la Diosa del Conocimiento y la Sabiduría, compactado en la forma de una guía sencilla de 168 páginas.

Además de todo esto, en lo que se refiere estrictamente a su escritura, el texto trata sobre la esencia del hinduismo, sus sistemas filosóficos, sus hermosísimos rituales, los caminos y sus formas de adoración, los conceptos fundamentales, su orden social y religioso, la práctica en la actualidad y su concepción de la vida y el universo. 

En la India son diversos los caminos y la meta es la misma. Hay un modo para cada conformación emocional intelectual, para cada ser humano y cada forma de ser. Bajo este objetivo, Swami con su pluma dirige al lector -nos dirige- hacia el espacio único que late dentro de cada uno y que está más allá del tiempo. Ese fuego es reavivado con el correr de las páginas, esta es la gracia del guru.

Juliana Dolores Biurrun 

viernes, 2 de octubre de 2015

La Gracia y esas cosas que no son del cuerpo

“Perdonarlo a usted me acerca más a Dios”.
Comentarios sobre la obra de teatro La Gracia de Lautaro Vilo

¿Qué variable podría acercarnos al sentimiento sublime y trascendental que tuviera el poder de derribar toda incoherencia y elevar, sencillamente elevar el alma a un estado de regocijo? La gracia, la dicha, la plenitud, estadios que en su absoluto no podrían describirse con palabras porque responden a esferas que no son del cuerpo.  


La obra La Gracia fue escrita por el neuquino Lautaro Vilo – que según cuentan cosecha fuertes elogios en Buenos Aires por sus cualidades como dramaturgo - y protagonizada en la región de manera unitaria por la fantástica actriz Marcela Cánepa. 

La historia de este drama cuenta la vida de una mujer que intentó suicidarse y fue salvada -y a la vez violada- por un hombre a quien decide perdonar. Con ese objetivo, lo visita en la clínica donde yace con el 70 por ciento de su cuerpo quemado tras recibir el impacto de un motín carcelario al cumplir condena por su delito sexual.

En el escenario una silla como única herramienta de montaje acompaña a Cánepa, quien durante casi una hora de admirable monólogo entre personajes invisibles, lleva al público por una encrucijada de sentires en los que el impacto emocional se vuelve inevitable.

La relativización del conflicto que rige la trama coloca al público en una pared contra sus prejuicios y lo lleva, quizás, a la reformulación de los nortes que orientan sus valores. Sucede que el corazón del teatro late en la transformación del espectador y en lograr que salga de la sala en un estado emocional diferente al que entró. Y esto -sin dudas- ocurre con La Gracia.  

Al finalizar la función en Espacio Pueblarte (Cipolletti-Río Negro) a la que asistió quien escribe, se apagaron las luces y un silencio casi absoluto se extendió durante veinte segundos, sin exagerar. Ese silencio fue sinónimo de impacto -las mentes allí dentro recalculaban sobre lo que acababan de vivir- hasta que llegó el aplauso extendido, lleno de asombro. Los ojos de la actriz sola en el escenario brillaron fuertes y las miradas del público también.

La Gracia es una de esas obras hermosas que de vez en cuando aparecen. Actualmente no está en cartelera por la región porque está preparando las valijas para presentarse en el ciclo de Teatro Latinoamericano el jueves 29 de octubre en Casa del Migrante de la ciudad de Ámsterdam. Sí, en Holanda. Pero más pronto que tarde volverá a la región. Cuando eso suceda y la crucen por ahí, no dejen de pasar a visitarla.  


Metatexto desde la platea

En ésta obra Lautaro Vilo da claramente prioridad a la vida y a la libertad devenida del perdón. Manifiesta una fuerte crítica al procedimiento carcelario y legislativo; al sistema de valores y la propiedad privada del cuerpo; a los límites de los delitos de orden social y sus penas. “Si mi cuerpo es mío y yo decido sobre él, ¿por qué usted tendría que intervenir sobre lo que ocurre entre mis piernas?”.

Las transformaciones son semillas de potencialidad que reposan en los corazones. Todos están preparados para ellas y solo basta de un hecho iluminador que las respalde. “¿Qué harías vos frente a la decisión más importante de tu vida?”

Sucede que cuando uno se desconecta de sí mismo se llena de formas, ruido y polvo que lo atan al movimiento de la mente. Esas fluctuaciones llenan al sujeto de vacíos por la energía disipada hacia cosas que realmente no importan. ¿Acaso la vida no es ficción y en realidad nada de esto existe? Lo importante no se ve con los ojos de la cara. 

Cuando la mente calla emerge la emancipación de los mandatos, de las esperas y los apegos; fluye la pureza y el perdón; surge el verdadero Ser que se escapa de la cárcel que encierra al alma en las temperaturas de la carne. Este perdón es la libertad para con el otro y consigo mismo; y la gracia es redescubrir la dicha que se sintetiza entre los dos.

Bienaventurados quienes crucen las cordilleras de su limitación y se enfunden en el espíritu del despojo. Ellos transformarán la vida por despertar y alumbrarán el camino con los ojos del alma.
  
Juliana Dolores Biurrun

jueves, 1 de octubre de 2015

Hiperrrealismo

Era viernes, ya sábado. La mala sensación de ver una obra de teatro fea había sido opacada por las bondades del ajo y la bebida artesanal. Estaban en el auto y sonaba una canción que se escuchaba mal por el parlante maltrecho. El humo que expulsaban sus pulmones formaba un submarino insoportable que apenas las dejaba respirar. Entre el vapor y el encierro, la espesura del suspiro colocó a sus cerebros en una hilera de incoherencias que terminó en un juego de golpes al cuerpo sutil.

- Eran días difíciles. Extrañar ya dolía en el cuerpo y hasta le daba migraña. Cada noche, su garganta desarrollaba nudos y tragaba llantos de silencio cuando sus pies fríos se escondían en la sábana -.

Del diálogo dramatizado por la imaginación emergió un potencial de futuro posible, valga la redundancia. Él mañana moriría y ella nunca más la vería en esta vida. Instantáneamente una succión al vacío, un hueco helado le atravesó el pecho y dejó como ceniza de gelatina su corazón. De solo pensar que pudiera ocurrir, la representación mental transformó a su cuerpo en un trozo de carne electrificada que pulverizó sus dientes. ¿Cuándo habían crecido tantos dientes en sus encías?

La piel se le llenó de latigazos. No volvería a sentir sus besos ni el ancho de su espalda entre los brazos. Ni su forma en su forma, el sabor del calor en su boca. Nunca más olería su aliento ni lo escucharía preguntarle en la cama, al despertar, qué hacía una chica tan linda con un negro tan feo. Nunca más se reiría al responderle que era un tonto por decir así.

Despiadado sería el mundo que la alejara de su existencia. Ese mundo sabe que no podría respirar en el vacío de su voz.

- ¿Darías tu vida por mí?
- Sí.
- …………………………………. Yo también. Y nos encontraríamos en un rato, lo que tarde en morir desde tu ausencia.  

Juliana Biurrun

viernes, 18 de septiembre de 2015

De vientos y buñuelos

Una experiencia surreal

El texto de Arístides Vargas, “Donde el viento hace Buñuelos”, es llevado al teatro regional por los rostros de Amalia Arias y Adriana Iglesias. La obra cuenta la historia de Miranda y Catalina, dos amigas que comparten un pasado de ideas, lucha y que se encuentran a través del tiempo en un espacio intermedio que flota en el surrealismo de dimensiones atemporales.

Catalina está enferma y camina por las laderas de la muerte. Su nariz sangra permanentemente y una tos seca le lima la garganta. Miranda la acompaña en el proceso con sus ojos grandes y superabiertos, atormentados y brillantes; con la marca de ángulos profundos en su rostro y el peso de angustias subterráneas. Miranda jamás dejaría sola a Catalina, o Catalina jamás dejaría sola a Miranda. ¿Acaso algo resultaría predecible cuando el viento, el mismísimo Dios Aire, es el protagonista subliminal de una historia que entrelaza todo lo disponible a su alcance en el instante único del hecho teatral?

Los buñuelos encierran una trama fuerte y movilizadora que conecta con las emociones más bajas de los sujetos quienes, como su palabra lo dice, viven sujetos a normas, mandatos y estructuras que con el tiempo se vuelven enfermedad y densidad energética. En esta línea la obra evoca en su argumento a fantasmas que podrían ser fácilmente identificables con temores del imaginario colectivo que durante la función flotan sutiles en la platea.

Por otro lado, la fricción y la ruptura de las historias entrecruzadas de Miranda y Catalina, generan un armónico desequilibrio que mantienen al espectador en un estado de alerta permanente, atento al ritmo y a la expectativa de su latido, a la canción que suena en el corazón de la ficción.

Esta forma de drama y tragedia mechada con raptos de humor, toma elementos claves de la dramaturgia posmoderna en la utilización de herramientas propias de lo audiovisual para su puesta. Este entrelazamiento de disciplinas genera una deliciosa tensión que hace lucir entero al equipo de producción. Iluminación, vestuarios, proyecciones, escenografía, dirección, todas las piezas unidas armónicamente en un rompecabezas de calamidades, vientos y buñuelos.         

La narrativa de Vargas propone a la vez una relación de espejos cual Macondo Marqueciano, que redobla la apuesta de su carga y refuerza el vínculo entre sus personajes, en quienes no importa cuál sea la forma que les toque, la verdad última las encontrará en la misma encrucijada emocional.

En este proceso, la ruptura y la fricción parecieran por momentos hacer imposible la tarea de asimilar sus crueles y absurdos destinos de soledad. Esto lleva al desarrollo de un surrealismo mágico en el que lo cotidiano se vuelve extraordinario. De esta manera, se apela a lo profundo de las vibraciones bajas con la creación de imágenes metafóricas que por momentos desatan la risa como un acto de catarsis en sentido liberador.

Estos buñuelos gozan de un alma etérea que se infla con aire y harina para perderse en lo amorfo de la experiencia sutil. Por eso, no esperes una historia lineal o un argumento predecible. Es que ya ves, nunca se sabe lo que el viento arrastrará consigo.

Juliana Biurrun       
Fotos: Bruno Mogni.

Ficha técnica:

Actúan: Adriana Iglesias - Amalia Arias
Dirección general: Luis Sarlinga
Asistencia de dirección: Sebastián Fanello
Operación técnica: Chana Fernández - Paula Boyé
Construcción escenográfica: Carlos Alfredo Manrique - Jorge Moya
Realización audiovisual: Sebastián Fanello - Algunas imágenes son cortesía de Javi Cente
En video: Pablo Donato - Daniel Cuevas
Vestuario: Yazmin Mer 

viernes, 4 de septiembre de 2015

De formas teatrales emergentes

Notas sobre dramaturgia posmoderna argentina

La forma teatral de la dramaturgia posmoderna argentina, expone una escritura que fusiona explícitamente la realidad con la ficción, donde la poesía se desdobla de la metáfora y se redefine existencial. Esa combinación cuestiona en cierto modo la ironía del escritor y el misterio de su inspiración: Si lo escrito es real, autobiográfico o puro cuento.

En este modo de construcción de la narrativa y sus protagonistas, la historia personal emerge explícitamente y se vuelve disparador de texto –porque es innecesariamente necesario aclarar que la escritura siempre está atravesada por la parcialidad y que el desapego no existe ni en el periodismo ni en la ficción-. En consecuencia, en función de esa trama identificada subjetiva, se desarrollan personajes edificados sobre la experiencia de quienes los interpretan.


Lo intempestivo de la sacudida a los sentidos rompe con los modos del teatro tradicional “esperado” y se reinventa en una actuación des-actuada y des-dramatizada; en la que el énfasis de la expresión se impulsa fundamentalmente por la exacerbación emocional del aquí y ahora, por sobre la interpretación intelectualizada y memorizada de un guión.

En este punto se restringe lo predecible desde la óptica del teatro costumbrista en función del nuevo teatro que revaloriza la disociación realidad-ficción y se resignifica en otra forma de vida. Como consecuencia, en este nuevo campo- en esta nueva tierra por la que se desplaza- cambia el uso del espacio y las tablas dejan de limitarse a la jerarquía del escenario o el anfiteatro, para ampliar e incluir la posibilidad de la intervención -a veces inesperada- hacia la vida cotidiana, a la mismísima vida en modo peatón.

Como parte de sus nuevas formas puede mencionarse el proyecto “Ciudades Paralelas” curado por Lola Arias y Stefan Kaeg, en el que el hecho artístico se expande a los espacios públicos y los resignifica en el entrecruzamiento de disciplinas artísticas. De esta manera el teatro Es en la vereda y deja de ser exclusivo de actores porque ahora es también de gente común, en el más respetuoso sentido de la palabra.

Así, las calles se vuelven gran obra, una jalea dinámica, mutable y en constante transformación, con actores des-actuados que miran y se buscan; que explotan y se angustian; que se redescubren, imaginan, vuelan y se hunden. Seres actuantes siendo aquí y ahora, en el irrefutable momento del hecho teatral desjerarquizado.

Por otro lado en las salas de teatro se revaloriza el uso de espacios libres con escenografías centradas en elementos interdependientes más que en la construcción de contextos a modo de capullos. De esta manera el armado del espacio parece la manifestación de un sueño en el que las cápsulas del inconsciente emergen como latidos más no como grandes despliegues.

En esta reformulación el espectador acostumbrado al teatro tradicional podrá redescubrirse en una nueva perspectiva de interpretación e identificación, ya no dada por el absolutismo de la metáfora sino por el acercamiento con la realidad.


Juliana Dolores Biurrun

martes, 9 de junio de 2015

Epifanía de un quiebre

El cielo estaba húmedo y las cuatro AM pisaban el reloj. Una bruma de nube caía sobre el predio y la luna medio llena iluminaba las piedras mojadas. Como un lobo en el paisaje una revelación profunda se paró en frente y una revolución filosófica se instaló en mí. 

Fue un instante expansivo en el que comprendí que uno de los destinos de la humanidad es evolucionar hacia vínculos más profundos no mediados por la forma. Que el sentido del desarrollo de la conciencia radica en salir de la carne para sentir más allá del cuerpo y así honrar al alma que somos viviendo una experiencia terrenal. 

Cuando eso ocurre la epifanía refulge tan fuerte fuera de lo aprendido, que las perspectivas se reducen al sentir del cuerpo amorfo y sutil. Desde allí, las miradas no se manifiestan en las apatías ni los velos de limitación, sino que traspasan la costra para acariciar la sangre que corre por debajo.

Así, comprendí que al vincularse desde la no forma emerge una inspiración más profunda, límpida y de conexión auténtica con el propio ser; como si una parte dormida del alma se despertara y una faceta no experimentada del amor resurgiera para elevar la palpitación de su descubrimiento.

No somos hombres ni mujeres que amamos, eso no tiene que ver con el sexo ni los géneros, ni siquiera con la identidad. Somos seres que conectamos desde el cuerpo sutil y en consecuencia, no es una utopía que las paredes se caigan. Es, por uno u otro camino, el dharma del ser humano. 

Y este trascender no tiene que ver con la exacerbación de las condiciones, el banderismo ni las falsas presunciones de superioridad. El desvanecimiento de las estructuras tampoco se vincula con el libertinaje ni significa que a la ruptura le siga, por defecto, la relativización de códigos morales y de convivencia. 

El amor es alma y la epifanía resuena en el alma que contagia, en el alma que ama; en el alma que se trenza con el alma. Cuando se superen los obstáculos de la sordera y se iluminen las sombras; cuando las formas y preceptos de la carne se deshagan a la ilusión de su limitación, el sujeto terrenal estará más cerca de terminar con una de las causas de injusticia más profundas que sufre la humanidad. Que así sea.

Juliana Biurrun

viernes, 5 de junio de 2015

Repudio

El encierro de las columnas, los cuerpos, las ilusiones. 
El encierro de la culpa, el apego, el miedo. 
El encierro del amor guardado, el beso no dado, el cariño no correspondido. 
El encierro de la puteada no largada, la bronca no vomitada. 
El encierro que se hace grano podredumbre cuando no puede salir. 
El encierro de la soga atada en otra década y el ancla que no deja zarpar. 
El encierro del vuelo en pleno vuelo a diez mil kilómetros del suelo. 
El encierro del estómago en nudo y del nudo en la lengua muda inmunda. 
El encierro de los puños cerrados que no sueltan y no agarran. 
El encierro de los dedos que no acarician el pétalo por no sangrar.




lunes, 11 de mayo de 2015

Yoga para la realización del Ser

Entrevista al yogacharya de Sadhana Centro de Yoga, Carlos Chiarotto

Hace un tiempo una profesora me dijo que el yoga era un camino de ida. A la tercera clase me di cuenta de que era verdad.

Sucede que la vida cambia cualitativamente cuando se empieza con las prácticas de yoga. Lo hace en una progresión que va desde lo superficial y netamente físico a lo espiritual. Y cuando lo descubrís, cuando te pica, se te impregna para siempre.

La manifestación de los samskaras”, se le llama en la jerga a esta sensación. Se refiere a los gustos, las inclinaciones, preferencias y talentos. Es el conocimiento que vive dentro de cada uno. Todo lo sutil que viene con nosotros y nos hace ser quienes somos.

Algo parecido sintió a Carlos Chiarotto una tarde de 1988 mientras se dirigía a aceptar un trabajo como contador. Hacía poco se había recibido en la Universidad Nacional del Comahue y se había casado con Laura Marcela Sosa, también hacedora del yoga y egresada de la UNC como Profesora de Historia. Por aquel entonces, juntos estrenaban la paternidad de Laurita y hacía poco se habían casado.

Ellos empezaron con las prácticas mientras estaban en la facultad y cuando se recibieron las empezaron a dictar de manera independiente. En medio de ese camino Carlos recibió una propuesta laboral estable y acorde con lo que requeriría la nueva vida familiar: un buen sueldo, obra social y esas cosas que de golpe son tan necesarias cuando se tiene un hijo. Esto con el agregado de que eran épocas de crisis inflacionaria profunda en el país con un crecimiento de precios a razón del 200 por ciento mensual. 

Estaba en la disyuntiva de tomar el trabajo o continuar con el yoga. Decidí tomar el trabajo y bajé caminando por la Avenida Argentina”, recordó. En ese trayecto entró a la Catedral y se sentó en silencio. Dice que pocas veces escuchó algo en su vida, pero que eso todavía lo oye. Fue la voz de la conciencia. “¿Qué es lo que siempre estuviste buscando? ¿La esclavitud o la libertad?”, le dijo. Y fue suficiente.

Entonces el futuro cambió para siempre. Volvió a su casa, le dijo a Laura que no iba a aceptar el trabajo y ella apostó con él.

Decidimos ponerle toda la energía y fuerza. Empezamos juntos a dar clases en el centro de Yoga Sadhana y fue tanta la gente que vino a Alderete 97- antes totalmente diferente- que en junio alquilamos un lugar en la calle Buenos Aires. Ni bien nos trasladamos allí pasamos de tener 50 alumnos a más de 100, 120, un montón en esa época”, contó Carlos. “Todo el mundo estaba en contra de la decisión, nadie nos apoyaba. Pero ni bien empezamos, fue como una marea que nunca se detuvo. Siempre fue movimiento y crecimiento”, recordó.

Esto fue hace 30 años y actualmente tienen en su haber 20 mil clases de Yoga Tradicional impartidas en el Centro. Desde hace cuatro años se dictan allí cursos de formación, se hacen retiros y con frecuencia se realizan eventos con la visita de swamis. También hay conferencias gratuitas y Sat Sangs abiertos al público.

Cerca de los 90’, al tiempo de iniciar las tareas en el Centro, Carlos y Laura tuvieron acercamiento con gente de Swami Sivananda que promocionaba en Neuquén un curso de formación de profesores de yoga en Canadá con su discípulo directo Swami Vishnudevananda. Ese contacto fue el 20 de junio de 1989 y la capacitación empezaba el 2 de julio de ese año.
 
Faltaban exactamente doce días para el primer encuentro, Carlos tenía cien dólares en la billetera y muchísimas ganas de ir. El destino hizo lo suyo y el promotor de Sivananda le dijo, “tú te vienes conmigo a Canadá”. Entonces todo se dio de manera tan increíble, cuenta él, que en diez días estaba en el norte de América tomando su primer curso de formación con Swami Vishnudevananda.

En aquel momento él estaba muy bien físicamente y vivía en un ashram cerca de Montreal, próximo a la montaña y donde había gente de todos lados”, recordó.

La capacitación de la que participaban 150 practicantes de todo el mundo estaba dividida en cuatro grupos de acuerdo a los idiomas, con un responsable que traducía la palabra del maestro o daba charlas especiales para cada conjunto.

El día a día en el ashram era muy estricto y la rutina empezaba a las seis de la mañana con una meditación. A las ocho se hacía una práctica muy exigente de yoga hasta las diez, hora en que se tomaba un desayuno/almuerzo lactovegetariano. A las once se desarrollaba una hora de trabajo comunitario y a las doce había una charla sobre filosofía. A las 13 se podía descansar para recibir una charla principal a las 14. A las 16 comenzaban las enseñanzas sobre cómo los aprendices tenían que dar una clase de yoga. A las 18 se servía la cena, a las 20 había una nueva meditación y a las 22 llegaba la hora dormir. Así fueron todos los días durante cuatro semanas.

Fue muy lindo vivir todo esto con gente de todo el mundo. En esos espacios se crea un ambiente de comunidad muy favorable y se genera una experiencia maravillosa”, comentó Chiarotto.

Aquellos aprendices espirituales ahora son yoga acharayas que transmiten el yoga tradicional de manera exacta a como fue durante sus inicios. El nombre asignado por el gurú a Carlos fue “Narada Brahma”, apadrinamiento que significa gran “devoto del Señor de Narayana”, el aspecto preservador de lo Creado.

Nosotros podemos asegurar que el yoga que practicamos hoy es el mismo que enseñó a mediados del siglo XX Swami Sivananda en Rishikesh, India, en el ashram Vida Divina a orillas del río Ganges. Que a la vez responde a la enseñanza de los yoguis desde el comienzo mismo de los tiempos”, explicó Carlos. Y agregó que se trata de una sucesión ininterrumpida en la cual el discípulo cuando se convierta en maestro, transmitirá la enseñanza exactamente igual como la aprendió del suyo.

¿Qué beneficios tiene para la salud? Lo propuesto por Sivananda consta a grandes rasgos, de una estructura de doce asanas básicas enmarcadas en el Hata yoga, sumadas a pranayamas que son ejercicios de respiración. Esta disciplina es conocida como una síntesis que integra en su práctica al Karma, Bhakti, Raja y Gnana yoga.

Es una de las tradiciones más místicas y completas porque en el corazón de sus prácticas y preceptos, está la sabiduría del Vedanta, el Ayurveda, la filosofía yóguica y los textos antiguos de la India, entre otros cuerpos de conocimiento psicológico, medicinal y espiritual.

En este marco es importante destacar que Swami Sivananda fue un médico renunciante que se caracterizó por la búsqueda constante de la salud, al comprender que ella no tenía que ver sólo con el cuerpo sino que era el reflejo de un estado del alma. Por eso, lo propuesto por él además de apuntar a la realización espiritual en su aspecto de síntesis, garantiza la vitalidad y longevidad del individuo al producir el estiramiento de todos los músculos del cuerpo y el movimiento de los órganos internos.

El yoga en la sociedad

Hace veinte años predominaba la presencia femenina en la senda del yoga y en diversas ramas de disciplinas alternativas, si se quiere místicas también. Esto sucede porque, de alguna manera, la mujer es más intuitiva y propensa a la práctica espiritual que el hombre.


Dicha observación se reflejó en la historia del Centro y durante sus inicios, asistían a las clases el 80 por ciento de mujeres y el 20 por ciento de hombres con un promedio de edad entre 35 y 40 años. Con el correr de los años, las cifras variaron y aumentó el caudal de practicantes entre los 20 y 30 con su consecuente incremento de participación masculina.

Antes se veía gente más grande y también más mujeres practicando” aseguró Carlos. Según él, esto se da por una serie de factores entre los que se destacan actualmente, una mayor apertura a la práctica holística y a que en el Centro se plantea un modo de hacer yoga que no está exclusivamente relacionado solo con la salud del cuerpo, sino con la salud espiritual.

No enseñamos yoga  terapia para la curación, sino para la realización del ser, del alma”, enfatizó. “Tratamos de que la gente que viene a practicar, no solo se vaya un poco más o menos estirada, sino un poco más consciente de quien es con respecto a cómo llegó a la clase”, agregó.

Y como en esta senda todo es un proceso de maduración, las enseñanzas en el centro también lo hicieron. Por eso desde hace cuatro años se dictan allí cursos de formación de Instructores de Yoga y este año comenzó a dictarse el curso de formación de Profesores de Yoga con estudio de la filosofía Vedanta (filosofía que llega al fin del conocimiento, entendida como el conocimiento espiritual más elevado).

Los mismos son dictados por Chiarotto y plasman el resultado de muchos años de preparación.  Él cuenta que fue necesaria una introducción prolongada para que al final se acercaran quienes anhelaban conectarse con este conocimiento, aquellos que estaban en condiciones de comprender y aprender la profundidad del Vedanta.

Lo que yo vuelco en esto es filosofía de la India que no vi que se transmita en otro lugar de por aquí. Lo que enseño en el profesorado es producto de la maduración de muchos años de haberlo meditado y estudiado”, aseguró.

Yoga en embarazadas

La práctica del yoga durante el embarazo resulta sumamente beneficiosa para la madre y el bebé. Se debe a que en primera instancia hay una mayor conciencia del cuerpo y a través de la respiración, la madre puede tener un mayor control de la mente durante el trabajo de parto. Es decir, que por medio de la relajación puede colaborar naturalmente en lo que está sucediendo.

La experiencia dice que la práctica del yoga durante el embarazo se refleja también en el temperamento del recién nacido. Si el proceso fue acompañado de una alimentación sana y se practicó meditación, es fácilmente observable esta influencia en como los niños presentan una condición más tranquila y relajada.

Las prácticas durante el embarazo varían en función de si la madre realizaba desde antes o no y dependen también del grado de avance de la gestación. No es lo mismo durante los primeros tres meses, del tercero al sexto y de ahí al noveno. En este sentido varían las formas de las posturas e incluso los ejercicios de respiración.

El bebé capta todo mientras está en el vientre, entonces si vos le das una atmósfera pacífica generada por los buenos pensamientos y la meditación, todo eso le influye en él y realmente le beneficia su vida futura”, aseguró Carlos. Y Completó: “Nosotros tenemos en principio la experiencia madre de cómo sucedió el embarazo con nuestros hijos. También tenemos el testimonio de madres que tomaron clases de yoga durante la gestación y después nos contaron que ocurrió todo esto”.

Dicen que dicen

El estudio del yoga propuesto por Sivananda está cargado de magia y misticismo. Fiel a esto, cuenta la historia que él eligió la fecha en que abandonaría la Tierra. Entre sus discípulos se comenta, como si fuera un evangelio de los que no están en la Biblia de la biblioteca, que un año antes de partir marcó el 14 de julio en el calendario. Hizo un círculo en el almanaque y nadie sabía por qué. Cuando llegó ese día de 1963, reunió a sus discípulos y se preparó para meditar. Pidió  un vaso de agua por última vez y dijo, “olvida y recuerda. Olvida que eres un swami y recuerda que eres el ser inmortal”. Cerró los ojos, meditó en la posición de Loto y dejó el cuerpo.

El lugar donde hoy está su cuerpo se construyó un templo dentro de la estructura del ashram. Cuenta Carlos que es un lugar con una energía muy especial y destaca de que a pesar de que en India se creman los cuerpos, no se hace lo mismo con los de los swamis y maestros porque sus tumbas son lugares sagrados y de peregrinación para los discípulos. Esta tradición de cremación radica en que la permanencia del cuerpo físico lentifica el desprendimiento del alma para continuar su camino de desarrollo.

Perspectivas

India es un país antagónico a lo conocido en Latinoamérica y al llegar allí, el viajero choca contra su propia construcción y hace consciente la cantidad de apegos que lleva consigo.

Dicen que dicen que en aquellas tierras la gente no sufre por no tener una heladera o un televisor, porque nunca lo tuvieron; y que ellos encuentran la felicidad en aspectos no vinculados con la posesión sino con otro tipo de realización. “Es un choque muy grande porque la civilización occidental toma como el fin de la vida el disfrutar tanto como se pueda de las cosas, las personas y los lugares. Allí la concepción es muy diferente y la perspectiva cambia radicalmente”, explicó Carlos. Para ejemplificar esta distancia comentó que en Occidente se dice "fui a la India” y que en Oriente dicen “la India vino a ti”.

El yoga es un camino de ida en el que se atraviesan postas que llevan a la transformación del sujeto. Poco a poco las estructuras se hacen más livianas, la digestión mejora y el flujo de energía se vuelve más intenso. El cuerpo y el espíritu se redescubren en un estado de serenidad que se hace cotidiano. Poco a poco la mente deja de concentrarse en el futuro o de anclarse en el pasado. Se echan raíces en el presente, en el aquí y ahora inamovible de la eternidad. Entonces, la esencia de su práctica renace en quienes la adoptan como parte de la vida y no como un ejercicio, sino como una filosofía de conducta espiritual.


Juliana Biurrun

viernes, 8 de mayo de 2015

81

Es el día de mi muerte. Ya lo sé. No tengo miedo. Confieso que siempre esperé este momento. No por angustia ni mucho menos, mi vida fue feliz. En un día del viaje rompí una estructura y me dejé llevar. En realidad siempre estuvo rota. En realidad nunca existió.

Tuve amor y corazones quebrados; familia, amigos, sueños, plantas, animales, belleza y placer sin forma. Tuve épocas en que no podía dejar de sentirlo latir entre mis piernas. No importaba el lugar la hora ni con quien estaba. Mientras hablaba me perdía en recuerdos apretados contra una pared por mi cadera estremecida.

Es el día de mi muerte. Ya lo sé. No tengo miedo. Confieso que siempre esperé este momento. No con angustia o algo parecido, sino con una convicción que saboreo deliciosa. Será la fe. También sé que no querré volver por un tiempo. Más tarde lo veré.

Los 81 años que hoy me llevan son apenas un instante en este viaje. Un viaje tan largo que el segundo de esta vida desapareció hace ya diez mil. Si fui mujer y parí entre leopardos. Si fui hombre y me morí de frío. Si sumo todas mis vidas, si las divido entre los cinco millones de historia que tiene la humanidad, ¿habré vivido sesenta mil vidas?

Mi pelo es blanco y no abunda. Perdí muchos dientes y mi piel es uva pasada. El gato creció como una pantera y el potus se enredó por toda la casa. Mis hijos tuvieron hijos y sus hijos hijos. Me siento brillar. Nunca imaginé que tantas generaciones emergerían de mi vientre.


Es el día de mi muerte y nadie todavía lo sabe. ¿Debería decirlo? Espero que recuerden celebrar mi partida con buen vino y rica música. Que nadie llore ni se amargue, que nadie me amarre a esta tierra con su pena; que ante el cuerpo muerto el alma vive, en cada historia que la noche le dio.



Juliana Biurrun

Al fuego eso

Desterrar el cemento de la piel. El dedal de los dedos. El trapo de los ojos. Los escarpines de los pies. Desterrar la negación al vacío. El instante de la duda. El Aquiles de seguridad. Desterrar la columna de la historia. Las letras escritas. El cuento de los diarios inventados. Desterrar la vida sin viajes. Los viajes sin historias. Las historias sin amor. Desterrar la cordialidad del protocolo. El desprecio por lo viejo. La empatía de mentira. Desterrar las manos que se aferran. Los domingos de ruido rancio. Las entrañas que se quiebran. Desterrar a los debería de la pena. Que la pena sea solo pena, en infinitivo sin potencial.


Desterrar a nosotros de nosotros mismos. Enterrar a nosotros en un rayo de trueno. En la llama de una vela. En una gota de lluvia. Sembrar a nosotros en la clorofila de un nogal. En la semilla de una manzana. En la rama de una vid. Fecundar en la pulpa de una uva, en un trago de vino. Nacer en el viaje por una lengua que más tarde va a hacer el amor.

Juliana Biurrun