lunes, 17 de noviembre de 2014

Time will change you

Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo. Cambian como las personas y los paisajes de temporada. El futuro es absolutamente impredecible. Todo lo que te rodea hoy mañana puede de golpe no estar más. Al principio es duro por el inherente rechazo al cambio; porque en todo presente vive el pensamiento de futuro y la ilusión. ¿Cuándo vamos a aprender a vivir de pleno en el ahora? Estamos en proceso.

Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo. Porque somos sobrevivientes de las eras, de los leopardos y los partos sin saber lo que eran. De las serpientes, las arañas y el frío… La capacidad de adaptación y las variables infinitas de la vida hacen que todo sea
absolutamente relativo y por ende, las ideas se impregnen dinámicas, volátiles. ¿Cómo lo malo puede ser del todo malo y lo bueno solo bueno, si sus fundamentos son permeables?

Esas preguntas son paradojas, contradicciones; objeciones contra la quietud, reclamos de movimiento a la realidad estática. Al fin y al cabo, esos opuestos se sintetizan en elecciones que resignifican las ideas cuando modifican el curso de una acción. Ese proceso oscila entre estados antagónicos de naturaleza humana y animal empujada por el instinto y moderada por la conciencia –o al menos el intento.

Entonces: La decisión lleva a la convicción. La convicción a lo concreto. Lo concreto al hecho. El hecho al movimiento. El movimiento al resultado. El resultado a la emoción. La emoción al sentimiento. El sentimiento al efecto. El efecto a la reacción. La reacción a la responsabilidad. La responsabilidad a la atención. La atención al discernimiento. El discernimiento a la conciencia. La conciencia al aprendizaje. El aprendizaje a la transformación. La transformación al resurgimiento. El resurgimiento a la magia. La magia a la fantasía. La fantasía a la imaginación. La imaginación a la creencia. La creencia a la creación. La creación a la realidad.

El movimiento sopla lo establecido y lo desordena, derriba la torre de cartas que acumula polvo en el escritorio; reconstruye la forma en elevaciones de cristal. Con el resurgimiento de las ideas cambia la corriente que fluye por el deshielo de la montaña. Ellas mutan incansable y cíclicamente, como las hojas secas que se vuelven flores y las montañas de nieve que se convierte en mar. 

Juli Biurrún