lunes, 21 de julio de 2014

¿Qué significa Cultura Retórica?

La retórica es una disciplina que atraviesa campos de conocimiento como la literatura, el periodismo y las ciencias sociales entre otros. Se trata, a grosso modo, de la belleza que combina las palabras mientras estudia las formas en que se usa el lenguaje con finalidad estética y comunicativa. En esta línea es también un arte, porque está mediada por un proceso de inspiración y selección de ideas ordenadas como acordes de una canción en función de lo que buscan transmitir. De esta manera engloba al conjunto de procesos que interactúan y se repercuten durante la construcción del discurso.

Por otro lado, la cultura atraviesa todos los ámbitos en la vida de una persona. Abarca conductas sociales y modos de comunicarse. Son los modos de actuar o de hablar; los rituales que celebra, los alimentos que come, las ideas que profesa. Es un estilo de vida que une transversalmente a un grupo o sociedad; la idiosincrasia común que se moldea en función de.  En otras palabras, la cultura es un culto al todo compartido.


Cultura Retórica es el lugar donde se encuentran las esencias de estos conceptos; el entrelazamiento entre mundos de expresión espiritual, artística, indagatoria, reflexiva y social. Este es un concepto que surgió hace un tiempo para sintetizar modos de ver y vivir la vida, en los que la música del lenguaje es transversal a la naturaleza personal y compartida, modos, intereses y costumbres.

En este plano netamente indagatorio, la búsqueda es la guía de la libertad para adentrarse en temáticas sin límites. Y en este tiempo en que las fronteras se disipan con más fuerza, las disciplinas se complementan para apuntar al único camino posible: El de hacerse uno con el todo para nutrirse de la multiplicidad.

 Juliana Biurrún


miércoles, 16 de julio de 2014

Escribir

Sentir sin límite, sin vergüenza, con felicidad de sentir. 

Sentir que escribir es honrar la vida

Plasmar lo trascendental de las palabras es continuar más allá de los pies. No importan los gustos, preceptos ni diferencias certeras que distancien del autor; eso se mide en otra balanza.

Los pensamientos son volátiles y su perdurabilidad se rige por la química cuando el cerebro que los contiene funciona bien. Pero si algún cable se desconectara, todo lo reflexionado en una conexión de introspección se perdería en la nada y moriría sin reencarnación cercana a ese lapso de tiempo.

En noble consecuencia este honrar es compartir lo que florece. Sea en una foto, una canción, un dibujo o una historia. Porque cuando llega y rebalsa por los canales del mensajero, esa información codificada deja de ser suya y pierde el control de su longitud de onda. Se reformula en una semilla que salta al viento para germinar algún terreno fértil que encuentre.

Las palabras fueron creadas para ser responsables. Sucede que son tan poderosas que pueden cambiar el curso de la historia personal y compartida, colectiva. Pueden contagiar energía de la buena o destrozar una psiquis para sembrar oscuridad en la vida entera.

La palabra es sonido de la mente. En el modo único de combinarla hace eco la resonante personalidad de quien la escribe; su ego, su humildad. Rebuscado, ácido, intrépido, detallista, soñador, minimalista, megalómano. Esa esencia inajenable se escapa entre las letras como lo no verbal se escabulle por las manos.

Las palabras son espirales de desambiguación porque una vez escritas, sus ideas siguen reformulándose en ese viaje que no tiene medición. Ya plasmadas en cualquier soporte son un boleto de ida al universo personal y cósmico; con parada obligada en las cuerdas que afinan la mente con el corazón y estadía prolongada en el núcleo donde la conciencia se transforma para empezar otra vez el recorrido.

Juli Biurrún

lunes, 14 de julio de 2014

Redescubrir el poder del cerebro

Un repaso por los dichos de Estanislao Bachrach en Neuquén

Estanislao es Doctor en Biología Molecular. Se recibió de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y continuó sus estudios de maestría e investigación en Europa y Estados Unidos. Tras una crisis emocional por un choque de intereses laborales emocionales, se inició en prácticas relacionadas al hacer holístico. Yoga, meditación, reiki y espiritualidad entre otras, fueron algunos de los caminos que recorrió para reencontrarse con el equilibrio perdido.

En esa búsqueda puso en práctica con él mismo lo que había estudiado sobre neurociencias durante más de quince años. Como un nerd confeso sistematizó en acciones diarias una serie de tips que la ciencia comprueba, optimizan el funcionamiento del cerebro y mejoran su rendimiento para el uso más eficaz. Así se convirtió en divulgador científico y publicó el best seller "Ágil Mente". Lo que se escribe de acá en adelante es algo de lo que él nos cuenta.

Para empezar el recorrido hay que hacer hincapié en que desde épocas  prehistóricas, el cerebro humano está preparado fisiológicamente para ahorrar energía. En tiempos de cavernas las personas vivían en estado de alerta permanente por posibles ataques de animales salvajes. En consecuencia, para responder con velocidad, escapar y sobrevivir, necesitaban disponer del mayor flujo de energía posible. De ahí el “instinto cerebral” de conservarla para la mejor reacción.

A medida que el homo evolucionó su cerebro lo hizo en tamaño y complejidad. La parte más antigua se denomina Reptiliana y es la que responde al instinto. Se ubica en el centro de la masa. La segunda es la Límbica que recubre a la primera y se vincula con lo social y emocional.  Por último apareció el denominado Córtex que se sitúa en la parte frontal de la cabeza y es el encargado de la razón y la lógica.

Para imaginar el tamaño del Córtex podemos visualizar al espacio de un metro cúbico dentro de una galaxia”, explicó Estanislao. Este sector ínfimo materialmente es el responsable de las funciones cognitivas del sujeto. El analizar, comprender, memorizar e inhibir otros pensamientos para procesar el entendimiento ocurre allí.

También hay que tener en cuenta que la palabra mente no es sinónimo de cerebro. El último se refiere específicamente a lo físico del órgano: Las conexiones neuronales y sistemas que se desarrollan en él; mientras que la mente está conformada básicamente por las emociones. La dialéctica entre ellas las modifica y retroalimenta continuamente. Es decir que la mente moldea al cerebro con el ejercicio de los pensamientos y el cerebro interviene en la mente a través de reacciones químicas.

En este sentido aún en estado adulto, “somos como niños cuando se los estimula durante su desarrollo. Si destacamos hacia nosotros mismos lo positivo, los resultados se optimizarán y la mente se fortalecerá en esa dirección”, aseguró Bachrach. Por otro lado, si algo fallara a nivel sintético, su funcionamiento y respuestas se verían modificadas.

En este punto surge una salvedad obvia pero no menos importante: Nada de lo anterior se alcanza sin el trabajo necesario de enfoque, energía, intención y búsqueda. El conocimiento e indagación conciente en uno mismo es lo que conduce a mejores resultados.

Por otro lado, los avances de las neurociencias desestiman el mito de que se usa solo una parte del cerebro. Investigaciones develan que se utiliza la totalidad del órgano pero no al mismo tiempo; sino que cada vez que se emprende una acción, se activa el dos por ciento de la región comprometida con esa función. A modo de metáfora Estanislao presenta a la mesa encefálica como una ciudad de noche en la que las luces se prenden y se apagan, titilan constantemente y cada vez que se hace algo, la parte del órgano que responde a esa acción se enciende.

En consecuencia el hacer casi en simultáneo actividades que implican el uso de la misma parte del cerebro conduce a su estrés y por ende, a disminuir la eficacia y creatividad en las respuestas. Por este motivo surge con frecuencia la sensación común de “estar cansado”, como característica compartida por mal uso de la energía del cerebro. Sucede que la dinámica de los tiempos que corren hace sentir y creer que se puede “hacer todo al mismo tiempo”, pero por ahora somos infinitos mortales.

El multitasking no existe porque cuando pasamos de una actividad a otra, se activan diferentes partes del órgano y en consecuencia, no se realizan las funciones cognitivas al mismo tiempo, sino que como la ciudad de noche, sus lamparitas –sectores- se prenden y apagan cada vez que se activa una región. Eso estresa el cerebro y disminuye su efectividad”, explicó Bachrach.

No ocurre lo mismo con actividades simultáneas que implican el uso de partes diferentes. Por ejemplo, al andar en bicicleta y escuchar música se utiliza el sector auditivo y motriz; sus usos no se interrumpen y por ende no disminuye la eficacia de la acción.

Otro mito popular es que una vez cumplida determinada edad el cerebro comienza a deteriorarse y pierde la capacidad de incorporar conocimientos nuevos con fluidez. La verdad cuenta Bachrach, es que el cerebro es como un músculo y como tal, necesita de la actividad para su buen funcionamiento.

Él asegura que en función de su plasticidad (comunicación entre neuronas y percepción de estímulos) se puede aprender hasta el último día de la vida. En este sentido destaca la importancia de los desafíos para mantenerlo entusiasmado, despierto y vivaz. El jugar al ajedrez, leer asiduamente, estudiar idiomas y resolver problemas de lógica son algunos de los tantos ejercicios para la mente. 

El cerebro de ella y él
El cerebro de la mujer es más pequeño que el del hombre. El de ella está preparado para realizar al mismo tiempo más acciones que involucren diferentes partes del órgano, mientras que el del hombre, trabaja de manera práctica y por compartimentos. Es decir, de a una cosa por vez.

Otra diferencia importante es que el cerebro de la mujer es más comunicativo, intuitivo y empático consigo mismo y los demás. La historia de su atributo data desde la aparición del homo hace cien mil años. El lenguaje tardó sesenta mil años en surgir y durante ese tiempo, la comunicación no verbal fue al directriz de todo.

Estas capacidades se impulsaron en ella por su necesidad de comprender por qué los niños lloraban y discernir por ejemplo, cuáles plantas eran venenosas y cuáles no. Por otro lado, las tareas del hombre se basaban en la caza y vigilancia de posibles ataques. Estas aptitudes en combinación fueron fundamentales para la preservación de la especie y quienes las tuvieran mejor desarrolladas podrían sobrevivir y garantizar su continuidad.

Otro dato interesante radica en por qué generalmente la mujer tarda más tiempo en olvidar incidentes que para los hombres se disuelven más rápido. Y lo positivo es que esta característica tiene nombre y apellido científico. Se trata de la serotonina también conocida como “la hormona de la felicidad”, que puede permanecer hasta tres años en el torrente sanguíneo femenino. Este tiempo que tarda el organismo en sintetizarla afecta por su adhesión y repercute en los estados de ánimo.

Encontrar tu mejor curva
Estanislao propone también una curva óptima de funcionamiento cerebral para cada persona. Se trata del momento en que las hormonas dopamina y noradrenalina están en equilibrio. La primera está relacionada con el nivel de entusiasmo e interés con que se desarrolla una actividad y la segunda, con el grado de atención que se mantiene en el acto.

El científico sostiene que ese momento se da en la mayoría de las personas cerca de las diez de la mañana, pero la apreciación varía según el caso y en eso radica la importancia del autoconocimiento.

Él destacó que en países como Finlandia ya no se hacen reuniones laborales después de las cinco de la tarde porque a esa altura del día, el cerebro está cansado y la mayoría de veces los involucrados se arrepienten de las decisiones tomadas en ese contexto. Bajo esta premisa asegura que es cualidad de buen jefe estar al tanto de las mejores condiciones de rendimiento de sus empleados para potenciar su desempeño.

Conocer nuestro modo de funcionamiento, recuperar la no vergüenza infantil de preguntar e imaginar que las fantasías pueden ser algo concreto; es reavivar y reactivar el poder de un cerebro que es como un microcosmos y carga en sus neuronas con miles de años de aprendizajes, memorias y evolución.


 Juliana Biurrún

viernes, 11 de julio de 2014

Optimizar el uso de energía

Y ocurre que soy una curiosa intensa de lo relacionado con un Todo de colores brillantes. Por eso muchas historias que escribo frecuentan el tema. Hay miles de cosas sobre las que podría hacerlo, pero siento que plasmar la introspección es devolver la gracia de vivir esos momentos. Desde que baja por mis dedos se envuelve en un regalo para quien lo quiera recibir.

En este dejar ser de la búsqueda y curiosidad las vibraciones se acercaron y en
consecuencia surgieron vínculos nuevos y sumamente enriquecedores. Como escribí el otro día, esto que se llama vida es también un “ciclo camino” para exprimir y comer hasta la pulpa de la naranja porque nada es desechable. Aunque se pase de tiempo en el canasto de frutas, esa cáscara medio podrida es fértil dentro de la tierra.

En este contexto aprendí que la diferencia es algo superficial y que en realidad no existe. Se trata de fachadas, personajes, egos, rechazos y afinidades que nos acercan o alejan cuando construimos los círculos que comparten el código. Y por una sinergia independiente a nosotros, los bordes de esos círculos con frecuencia se tocan. Basta con pensar en la gente que conocemos, en las personas que nos resultan indiferentes o las que en algún momento detestamos con intensidad. Y después de repasar esa lista, observar la cantidad de puntos que surgen en común.  

Porque todo es causalidad y los peores enemigos son también los mayores maestros. No porque sí rebotan en el campo comentarios y actitudes que pueden molestar. Indagar en ellas y comprender que los estímulos se interpretan de manera diferente en cada cerebro parece una frase hecha y evidente. ¡Lo es! Y científicamente testeada. Por eso desgranar y aceptar esas diferencias es convertirse en un transformador. 

En esta vía, lo que nos moleste de los demás, lo que nos desilusione cuando esperemos algo o lo que nos irrite cuando no concibamos determinados modos; no amerita que tener la fuerza suficiente para corrernos del eje y desarticular el equilibrio. Atención, esto no significa volverse en una bolsa de boxeo; pero cuando los golpes ocurran porque es inevitable, empezar por tomarlos, entenderlos y dejarlos pasar para regenerar la zona afectada con capas de piel más limpia.

Somos más poderosos que cualquier autoatentado de ira o desilusión. Porque nuestra mente nos moldea y el enfoque de la actitud es la definición de todo resultado. No tiene sentido malgastar energía en emociones que no enriquezcan; pero sí multiplicarla para la propia transformación.

Yulais