viernes, 5 de diciembre de 2014

La chica de Murphy

Pasa en la vida real. No en las películas ni en los cuentos. Pasa en ese instante en que apoyás el manojo de llaves en el asiento del auto. Pasa en ese instante en el que soltás la puerta del auto y te percatás de que sus llaves están adentro también. Pasa cuando intentás abrir la puerta y te das cuenta de que todas tienen el seguro puesto. Pasa cuando te quedás sin la cartera, sin la billetera, sin el celular, sin 25 centavos para llamar desde un teléfono público. Pasa cuando tenés que ir a votar y el DNI está dentro del auto. Pasa cuando hacen 30 grados de calor y queda una hora para que cierren los comicios. Pasa cuando es domingo a las cinco de la tarde y ningún vecino te abre la puerta. Pasa cuando vivís muy lejos y varios kilómetros de ruta e insolación te separan del centro.

Pasa en la vida real. Pasa en la vida de Ananda. Por eso la historia sigue.

La hora límite se acercaba. Llegó corriendo al colegio Faustino Fernández con el pasaporte en la mano pero estaba cerrado. Saltó el alambre con sus chatitas violetas como si una horda de zombies fuera tras de ella. Corrió por todo el patio con la esperanza de que alguien le abriera la puerta y quebrara la ley por una causa noble, la de dejarla ejercer su derecho a voto. Miró por las ventanas y el colegio estaba vacío. Evidentemente no había sido sede de sufragio. Tiene casi 40 años y todos los cuartos oscuros de su vida le habían tocado allí. Pero como algo podía salir peor en ese rato caótico, ocurrió. Buenas tardes señor Murphy, le dijo agotada.

Llamó a un amigo que la informó sobre el verdadero lugar de voto al que llegó corriendo también. El reloj marcaba las 18.10 pero no había perdido las esperanzas. Golpeó con énfasis las puertas trabadas. Le abrió un policía que al principio no la quería dejar entrar. Cuando ingresó se encontró con siete personas allí sentadas. Preguntó con quién tenía que hablar y solo le respondieron, “señora, ya no puede votar”. Pero siguió insistiendo... sucede que entre sus defectos a veces se destaca la tenacidad.

En su búsqueda dio con el encargado de la escuela, él tenía ojos azules y el pelo blanco por los hombros. Le contó su historia esperando que se apiade, pero no hubo caso. No tuvo más que agachar la cabeza y retirarse sin voto.

¿Y qué pasó con el vehículo cerrado? Finalmente se resolvió con el hallazgo de un cerrajero automotor que lo abrió de manera muy barrial y le cobró como si fuera principio de mes.

Pasa en la vida real. Pasa en la vida de Ananda y puede pasar en la nuestra también. Si todo está mal, hay algo que puede salir peor. No lo dice ella, lo dice una ley. Pero en la vida de Ananda toda tragicomedia renace en historia. ¿Acaso lo único permanente no es el cambio?

Juli Biurrún

Yo deposito mis tesoros en el cielo

Se llama Javier y es de Neuquén. Hoy vive en Mar del Plata y se refugia entre las carpas que se acercan al mar.

Lo conocí una noche en que me pidió un trago de cerveza mientras caminaba sola por la costa. Mi primera reacción fue seguir adelante, pero unos pasos después me acerqué para regalársela. Sin planearlo empezó a contarme su historia y alzó la voz de una vida que no imaginé cruzarme en aquel momento. Curiosidad y esencia obligan, me sumergí en esa conversación y me dejé llevar por el relato que ahora comparto con vos.

Él llegó a Mar del Plata de la mano de un artesano y su mujer psicóloga que le dieron refugio en su vivienda. A cambio del techo, cama y comida, les limpiaba la casa, les cocinaba y compartía su amistad. Al cabo de un año esa historia se dividió y lo llevó a vivir entre las carpas de la costa marplatense, esas que los turistas alquilan para protegerse del sol y él cuida para caminar su vida.
Hoy vive en lo que llama un paraíso. Todas las mañanas se levanta al amanecer y contempla la belleza del reflejo del sol sobre el agua con sal. Pero viene del infierno mental y emocional, de lo profundo de un hueco donde perdió literalmente todo lo que tenía.

Durante tres años fue adicto a la pasta base. Por consumir vendió tres terrenos que tenía en la Villa 31 de Buenos Aires y se quedó sin nada literalmente. Pero tocó fondo cuando una tarde mientras manejaba bajo sus efectos -o con la resaca, vaya uno a saber-, tuvo un accidente en el que falleció su mamá que iba de acompañante.

“Todo lo que tenía, todo lo perdí por consumir. Realmente es algo que te absorbe y no te deja pensar porque lo único que sentís todo el tiempo es que querés más. Es algo que te dispara para arriba muy rápido y es muy intenso, por eso enseguida querés más y más hasta que no podés parar”, relató Javier.

En el medio de nuestra conversación un hombre se acercó a pedirle algo, evidentemente drogas. Se parecía a Keith Richards pero tenía la mirada más desquiciada. Javier lo rechazó y le dijo que se fuera. El sujeto me miró y le hizo un gesto de aprobación, como si yo estuviera allí por un interés similar. Entonces Javier lo volvió a echar con más intensidad. “Hay que hacerse respetar. Es muy duro vivir en la calle y si no te hacés respetar te cagan a trompadas, te matan. Yo dormí en la calle, comí de la basura y robé por necesidad. No lo volvería a hacer”, recordó.

Él cuenta que ahora no necesita más que algo para comer y un lugar donde vivir. Que descubrió que el secreto de la vida radica en los buenos pensamientos, sentimientos y acciones que deposita como tesoros en el cielo. “Lo único que nos queda es ser buena gente, no importa lo que pase, hay que ser bueno y pensar en bien, porque así llegan cosas buenas. De acá no nos llevamos nada y por eso yo deposito mis tesoros en el cielo”, aseguró.

Cuenta que abandonó el consumo por voluntad personal y sin ayuda. Él asegura que cuando se tiene una base de educación que permite discernir caminos, es posible alejarse del vicio con voluntad. “Aunque estaba tan hundido yo sabía como me estaba destruyendo. Por consumir me quedé sin nada y perdí a mi mamá. Si seguía con esa vida me iba a morir también yo. Pero lo que pasó ya pasó y ahora tengo que seguir adelante”, dijo.

No hay manera de saber si verdaderamente está recuperado del todo. Aunque su relato fue coherente, dicen que no se vuelve de adicciones tan profundas. Quizás tenga sus caídas o tal vez su voluntad en este aquí y ahora sea más fuerte que todo. Lo cierto es que él encontró su recuperación en el equilibrio de la balanza, en ser agradecido y llenar su nueva historia de bien.

Lo cierto también, es que cuando dejé caer mis prejuicios de chica sola en la playa nocturna, me encontré con un mensajero que apareció para recordarme lo importante de la vida y el sabor de lo desconocido, junto a la adrenalina de saber que siempre a la vuelta de la esquina, una nueva aventura se puede trepar por tus pies.


Juli Biurrún

lunes, 17 de noviembre de 2014

Time will change you

Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo. Cambian como las personas y los paisajes de temporada. El futuro es absolutamente impredecible. Todo lo que te rodea hoy mañana puede de golpe no estar más. Al principio es duro por el inherente rechazo al cambio; porque en todo presente vive el pensamiento de futuro y la ilusión. ¿Cuándo vamos a aprender a vivir de pleno en el ahora? Estamos en proceso.

Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo. Porque somos sobrevivientes de las eras, de los leopardos y los partos sin saber lo que eran. De las serpientes, las arañas y el frío… La capacidad de adaptación y las variables infinitas de la vida hacen que todo sea
absolutamente relativo y por ende, las ideas se impregnen dinámicas, volátiles. ¿Cómo lo malo puede ser del todo malo y lo bueno solo bueno, si sus fundamentos son permeables?

Esas preguntas son paradojas, contradicciones; objeciones contra la quietud, reclamos de movimiento a la realidad estática. Al fin y al cabo, esos opuestos se sintetizan en elecciones que resignifican las ideas cuando modifican el curso de una acción. Ese proceso oscila entre estados antagónicos de naturaleza humana y animal empujada por el instinto y moderada por la conciencia –o al menos el intento.

Entonces: La decisión lleva a la convicción. La convicción a lo concreto. Lo concreto al hecho. El hecho al movimiento. El movimiento al resultado. El resultado a la emoción. La emoción al sentimiento. El sentimiento al efecto. El efecto a la reacción. La reacción a la responsabilidad. La responsabilidad a la atención. La atención al discernimiento. El discernimiento a la conciencia. La conciencia al aprendizaje. El aprendizaje a la transformación. La transformación al resurgimiento. El resurgimiento a la magia. La magia a la fantasía. La fantasía a la imaginación. La imaginación a la creencia. La creencia a la creación. La creación a la realidad.

El movimiento sopla lo establecido y lo desordena, derriba la torre de cartas que acumula polvo en el escritorio; reconstruye la forma en elevaciones de cristal. Con el resurgimiento de las ideas cambia la corriente que fluye por el deshielo de la montaña. Ellas mutan incansable y cíclicamente, como las hojas secas que se vuelven flores y las montañas de nieve que se convierte en mar. 

Juli Biurrún

jueves, 30 de octubre de 2014

Volar por la sala, aterrizar en el sillón

Me dijeron que nací con una fluidez muy mía, la de crear con la palabra. Que mi mente y corazón son materias primas, pero ¿quién soy para decir algo grande? Si apenas solo puedo contar mi historia…

Como sea, hoy voy a contar una leyenda de ave fénix que nada tiene que ver con una historia romántica, por si acaso así lo pareciera. Ocurrió una tarde cualquiera en que miraba el atardecer. Estaba un poco perceptiva, quizás, había tomado algún trago. Era verano, siempre verano. Y los últimos rayos de sol se escurrían por las ramas entre árboles de copas espesas. A contraluz, se dibujaban nidos con docenas de pájaros ansiosos que dormían temprano y despertaban puntuales al nuevo día. Observaba y me perdía en esa maravilla tan cercana y lejana también.

Y en un instante de fascinación ocurrió la magia. Una sensación más allá del tacto físico, fue una transformación de lo mundano que se desparramó en la piel. Un camino que se abrió, un salto gravitatorio hasta un suelo especial por el que camino esta noche.

Aquí nos movemos en laderas, nos perdemos en el bosque. No tenemos miedo a la oscuridad que cuelga de las ramas. Ni a los ojos brillantes que alumbran en las hojas. En esta zona no existe el fracaso, tampoco el temor. Porque en el bosque aparece el sendero y se hace visible el camino invisible hasta el campo dorado, donde lo irreal es certero como la intuición, la convicción sin confirmación que empuja tan fuerte, que se convierte en una realidad profunda y retumbante en los tímpanos del corazón.


Por este camino se llega a un círculo escondido con circunferencias de troncos y vegetación. Allí, los rayos de la luna de a poco desaparecen kamikazes en el suelo. El último esfuerzo derrama su brillo en nuestras miradas, en nuestro pelo que se sacude con el viento, entre la corriente del aire y los giros del cuello. Las pupilas negras brillan en lágrimas y la boca se estira hasta romper la piel de los labios. Los ojos resurgen en miradas de colibrís que vuelan sin cansarse, con aleteos infinitos que despiertan en tornados de terciopelo, dulces, tan espesos, siempre tan altos como los imaginé.

Juli Biurrún 

  1.  la foto también.

Súper Luna

Luna nublada, imponente. Luna de arcoíris. La más brillante del año. La más cerca de la tierra. Se mueve en Acuario. El sol la sigue desde Leo. Intuición. Corazón. Puedo pensar que es un efecto de la luz o sentir que nos irradia y nos transforma, que nos alcanza como una varita. Ella se merece todos los amores y rituales. Todos los endiosamientos y primeros besos bajo su luz.

Porque nada se escapa a los ojos de la luna llena. Es una chamana del cielo, una maga de las nubes, una bruja de magia blanca que todo lo sabe

Ella es uno de los faros del gran ojo, el que contiene a vientres dentro de vientres y más vientres de mundos que se deshacen a la razón finita. La aureola que dibuja su silueta es la energía de su suelo que se expande. Y esa estela que brilla alrededor es su grandiosa intuición, porque todo lo ve, todo siente, todo lo vibra tan mujer y todo lo ilumina tan bruja.

Juli
la foto también.

Convivencia

Mi gato es sabio. No porque sea mío sino porque de verdad lo es. Él me enseña, es mi compañero fiel y guardián nocturno. Me trae plumas blancas cada vez que se encuentra con un ángel en el patio. Y me besa con pasión, se extasía cada vez que miramos juntos una película. Me habla con su mirada, nos comunicamos sin sonidos. Cuando sube al estante me toca la frente con su pata suave y me dice que todo va a estar bien, que no tenga miedo, que las hadas se esconden en las plantas y vuelan por la casa mientras duermo. A veces cuando sueño las escucho y siento el aire de su aleteo en la punta de mi nariz.

Juli Biurrún



Foto y maquillaje de ANDREA JARA

domingo, 24 de agosto de 2014

Los solitarios

El cielo estaba gris y el aire se sentía húmedo. Los pájaros cantaban tímidos y cuando los escuchaba recordaba aquellas mañanas de invierno en la cama con mamá. Tenía solo algunos años y me ponía triste cuando pensaba que ellos tenían frío porque no estaban con su mami como yo con la mía.

Inmersa en esa imagen subí a la bicicleta y llegué hasta una plaza cerca del río. El aire olía fresco, qué bueno que tenía mis guantes. Qué bueno que mi piel estaba curtida. Me sentía fuerte. Todavía me siento fuerte.

Con los auriculares puestos me apoyé en un árbol y empecé a observar. La calle estaba casi vacía y solo se veían algunos caminantes ansiosos y solitarios, esos que si pasaban mucho tiempo dentro de su casa sentían que se asfixiaban y necesitaban salir a respirar sol, aunque la tarde estuviera nublada.

A pocos metros había una esquina en reparación donde los autos se acumulaban para doblar en u. Y en un momento a esa fauna de vehículos se sumó un motor ruidoso por añadiduras post fábrica. Su conductor se asomaba orgulloso por la ventanilla, ¿acaso no se daba cuenta de que su escape era insoportable? Ocurre que a los solitarios les molesta profundamente esa actitud, seguramente porque en el fondo también lo sean. 

Ellos habitan en la ambigüedad del poder sin nadie y el necesitar de todos. Se convierten a ese estado cuando el cotidiano los empuja para no sufrir de soledad. Como defensa personal se aferran a su individualidad omnisciente para no deteriorarse en la espera de terceros. Y así crecen felices en su mundo, abstraídos de los demás, disociados del entorno, en convivencia con su propia y mejor compañía, la incondicional.

Juliana Biurrún

Una mañana

Un dolor agudo te atraviesa el vientre. Tu estómago se contrae y en un espasmo involuntario une tus rodillas con el pecho. Tomás forma de bicho bolita mientras sentís como los filamentos se destruyen. Tu estómago se estira y en tu pecho se dibuja un mapa de mil venas. Las piernas que te acompañan se tiñen tintas y su circulación está espesa como una ruta congestionada. El bajovientre se desgarra. ¿Acaso lo que duele son las entrañas? El ceño se frunce, los ojos lloran y la piel se moja como excitada. El calor frío te invade y sus gotas heladas se deslizan por los surcos de tu cuello. Solamente querés volver a la cama pero tenés que ir a trabajar. El octavo día solo existe para Dios.


Juliana Biurrún

Palabras

Las palabras tienen fuerza propia que va más allá de quien las pronuncie. No necesitan aprobación ninguna y cuando son lanzadas al universo su poder rueda instantáneamente. Son la resonancia del sonido interno y su vibración puede expandirse hasta lugares desconocidos. Para bien o para mal, ese Todo no distingue entre patrones de bondad o perjuicio, solo capta intenciones y las materializa en sus emisarios. Por eso cuidado con lo deseas, porque sin dudas puede cumplirse.

Las palabras son poder de creencia, expansión, puentes de vulgaridad o divinidad. Son sagradas escritas o habladas. El mensajero en cualquiera de sus formas es el medio. Sabio, discípulo o pastor, todos viven y son en ellas.

Palabras de madre tierra, de plano humano y celestial. Palabras de voz o pensamiento. Palabras selladas, transtemporales e interplanetarias. Todas son lenguajes del cielo y la boca no es conciente de la longitud de sus dichos cuando los derrama en los hilos del cosmos.


Porque ellas son la conexión que une a las neuronas en un idioma desconocido; la materialización de la energía sutil en el cuerpo denso. La fuerza que impulsa la convicción en la acción. El eco que se estira de los labios, el envión que dispara las ideas. Las palabras son expresión mágica cuando plasman sentimiento. El canal que usa el corazón para desapegarse y ser en una leyenda sin dueño ni fin.

Juliana Biurrún

Consejos para un viajero

Viajar es cambiar, abrirse, absorber. Es un shock vitamínico que despierta las defensas y aumenta la percepción de palabras, gestos, sonidos, aromas, sabores y olores. Se trata de moldear el cuerpo y mente a lo amorfo de lo desconocido, inspirar al espíritu a iluminar historias, consumir cultura y masticar interacción. Es descubrir que somos capaces de superar lo que sea y que podemos adaptarnos a lo lejano sin miedo. Porque viajar es también crecer en empatía y humanidad.

Pero el viaje no concluye en el viajero. Por el contrario, termina de capitalizarse cuando lo aprendido es compartido y se convierte en nuevos saberes para alguien más. Una foto, una anécdota, una receta o lo que sea que capte la atención de cada uno, contribuyen en esta cruzada para aprender a través de.


Por eso viajero, no te distraigas en el paisaje ni en el cielo. Admirá con profundidad los colores de cada lugar que pises, extraé el jugo de cada conversación en la calle, observá cómo interactúa la gente entre sí, cuan amorosos son, cuáles situaciones se repiten.

Probá comidas extrañas, cosas que jamás comerías o que no encontrarías en tu tierra. Aunque en las radios te digan que no, comé alguna vez comida de la calle y si te animás, preguntale a quien te la venda cómo es un día de su vida.

Llevá en tu espalda siempre una mochila con una prenda que te camufle, algo clásico, un sweater negro con el que llegue la noche y puedas entrar sin problemas a un bar o te sirva para acoplarte en una choza del río.

Y cuando salgas a la mañana no vuelvas hasta el final, porque si regresás al hospedaje aunque sea un rato, te va a dar sueño y las ganas de seguir van a luchar contra la almohada. Retorná a la cama cuando hayas hecho todo lo que te inspiraba ese día. No importa que estés despeinado o un poco sucio. El peine nunca puede faltar en tu mochila y si sos mujer un corrector de ojeras tampoco.

Una botella de agua, la cámara de fotos, el cuaderno de viaje, unas buenas zapatillas, una gorra y nada más. El resto es equipaje extra. Toda la energía ya está en tus pies.

Durante tu viaje buscá el costado under del turismo. No te quedes con lo que primero que aparezca en la web. Para esto es fundamental charlar con la gente del lugar. Ellos son los mejores asesores del explorador.

Y no te olvides de caminar con una sonrisa dispuesta a encontrar una historia nueva cada vez que dobles en la esquina. No importa si quien comparta el asiento del colectivo con vos sea japonés. Seguro que alguna conversación en presente simple de inglés van a poder tener.

No tengas miedo ni te sientas inseguro, porque cuando te arriesgues al máximo desafío vas a descubrir el poder que reside en vos, la fuerza inmensa con la que siempre caminaste y quizás nunca habías sentido.


Prestá atención a tus sensaciones para reencontrarte en cada lugar por diferente que sea. Y cuando vuelvas, por favor contame con detalles tu historia. Quiero ver a través de tu voz el lugar al que todavía no pude llegar.

Juli Biurrún

viernes, 15 de agosto de 2014

Vivir en aventura

Bienaventurados quienes crucen cordilleras en su imaginación y enfunden su espíritu con virginidad de sorpresa. Ellos se transformarán por admiración y alumbrarán su camino con ojos de niño.

Para encontrar la aventura hay que redescubrir lo que se mira y darle impulso profundo al corazón. Ella se camufla invisible a los ojos dispersos y se balancea entre ambientes para llamar la atención. Coquetea desde las sombras y le silba a quienes caminan por su vereda. Muchas veces ese sonido se pierde en la nada, pero cuando alguien escucha la melodía de sus labios no puede resistir el encanto.

Encontrarla implica generar rupturas para percibir el sabor escondido en lo cotidiano. Esa búsqueda se trata quebrar parámetros y volverse un espectador permeable a situaciones de potencial transformador; ser protagonista en la cadencia de acciones para vibrar con más fuerza y color en lo que ocurra. Y por supuesto, es también arriesgarse alegre y sin miedo a lo desconocido, porque la aventura se vive más en el proceso que en el resultado.

Los niños y animales domésticos como gatos y perros son grandes aventureros dignos de admiración. Ellos se vuelven locos de fantasía cuando transforman lo mundano en especial y lo reviven con gracia. Porque en ese camino la imaginación es como un escudo que protege de lo monocromo y la aventura su espada cromática. Con ellas en alza puede ganarse cualquier batalla para una existencia multicolor.


A fin de cuentas, la historia más sabrosa se escribe cuando se redescubre lo magnífico de lo insignificante y eso resurge en una explosión de buenaventura. Pero lo mejor de todo es que no hay que viajar hasta el Amazonas de Brasil para encontrarla. Vive con vos, duerme en tu cama, comparte la ducha y el jabón. Te susurra en sueños y se disfraza de odalisca, te ofrece manjares y te masajea los pies. Hace todo lo posible para que la veas y te enredes con ella en una historia sin fin.

Yulais

lunes, 21 de julio de 2014

¿Qué significa Cultura Retórica?

La retórica es una disciplina que atraviesa campos de conocimiento como la literatura, el periodismo y las ciencias sociales entre otros. Se trata, a grosso modo, de la belleza que combina las palabras mientras estudia las formas en que se usa el lenguaje con finalidad estética y comunicativa. En esta línea es también un arte, porque está mediada por un proceso de inspiración y selección de ideas ordenadas como acordes de una canción en función de lo que buscan transmitir. De esta manera engloba al conjunto de procesos que interactúan y se repercuten durante la construcción del discurso.

Por otro lado, la cultura atraviesa todos los ámbitos en la vida de una persona. Abarca conductas sociales y modos de comunicarse. Son los modos de actuar o de hablar; los rituales que celebra, los alimentos que come, las ideas que profesa. Es un estilo de vida que une transversalmente a un grupo o sociedad; la idiosincrasia común que se moldea en función de.  En otras palabras, la cultura es un culto al todo compartido.


Cultura Retórica es el lugar donde se encuentran las esencias de estos conceptos; el entrelazamiento entre mundos de expresión espiritual, artística, indagatoria, reflexiva y social. Este es un concepto que surgió hace un tiempo para sintetizar modos de ver y vivir la vida, en los que la música del lenguaje es transversal a la naturaleza personal y compartida, modos, intereses y costumbres.

En este plano netamente indagatorio, la búsqueda es la guía de la libertad para adentrarse en temáticas sin límites. Y en este tiempo en que las fronteras se disipan con más fuerza, las disciplinas se complementan para apuntar al único camino posible: El de hacerse uno con el todo para nutrirse de la multiplicidad.

 Juliana Biurrún


miércoles, 16 de julio de 2014

Escribir

Sentir sin límite, sin vergüenza, con felicidad de sentir. 

Sentir que escribir es honrar la vida

Plasmar lo trascendental de las palabras es continuar más allá de los pies. No importan los gustos, preceptos ni diferencias certeras que distancien del autor; eso se mide en otra balanza.

Los pensamientos son volátiles y su perdurabilidad se rige por la química cuando el cerebro que los contiene funciona bien. Pero si algún cable se desconectara, todo lo reflexionado en una conexión de introspección se perdería en la nada y moriría sin reencarnación cercana a ese lapso de tiempo.

En noble consecuencia este honrar es compartir lo que florece. Sea en una foto, una canción, un dibujo o una historia. Porque cuando llega y rebalsa por los canales del mensajero, esa información codificada deja de ser suya y pierde el control de su longitud de onda. Se reformula en una semilla que salta al viento para germinar algún terreno fértil que encuentre.

Las palabras fueron creadas para ser responsables. Sucede que son tan poderosas que pueden cambiar el curso de la historia personal y compartida, colectiva. Pueden contagiar energía de la buena o destrozar una psiquis para sembrar oscuridad en la vida entera.

La palabra es sonido de la mente. En el modo único de combinarla hace eco la resonante personalidad de quien la escribe; su ego, su humildad. Rebuscado, ácido, intrépido, detallista, soñador, minimalista, megalómano. Esa esencia inajenable se escapa entre las letras como lo no verbal se escabulle por las manos.

Las palabras son espirales de desambiguación porque una vez escritas, sus ideas siguen reformulándose en ese viaje que no tiene medición. Ya plasmadas en cualquier soporte son un boleto de ida al universo personal y cósmico; con parada obligada en las cuerdas que afinan la mente con el corazón y estadía prolongada en el núcleo donde la conciencia se transforma para empezar otra vez el recorrido.

Juli Biurrún

lunes, 14 de julio de 2014

Redescubrir el poder del cerebro

Un repaso por los dichos de Estanislao Bachrach en Neuquén

Estanislao es Doctor en Biología Molecular. Se recibió de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y continuó sus estudios de maestría e investigación en Europa y Estados Unidos. Tras una crisis emocional por un choque de intereses laborales emocionales, se inició en prácticas relacionadas al hacer holístico. Yoga, meditación, reiki y espiritualidad entre otras, fueron algunos de los caminos que recorrió para reencontrarse con el equilibrio perdido.

En esa búsqueda puso en práctica con él mismo lo que había estudiado sobre neurociencias durante más de quince años. Como un nerd confeso sistematizó en acciones diarias una serie de tips que la ciencia comprueba, optimizan el funcionamiento del cerebro y mejoran su rendimiento para el uso más eficaz. Así se convirtió en divulgador científico y publicó el best seller "Ágil Mente". Lo que se escribe de acá en adelante es algo de lo que él nos cuenta.

Para empezar el recorrido hay que hacer hincapié en que desde épocas  prehistóricas, el cerebro humano está preparado fisiológicamente para ahorrar energía. En tiempos de cavernas las personas vivían en estado de alerta permanente por posibles ataques de animales salvajes. En consecuencia, para responder con velocidad, escapar y sobrevivir, necesitaban disponer del mayor flujo de energía posible. De ahí el “instinto cerebral” de conservarla para la mejor reacción.

A medida que el homo evolucionó su cerebro lo hizo en tamaño y complejidad. La parte más antigua se denomina Reptiliana y es la que responde al instinto. Se ubica en el centro de la masa. La segunda es la Límbica que recubre a la primera y se vincula con lo social y emocional.  Por último apareció el denominado Córtex que se sitúa en la parte frontal de la cabeza y es el encargado de la razón y la lógica.

Para imaginar el tamaño del Córtex podemos visualizar al espacio de un metro cúbico dentro de una galaxia”, explicó Estanislao. Este sector ínfimo materialmente es el responsable de las funciones cognitivas del sujeto. El analizar, comprender, memorizar e inhibir otros pensamientos para procesar el entendimiento ocurre allí.

También hay que tener en cuenta que la palabra mente no es sinónimo de cerebro. El último se refiere específicamente a lo físico del órgano: Las conexiones neuronales y sistemas que se desarrollan en él; mientras que la mente está conformada básicamente por las emociones. La dialéctica entre ellas las modifica y retroalimenta continuamente. Es decir que la mente moldea al cerebro con el ejercicio de los pensamientos y el cerebro interviene en la mente a través de reacciones químicas.

En este sentido aún en estado adulto, “somos como niños cuando se los estimula durante su desarrollo. Si destacamos hacia nosotros mismos lo positivo, los resultados se optimizarán y la mente se fortalecerá en esa dirección”, aseguró Bachrach. Por otro lado, si algo fallara a nivel sintético, su funcionamiento y respuestas se verían modificadas.

En este punto surge una salvedad obvia pero no menos importante: Nada de lo anterior se alcanza sin el trabajo necesario de enfoque, energía, intención y búsqueda. El conocimiento e indagación conciente en uno mismo es lo que conduce a mejores resultados.

Por otro lado, los avances de las neurociencias desestiman el mito de que se usa solo una parte del cerebro. Investigaciones develan que se utiliza la totalidad del órgano pero no al mismo tiempo; sino que cada vez que se emprende una acción, se activa el dos por ciento de la región comprometida con esa función. A modo de metáfora Estanislao presenta a la mesa encefálica como una ciudad de noche en la que las luces se prenden y se apagan, titilan constantemente y cada vez que se hace algo, la parte del órgano que responde a esa acción se enciende.

En consecuencia el hacer casi en simultáneo actividades que implican el uso de la misma parte del cerebro conduce a su estrés y por ende, a disminuir la eficacia y creatividad en las respuestas. Por este motivo surge con frecuencia la sensación común de “estar cansado”, como característica compartida por mal uso de la energía del cerebro. Sucede que la dinámica de los tiempos que corren hace sentir y creer que se puede “hacer todo al mismo tiempo”, pero por ahora somos infinitos mortales.

El multitasking no existe porque cuando pasamos de una actividad a otra, se activan diferentes partes del órgano y en consecuencia, no se realizan las funciones cognitivas al mismo tiempo, sino que como la ciudad de noche, sus lamparitas –sectores- se prenden y apagan cada vez que se activa una región. Eso estresa el cerebro y disminuye su efectividad”, explicó Bachrach.

No ocurre lo mismo con actividades simultáneas que implican el uso de partes diferentes. Por ejemplo, al andar en bicicleta y escuchar música se utiliza el sector auditivo y motriz; sus usos no se interrumpen y por ende no disminuye la eficacia de la acción.

Otro mito popular es que una vez cumplida determinada edad el cerebro comienza a deteriorarse y pierde la capacidad de incorporar conocimientos nuevos con fluidez. La verdad cuenta Bachrach, es que el cerebro es como un músculo y como tal, necesita de la actividad para su buen funcionamiento.

Él asegura que en función de su plasticidad (comunicación entre neuronas y percepción de estímulos) se puede aprender hasta el último día de la vida. En este sentido destaca la importancia de los desafíos para mantenerlo entusiasmado, despierto y vivaz. El jugar al ajedrez, leer asiduamente, estudiar idiomas y resolver problemas de lógica son algunos de los tantos ejercicios para la mente. 

El cerebro de ella y él
El cerebro de la mujer es más pequeño que el del hombre. El de ella está preparado para realizar al mismo tiempo más acciones que involucren diferentes partes del órgano, mientras que el del hombre, trabaja de manera práctica y por compartimentos. Es decir, de a una cosa por vez.

Otra diferencia importante es que el cerebro de la mujer es más comunicativo, intuitivo y empático consigo mismo y los demás. La historia de su atributo data desde la aparición del homo hace cien mil años. El lenguaje tardó sesenta mil años en surgir y durante ese tiempo, la comunicación no verbal fue al directriz de todo.

Estas capacidades se impulsaron en ella por su necesidad de comprender por qué los niños lloraban y discernir por ejemplo, cuáles plantas eran venenosas y cuáles no. Por otro lado, las tareas del hombre se basaban en la caza y vigilancia de posibles ataques. Estas aptitudes en combinación fueron fundamentales para la preservación de la especie y quienes las tuvieran mejor desarrolladas podrían sobrevivir y garantizar su continuidad.

Otro dato interesante radica en por qué generalmente la mujer tarda más tiempo en olvidar incidentes que para los hombres se disuelven más rápido. Y lo positivo es que esta característica tiene nombre y apellido científico. Se trata de la serotonina también conocida como “la hormona de la felicidad”, que puede permanecer hasta tres años en el torrente sanguíneo femenino. Este tiempo que tarda el organismo en sintetizarla afecta por su adhesión y repercute en los estados de ánimo.

Encontrar tu mejor curva
Estanislao propone también una curva óptima de funcionamiento cerebral para cada persona. Se trata del momento en que las hormonas dopamina y noradrenalina están en equilibrio. La primera está relacionada con el nivel de entusiasmo e interés con que se desarrolla una actividad y la segunda, con el grado de atención que se mantiene en el acto.

El científico sostiene que ese momento se da en la mayoría de las personas cerca de las diez de la mañana, pero la apreciación varía según el caso y en eso radica la importancia del autoconocimiento.

Él destacó que en países como Finlandia ya no se hacen reuniones laborales después de las cinco de la tarde porque a esa altura del día, el cerebro está cansado y la mayoría de veces los involucrados se arrepienten de las decisiones tomadas en ese contexto. Bajo esta premisa asegura que es cualidad de buen jefe estar al tanto de las mejores condiciones de rendimiento de sus empleados para potenciar su desempeño.

Conocer nuestro modo de funcionamiento, recuperar la no vergüenza infantil de preguntar e imaginar que las fantasías pueden ser algo concreto; es reavivar y reactivar el poder de un cerebro que es como un microcosmos y carga en sus neuronas con miles de años de aprendizajes, memorias y evolución.


 Juliana Biurrún

viernes, 11 de julio de 2014

Optimizar el uso de energía

Y ocurre que soy una curiosa intensa de lo relacionado con un Todo de colores brillantes. Por eso muchas historias que escribo frecuentan el tema. Hay miles de cosas sobre las que podría hacerlo, pero siento que plasmar la introspección es devolver la gracia de vivir esos momentos. Desde que baja por mis dedos se envuelve en un regalo para quien lo quiera recibir.

En este dejar ser de la búsqueda y curiosidad las vibraciones se acercaron y en
consecuencia surgieron vínculos nuevos y sumamente enriquecedores. Como escribí el otro día, esto que se llama vida es también un “ciclo camino” para exprimir y comer hasta la pulpa de la naranja porque nada es desechable. Aunque se pase de tiempo en el canasto de frutas, esa cáscara medio podrida es fértil dentro de la tierra.

En este contexto aprendí que la diferencia es algo superficial y que en realidad no existe. Se trata de fachadas, personajes, egos, rechazos y afinidades que nos acercan o alejan cuando construimos los círculos que comparten el código. Y por una sinergia independiente a nosotros, los bordes de esos círculos con frecuencia se tocan. Basta con pensar en la gente que conocemos, en las personas que nos resultan indiferentes o las que en algún momento detestamos con intensidad. Y después de repasar esa lista, observar la cantidad de puntos que surgen en común.  

Porque todo es causalidad y los peores enemigos son también los mayores maestros. No porque sí rebotan en el campo comentarios y actitudes que pueden molestar. Indagar en ellas y comprender que los estímulos se interpretan de manera diferente en cada cerebro parece una frase hecha y evidente. ¡Lo es! Y científicamente testeada. Por eso desgranar y aceptar esas diferencias es convertirse en un transformador. 

En esta vía, lo que nos moleste de los demás, lo que nos desilusione cuando esperemos algo o lo que nos irrite cuando no concibamos determinados modos; no amerita que tener la fuerza suficiente para corrernos del eje y desarticular el equilibrio. Atención, esto no significa volverse en una bolsa de boxeo; pero cuando los golpes ocurran porque es inevitable, empezar por tomarlos, entenderlos y dejarlos pasar para regenerar la zona afectada con capas de piel más limpia.

Somos más poderosos que cualquier autoatentado de ira o desilusión. Porque nuestra mente nos moldea y el enfoque de la actitud es la definición de todo resultado. No tiene sentido malgastar energía en emociones que no enriquezcan; pero sí multiplicarla para la propia transformación.

Yulais

lunes, 30 de junio de 2014

Ver el tigre

Lo más extremo que se nos presenta cuando pensamos en la desgracia es la muerte -y me refiero sólo a la que ocurre en orden natural- la otra no tiene nombre. El miedo y el dolor que despierta desde una perspectiva si se quiere “intelectualizada”, son producto del ego que dice que con ella, la existencia desaparece y los cordones umbilicales del camino se desvanecen en el agujero de la nada. 


También se puede pensar que lo anterior no es real y que cuando el momento llega, la Esencia de la persona emprende un viaje indefinido por los confines del universo. Interpretado de esa manera hasta parece un suceso interesante. 

Entonces allí en estrellas lejanas, la esperarían aventuras inimaginables para este terreno; repasos y balanzas, plumas y pesos, supernovas en canal directo. Flotaría en el Absoluto donde el tiempo desaparecería y la velocidad de sus no formas superaría la concepción mundana, mientras los pensamientos se desplazarían en la sincronicidad eterna del presente infinito. Todas las alternativas son posibles hasta donde llegue la rienda suelta de la fe, la imaginación y la memoria de los instintos. 

Como soñar no cuesta nada y es más efectivo que la vacía incredulidad, en este ciclo camino de ir y volver, voy a sembrar una afirmación para el mañana de un año sin número: Ser una persona que elije ser feliz y trabaja por construir un mundo de magia a su alrededor. Aunque tenga épocas grises y días negros. Aunque me pierda en la Tormenta Roja de Júpiter. Aunque a mi novio le aburran mis inquietudes y aunque a veces me invadan los malos recuerdos. Porque si hay algo que festejo fuerte es que todo es transitorio, transformador y que por ende, la destrucción de las barreras es el camino más real para mantenerse del buen costado.

Juliana Biurrún

martes, 24 de junio de 2014

Camino a Roma

En situaciones límite la persona descubre su esencia y su auténtico potencial. En esos momentos reflota lo bueno y lo malo que tiene adentro. Y con toda la verdad afuera, en medio de ese remolino de contradicción, florece su mejor versión.

Porque las historias más tristes de la vida son también renacimientos. Su nobleza obliga a dejarse ser en la curiosidad y revelar así pasiones nuevas para redefinir con ellas sentires y conceptos.

De ahí la infinidad de palabras y pensamientos que hay por descubrir; las racionalidades más diversas para indagar en los miles de versos escritos durante miles de años que llevan al mismo lugar. Hacia el espacio que se unifica entre vos, yo, el hermano del siglo pasado y la hija que voy a tener mañana. El paradójico destino individual y compartido; indefinido, sabido al fin.

Juli Biurrún

sábado, 7 de junio de 2014

Ser

Me movía como una rana. Flexionaba y estiraba brazos y piernas al mismo tiempo. Mientras avanzaba dejaba una estela de ondas con el contorno de mi cuerpo. La energía de ese movimiento se repetía más allá de mi, se reproducía a mi alrededor. Se fundía con ese alrededor. Con esos movimientos yo era en el alrededor.

En el aire se repetía el efecto. Con los mismos movimientos podía volar, volar en estado horizontal. Podía moverme con igual facilidad en los ambientes. Yo era en los estados, en el aire, en el agua, en el azul.

Todo ese movimiento que se expande habita en mi, mora en mi cuerpo. Desde siempre viene conmigo. Desde hace tanto tiempo que no lo recuerdo. El se reinyectó aquí en esa explosión que fue mi fecundación. Y se reproduce como eco cada vez que me muevo.

No necesito nada. Esa magia vive en mi. La escucho, percibo sus ondas en el aire. La siento, como siento el placer en lugares que no veo. Como siento a mis ovarios cuando se estrujan entre relámpagos que anticipan la tempestad.
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Somos iguales, vos en mi yo en vos. No necesitás nada, solo recordar que está ahí. Redescubrir tu poder innato, eterno. Transformarte a tu esencia, renacer en fuego, aire, agua y tierra desde tu pecho. Reconocer al ancestro de tu conexión botánica; el que se estira hacia arriba y adelante para tocarse con los rayos. El que sigue la luz del sol para materializar la alquimia mágica de los cloroplastos y la fotosíntesis en tu cuerpo.

Juliana Biurrún

Él es Luno

Este gatito es especial, como todos. No es porque sea negro y mágico, ni dócil y compañero. Ni mucho menos porque sea hermoso.

Su historia se remonta al año 1994 cuando iba a cuarto grado. Los que me conocen saben que siempre fui amante de los animales. Por lo menos desde que tuve la libertad para ir sola a la plaza del barrio y encariñarme en una tarde con un perro que anduviera solo por ahí.

Así pasaron por casa las perritas Sorpresa, Solita; llegó el gato Abrojito y después Samantha. Ella fue mamá de Samantico, el único sobreviviente de una cría de cinco hermanos de los que tres nacieron prematuros y el último fue muerto después de nacer; estimamos que por aplastamiento y asfixia de su madre que lo parió cinco horas más tarde dentro de un cajón, mientras todos dormíamos.

Samantico fue una edición especial de felino. Todas las mañanas me seguía cuando caminaba al colegio que quedaba a unas cuadras de casa. Era un clásico volver para llevarlo porque tenía miedo de que se perdiera o algún perro lo lastimara.

Su final no fue bueno. En aquella época ya cerca del 2000, una vecina tuvo un rapto de locura y maldad que desencadenó en el envenenamiento a varios gatos de la cuadra. Tiempo después supimos que dejaba carne con estricnina en la entrada de su vivienda.

Samantico volvió a morir a casa. Su cuerpo estaba tieso y de su boca salía espuma blanca. Ni siquiera alcanzó a entrar y apenas llegó hasta el patio de adelante. Ese fue un acto de amor enorme que desestima las creencias de que los gatos no son fieles.

Pero empecé contando que la historia de este gatito del presente se remonta a 1994, cuando en un intervalo sin mascotas le dije a mamá que quería un gato negro. Poco tiempo después ella llegó con una gata blanca, muy peluda y de ojos azules. Se llamaba Petunia.

Los años pasaron hasta el 16 de abril de 2014, fecha que se anunció durante semanas por la luna roja que iba a reinar el cielo. Aquel día mientras la noche se empezaba a asomar llegamos a una casa por un papel pegado en una veterinaria. El chico que vivía allí había rescatado a tres gatitos abandonados en la calle San Martín. Uno era naranja, el otro negro y el último tricolor.

Cuando lo vimos por primera vez era muy chiquito y tenía los pelos parados; era hiperquinético y estaba enojado. Decidimos llevarlo. Por sobre todo era extremadamente tierno y lo más importante, nos elegimos en el primer encuentro. Era negro como la noche y su luna de renacimiento sería de color sangre. De ahí su nombre Luno.

Durante horas él se escondió detrás de la heladera mientras yo rezaba porque se tranquilice. Tras varios intentos por sacarlo del escondite, corrimos el bulto y me senté en ese hueco. Lo acurruqué en mis brazos. Podía sentir su miedo y hacía fuerza con mi corazón para que se calme. Minutos después tuvo su primer ronroneo. Y para mí fue mágico. Me sentí mamá, no te rías.

Reencontrarme con esa criatura pura y repleta de sentimientos fue reconectar con el origen. Hoy llegar a casa y verlo asomarse por la ventana enciende el calor del hogar. Mirarlo acercarse con cara de dormido me recuerda que todo está bien. Aceptarlo en su excitación cuando me besa incansablemente el brazo me reafirma que está tan loco por mí como yo por él. Descubrirlo tan dócil y amoroso con los amigos me asegura lo rodeados de buena gente que estamos. Atajarlo cuando se está por caer del sillón enroscado en su propio cuerpo por un estado profundo de ensoñación me despierta protección ante la vulnerabilidad. Entender su impulso cuando salta y clava sus uñas en mis piernas para que lo abrace ejercita la empatía de comprender que él no quiere lastimarme y solo quiere cariño. Todo esto me resulta extremadamente tierno.

Admirarlos en su independencia y elegancia revive el afecto por los gatos. Asombrarse con la majestuosidad de su destreza y la luminosidad de su velocidad revaloriza la adoración a su especie. Él es como es y aceptarlo como tal es parte de lo que estas criaturas nos enseñan. Reflexionar sobre su fortaleza y fragilidad, nos incita a pensar en la magia y sabiduría de la creación.

Mientras escribo él está acá, conmigo, ronroneando sobre mis piernas, contagiándome su ternura. Inspirando mi amor.
Gracias!


Juliana Biurrún

Magia II

Tuve un sueño. Estaba vestida de blanco y dibujaba con mis dedos el número ocho mientras flotaba horizontal. Ahora que lo pienso ese es también el símbolo del infinito.


Era tan real que sentía entre mis nervios la templada adrenalina del océano. En mi sueño todo era posible y me movía sobre la cresta de una ola entre miles de luminas que brillaban sobre mí. Eran hadas y sílfides del aire que bailaban en espiral con los brazos abiertos y sus pechos mirando al cielo.

En mi sueño todo era de color blanco mágico y no sentía miedo por nada. Ni de las criaturas que se escondían en el fondo negro del mar, ni de las arpías que se disfrazaban de mujer sensual. No preocupaban los obstáculos ni la muerte y tampoco me asustaban los precipicios o los volcanes en erupción.


Y fue un sentimiento real, mágico, palpable para mi corazón que no tiene vergüenza de latir en lo que parece fantasía. Caballo corazón que galopa con energía inagotable.

Juliana Biurrún.

Magia I

¿Qué es lo primero que ves en tu mente cuando suena la palabra magia? ¿Calderos? ¿Pociones? ¿Túnicas negras? Yo pienso en blancos y dorados. En destellos de estrellas azules que viajan tan rápido que vienen desde el pasado y ya son el futuro. Esas estelas atraviesan todo el cuerpo de mi piel.

Y titilo, titilo fuerte porque toda la luz que hay alrededor todavía no alcanza para todo este cielo. Hay que iluminar el barrio entero, la ciudad. A toda la familia, los amigos, a todos los enemigos.

No es suficiente con que vueles como un águila y alcances a beber el néctar de la flor roja. El aire de tus alas tiene que llegar a los pájaros que todavía caminan por el suelo. El polen de tu campo tiene que viajar en el polvo para esparcirse como semilla en la superficie alrededor.

No es casual que necesites hacerlo. Sucede porque que descubriste a la magia o la magia te descubrió a vos. Y cuando esa gracia emerge de lo profundo del estómago se transforma en servicio del alma, en un trabajo del dharma. El que sabe debe… comunicarla, compartirla, acompañarla. Hacerla real.


¿Parece demasiado? En el recorrido van a aparecer todo tipo de criaturas que intenten desestimar tus ideales, humillar tu credulidad. No tengas miedo. Legiones de bondades corren en tu misma dirección.

Juliana Biurrún.

viernes, 9 de mayo de 2014

Sobrevivir el plantón

Diarios de viaje III

Los viajes se revalorizan en las aventuras. Y las aventuras, por supuesto, están ligadas a situaciones extremas. ¿Acaso ya escribí alguna vez sobre el placer de estirar los límites de lo pensable?

Esta fue otra experiencia que puso a prueba la tolerancia en la adversidad y la capacidad de soportar la hostilidad en el propio cuerpo. Y vaya sorpresa, son resistentes las células que cubren nuestra piel.

Eran las 7.30 de la mañana y estábamos rumbo al distrito mexicano de Palenque, zona conocida por sus cascadas de paraíso y las ruinas mayas que enaltecen al Rey Pakal y la Reina Roja. La ruta era suave y sus paredes selváticas inundaban de humedad y aire fresco el camino.

De repente nos topamos con un cúmulo de autos que no podían avanzar porque en la bifurcada entre destinos, un “plantón” de camionetas y vecinos interrumpía el paso. Esto que conocemos como “piquete” en Argentina, se repite en Latinoamérica impulsado en todos lados por el mismo estímulo: Reclamar por promesas incumplidas y trasladar la carencia a la repercusión cotidiana.

Los autores del hecho eran pobladores de la zona que se manifestaban por el mejoramiento de nueve kilómetros de ruta. Era un pedido reiterado que había sido silenciado tiempo atrás por dinero puesto en manos de sus propios voceros según dicen. “Los gobernantes entregan plata a los dirigentes y con eso los hacen callar y calmarse un tiempo; pero no solucionan nada, los problemas persisten y al tiempo vuelven a reflotar”, nos contó Ángel, un arquitecto mexicano con quien entablamos amistad por aquellas tierras.

Las horas pasaron y acumularon kilómetros de autos, camionetas y camiones de alimentos varados una ruta de contexto selvático. La sombra empezó a desaparecer y el asfalto a volverse brasa. Nadie estaba preparado para soportar el plantón y no había agua para beber. Paulatinamente las caras empezaron a mostrar sufrimiento y los ojos a caer de desesperación. Las pieles de color tostado natural comenzaron a enrojecerse y las gotas de transpiración grandes como perlas de collar fantasía, a suicidarse por los brazos, cuellos y manos.

La situación se volvió tan insoportable que los transportistas emprendieron a vender jugos que trasladaban para la entrega en comercios. La gente exhausta se acostaba debajo de los vehículos más grandes y se escondía entre la vegetación de alrededor para cubrirse del sol. Allí la temperatura es realmente agresiva y a los casi 50 grados que suelen haber, se le suma la humedad constante que potencia la adversidad del clima. No en vano le llaman “la época de la canícula” a un periodo cercano al día de esta historia.

Así alcanzamos las seis horas de espera en un estado que no daba tregua. Pero la naturaleza de supervivencia que apadrina el instinto nos llenó de fuerza para transformar la situación y pasar el rato lo mejor posible. Interactuamos y nos llenamos de información enriquecedora sobre la realidad del país. Conocimos personajes de los que todavía escucho el tono de su voz cuando los recuerdo. Incorporamos lenguaje nativo para las anécdotas y conocimos una vez más y por suerte, el lado b que se vive en la clase turista, más no en el turismo empaquetado.

“Sacar belleza de este caos es virtud” y sin dudas hoy, “el infierno está encantador”.

Juliana Biurrún