viernes, 25 de enero de 2013

Sobre la belleza


La bondad embellece a la gente y cuando un sujeto es capaz de percibirla en alguien más, su nivel de parcialidad aumenta hasta que inevitablemente, se convierte en alguien bello para esos ojos (no necesariamente atractivo). Para que esto suceda no es necesario compartir un nivel profundo de conocimiento, sólo alcanza con sentir la vibración que emana esa persona desde la mirada y el tono de su voz.

Los parámetros tan distorsionados sobre este tema que conviven en el colectivo cotidiano, chabacano y superficial, alisan las psiquis de montones de señoritas que se deprimen cuando ven que su cola tiene forma de cuadrado y no se parece a las manzanas que salen por TV. En este falso paradigma mediático que propone a la belleza superficial como una especie de “valor supremo” (y donde los egos que las portan se vuelven intocables por hermosos), se deforman las bases en los modos de relación para con los demás y la manera en que se presentan ante el mundo.

Los métodos de atracción más básicos, como los autos tunning, las remeras apretadas, las risas falsas y los excesos de push up, generan tribus que se imantan entre sí con otros especímenes tan aferrados como ellos mismos a esa presunción absurda de atractivo.

La gravedad del asunto radica en que la búsqueda de seguridad personal justificada en ese costado, debilita a los protagonistas en su centro y como consecuencia, enflaquece las raíces de vínculos que podrían surgir alrededor.

La belleza es en parte resultado de lo que vive natural sin pretensiones de exacerbación, de la percepción propia de uno mismo y su consecuente repercusión en los demás. Se encuentra en ideas y palabras, en talento y creatividad para la actividad que sea, en seres pensantes que buscan aportar algo de sí para suavizar el caos y estimular los cambios. 

La belleza vive en lo que se conoce campechanamente como la buena gente. Por eso los agraciados nacidos con buen porte, deberán saber que en él no concluirá la búsqueda y que el hacer abuso de su condición, podrá derivar en el perjuicio de lo efímero y el placer cercano; ese que caduca cuando se apaga la luz (o se deja prendida) y las palabras, sólo las palabras, se erigen como columna del encuentro.

Hasta la próxima!

Ju

sábado, 19 de enero de 2013

La exploración del ser

El auge de las terapias alternativas, el crecimiento en lo cotidiano de personas con sensibilidades especiales que leen a través de tu ojo, el consumo de plantas sagradas y frutos de la naturaleza para elevar el estado del ser o sacarlo del status quo permanente, son algunas de las aristas que proponen nuevos modos y anteponen la duda sobre los límites de lo válido en la exploración del ser.

El encuentro con el lado oscuro de uno mismo, el temor por lo desconocido y la incertidumbre sobre las alternativas de reacción, son factores que restringen la búsqueda en los sectores más escépticos y creyentes del no creer sin ver. Producto de la negativa a salirse del hospedaje seguro donde duerme la comodidad, éstas preguntas viven como tales y no buscan ni encuentran en su camino un señor acertijo que las resuelva.


En este terreno la sanidad y preparación mental son fundamentales para cualquier proceso de exploración que se inicie. Es la conciencia de saber que no somos todo esto que vemos y pensamos, sino que nuestro espíritu carga una potencialidad que desconocemos y enraíza su brillo en una matriz que nos trasciende sin ser inalcanzable.

El aceptar creer y asumirse creyente de lo que se siente y traspasa lo que somos desde ayer hasta la puerta que se abra con la muerte, resulta fundamental en este crecimiento. Es la base de la sabiduría que radica en la bondad como disparador de todas las energías que circundarán después. 

Necesitamos autodescubrirnos y ser redescubiertos para mirar desde adentro y eliminar todo tipo de acuerdos heredados desde los que se volvieron duros y se olvidaron o resignaron a buscar. Ésta camada necesita erigirse como guerrera de la luz, aunque suene cursi pensarlo y más escribirlo, de una nueva ola que busca derramarse en sus alrededores por saber que su hidráulica es el camino para el cambio.

En este proceso de descubrimiento los riesgos valen más que los límites y los miedos inherentes. Y con esto no se apela a la acción de inconsciencia lisa de tomar cualquier vía en el afán de seguir una tendencia o explorar la más desconocida de las locuras; sino a la lucidez de sentir y saber que somos más allá de nuestro horizonte para volvernos así, exploradores de nuestra propia mente.             

Hasta el próximo ataque zen.
Juli


martes, 8 de enero de 2013

Karma y conciencia: La ignorancia elegida

Lo efímero de la vida. Nuestro rastro en la tierra. Su continuidad desde la influencia, los vínculos y los recuerdos.

Lo que dejamos. Lo que fuimos y nos trasciende. Nuestra descendencia espiritual. Las redes invisibles.

Las consecuencias que desconocemos. La bondad que nos vuelve y lo malicioso que llega por dos.  

Las fuerzas incorpóreas que nos atraen entre nosotros y nos hacen amarnos, detestarnos o pasar por al lado sin sombra.

Es tan fugaz que sucede sin darnos cuenta. Un accidente, una enfermedad. Lo no dicho y lo elegido no decir, por vergüenza, orgullo. Por dejar para después.

Y cerrás los ojos, contra tu voluntad te quedás dormido. Con esfuerzo intentás permanecer aquí, pero un poderío impalpable, superior, invencible, te gana el juego. Llega sin avisar, tal vez no escuchaste sus mensajes.


Son fuerzas invisibles que operan entre nosotros vestidas de miedos e intuiciones, de posibles y pensamientos recurrentes que aparecen como pop ups de sitios web, para recordarnos lo que decidimos no escuchar, no pensar, no considerar. El potencial que resolvemos ignorar.

Y como un relámpago en el cielo se manifiesta, lo vemos por el rabillo del ojo. Cuando suena el trueno abrimos los párpados, nos asustamos. Tememos que del cielo caiga una roca gigante capaz de destruir el barrio entero y con él toda nuestra historia.

Ya es tarde. Las casas se derrumbaron y el trueno se lo llevó entero para siempre. Solo nos quedan los recuerdos y el peso de la conciencia por el haber podido. La presencia amarga de una discusión en vano mal encausada. La mochila con carbón usado que quema en la columna por las brasas encendidas. El calor abrasivo y punzante, que se cuela entre las vértebras y despierta una sensación tan fuerte que no se sabe si es dolor o sólo algo muy intenso que escarba la dermis.

Se queda ahí, incansable, en la parte etérea de tu ser, en la memoria del alma. En la sensación que te traspasa la vida, en el hilo que te ata desde aquí para siempre. Hasta que el daño por lo no hecho (o hecho) supere sus límites y de una vez por todas, realcances el equilibrio para saldar el error. En el durante, tus decisiones serán como loopers que navegarán por el aire, volviendo, una y otra vez a punzar en tu historia, hasta que en alguna parte de su línea irregular, elijas el camino correcto.

Hasta dentro de breves ratos.
Juli Biurrún.

lunes, 7 de enero de 2013

El ego, el falso centro

La diferencia entre ego y autoestima es abismal. Además del reconocimiento del “yo” en el psicoanálisis y del aprecio excesivo de una persona por sí misma, es la “desvirtuación” para el mal costado del amor propio. Por el contrario, la segunda entendida como la percepción evaluativa y tendencia del comportamiento amoroso hacia uno mismo, representa la parte óptima del bien ser y el sujeto sano.
Todos somos especiales y como seres sociales, dignos del reconocimiento incondicional de uno mismo hacía sí, de los demás hacia uno mismo y viceversa. Por eso el concepto de autoestima resulta tan fácil de corromper cuando busca su alimento fuera de la propia persona; en lo material o la aprobación necesaria de terceros cuando en realidad, su fortalecimiento se trata de una búsqueda mental y espiritual en la que el sujeto se vale de su dignidad.
La reafirmación constante de los dotes propios desde el ocultamiento excesivo de los defectos, es sinónimo de un centro corrido de lugar; de un ego con sobrepeso y una autoestima con cimientos de barro. El falso centro en estado pleno de corrosión al valor verdadero de los sujetos, tantas veces cegados en lo superfluo de adulaciones huecas.
La autoestima implica aceptación mientras que su opuesto, empuja la conducta hacia la creencia de ser la versión mejorada de las cosas sin alternativa aparente. Tiene que ver con la reacción de la mente a un vacío profundo de protección ante la inseguridad. Por lo tanto, podría encausarse en la acción analítica de visualizar los por qué del corrimiento hacia lo pedante y narcisista, e integrarlo en la conciencia de saber hasta dónde una acción o atributo autoimponen a la persona falsamente en un pedestal.
El ego es también un reactor a estímulos externos que requieren la claridad de distinguir su verdad y hasta dónde rozan lo falso. En épocas donde la exacerbación pública de los afectos y las redes sociales habilitan la posibilidad de halagos en demasía, el ego se atraca como un gato cuando encuentra la bolsa de alimento y se la come entera mientras sus dueños duermen.
Por lo tanto la tan buscada sanidad, consiste en el amor propio desde la aceptación de los defectos y virtudes; sumado a la valoración espiritual desde el conocimiento de las potencialidades y vicios necesarios de corregir para alcanzar el equilibrio más completo. Desde esa estabilidad surge la bonanza armónica y por efecto derrame, se traslada a todos los aspectos del ser. 

Hasta una nueva historia!
Juli Biurrún