lunes, 27 de agosto de 2012

Una historia de luces y tentaciones...


Era más rico que el postre nuevo de Bonobón. Incluso cuando mordió la empanada y el jugo de la cebolla se desparramó entre sus dedos, todavía parecía sabroso. En un rapto de inconsciencia instintiva, pensó en arrebatarlo para llevarlo hasta la zona roja de Holanda y ser la única clienta durante los treinta días del mes.

Una no está preparada para tanta metralleta de masculinidad junta. Algunas apenas esperan que el sujeto de su cita se lave los dientes y tenga el comedor completo. O, con pretensiones más amplias y exquisitas, sepa hablar y no tenga errores de ortografía. Eso es absolutamente excluyente y fundamental.

Juan Cruz Pertticone era codiciado y cumplía con todos los requisitos “estereotipables” para la sociedad. Era el último soltero por el que las desquiciadas con vuelo estaban dispuestas a arrancarse los ojos. Pero él era selectivo, no cualquiera le venía bien (cuando no se trataba solo de sexo).  

Buscaba una fémina similar a lo que era: Una chica con ideas, perspicaz, divertida, espontánea y con cero prejuicios para drogarse una noche entre amigos y alcohol. “Una dama en la calle, una señora en la casa…”, una puta en la cama y una más entre sus guachos. Él pensaba que esa especie se había extinguido y ellas creían que él era fácil de complacer. Eran ingenuas y rozaban la estupidez. De primera no habían entendido y de segunda ya no cuajaban en su perfil.

Él estaba con muchas pero quería a una sola. Sin conocerla la soñó noche tras noche, hasta que las circunvalaciones de su mano lo llevaron a cruzarla momentáneamente un fin de semana a la salida del teatro. En un instante la recordó como el flash de una foto reposada en su memoria dormida. Y, aunque todavía no la había tocado, sabía que sus labios tenían sabor a eucalipto. 

Ella era del aire, una mujer libre que venía del costado del muro donde no gobernaba ningún rey. Él la había dibujado en su imaginación hasta aquella noche, cuando por fin materializó en su retina la imagen de su reminiscencia ancestral.

Desde que se encontraron, todo tipo de fuerzas extrañas trataron de separarlos. Eran codiciados por igual, con buena o interesada intensión. Eso despertó a los demonios que vivían en lo más alejado del muro. Con un aleteo fugaz, se disfrazaron de hombre, mujer y placer; incendiaron el peaje y se subieron a la ruta para entorpecer su camino. La tarea parecía sencilla, solo tenían que seguir una esfera de luz que viajaba hacia adelante sin freno y rociarla con Tentaciones Camaleón.

Ella y él eran mortales, tan mortales como la inmortalidad. Animales carnales susceptibles de sucumbir a cualquier incentivo impulsado por el más vil de los goces. Su instinto de preservación de la especie, los llevó a caer en el rocío de los demonios varias veces antes de llegar a la meta final. Es que los demonios además de demoníacos, son persistentes y, aunque se les corte una cabeza, tienen ocho más para seguir demonizando.

Cuanto más intensa se volvió la carrera entre la esfera y las criaturas del otro lado del muro, más brillante se hizo la luz entre el codiciado y la mujer libre. Casi rendidos y obnubilados, los demonios se aliaron y aplicaron todo tipo de manipulación para llenar de clavos la ruta y hacerlos caer en el golpe más duro. Pero ignoraron que todos sus esfuerzos de división serían en vano. Cuanto más lo intentaron, más fuerza le dieron a la esfera para seguir.

Él la había soñado. Ella lo había descubierto. Juntos sintetizaron la bifurcada que los había alejado en el tiempo y acercado en la historia que empezaban a escribir. Con demonios caídos y ángeles despiertos que desde entonces los acompañan en cada paso, como seres andróginos y protectores que clavaron su bandera donde encontraron luz.

Y hoy así conviven, sin demonios, títulos ni proyectos. Son el uno en el otro, la vida en la vida misma. Después de tanto buscar, se encontraron una vez más y para siempre.
           

miércoles, 22 de agosto de 2012

Facebook: El escape imposible


Son pocos los que escapan con eficacia de la jungla virtual. Como una logia de rebeldes from the web, se resisten a plantar sus nombres en el perfil de cualquier red social, sea Twitter, Facebook, Google +, Fotolog o cualquier otra que haya quedado en el pasado de este agosto de 2012.

Pero al ser los menos, generalmente sus entornos integran el team de los más. En ese grupo, las implicancias de sus vidas sociales por un motivo u otro, terminan colgadas en la red. En una imagen de perfil, el retrato de una juntada loca, en la foto escaneada de la dulce infancia escolar o en el barrio. No importa por qué, pero siempre hay alguna razón para mostrar los afectos en el ciberespacio.

Con la nueva modalidad de time line, línea de tiempo, biografía, que la red cara de libro propone obligatoriamente a partir del 22 de agosto, las publicaciones realizadas y recibidas aparecen cual botón vestido de azul. Divididas por año, agrupadas en bloques. Los ex, las ex, los que no llegaron a serlo, los que fracasaron en el intento, todo reaparece ahí. Las fotos horrorosas de cuando usábamos ese peinado tan feo, los recuerdos geniales de todo lo bueno que fue, los recuerdos para el olvido que hoy te gritan ¡hey! qué bien te hizo el tiempo. Todo está ahí. Hasta quienes no quieren estar.

Si todo marcha como hoy, al cabo de unos años la red Facebook tendrá más archivos personales que los sujetos mismos. Más imágenes de las que alcanzamos a guardar y más registros sobre vínculos temporales de los que logramos registrar.

Apocalípticamente, tendrá más contenido explícito que nosotros mismos sobre actos y memorias relacionados a lo que alguna vez comentamos o nos gustó. Los botones sobre Registro de Actividad y Cronología Anual son como los carteles de Memento por toda la casa. Enhorabuena se puede optar por ignorarlos, actitud que presumo, será adoptada por la mayoría.

En esta línea de tiempo, ni siquiera quienes escaparon durante el apogeo de la web, resultarán ajenos a su caza. A no ser que sean unos ermitaños del Congo Belga o se escondan bajo el mantel cada vez que suene un click.

Aunque no quieras estar, Facebook te atrapa. Hasta los McGiver más ágiles que conozco, en algún momento x se encontraron con un sinfín donde no pudieron evitar su presencia. Por lo menos hasta hoy. En algunos años si me acuerdo de revisar la biografía, hago un recuento sobre la cantidad de caídos y te cuento. Espero no sean tantos como se sospecha que será.
                       
Hasta la próxima sesión de filosofía a bajo costo.

Juli

miércoles, 15 de agosto de 2012

Los interactivos*

Como el arena que rodea los oasis. Absorben cualquier pizca de humedad que ose acercarse.

El poder de captación se predispone por bajada innata como inversamente proporcional al avance de la edad. Dicho en Lengua: según la idea colectiva, ¿médica y psicológica?, a más grandes, más tiempo lleva aprender; a más chicos, más libres y perceptivos, intuitiva e instintivamente. En lo último estamos de acuerdo.

Pero los interactivos quiebran la regla. Se erigen militantes de los propios tiempos y del paso obligatorio por cualquier placer que dispare los sentidos. Caminantes de una vía lúdica, conscientes de la fuerza en la curva del río. Distanciados del anclaje innecesariamente temprano. Practicantes del amor y la fé poética, lectores de Dolina y Fabián Casas, de las crónicas de Cicco y el blog de Galeano en los ratos libres.

Interactivos libres y comprometidos con la elección de libertad, atados a las convicciones del tipo que sean. Sin tribu, sin clase; ni color, barrio o avenida. Ese lazo los impulsa como zombies cuando sienten el olor de los vivos. Es la conciencia de libertad que persigue su instinto.

Hasta una próxima noche de desvelo
Juli

- Foto y  edición de Andrea Jara

*Los y las