martes, 28 de febrero de 2012

Hasta la vista baby! Te espero con el bajo colgado


Cinco años con Cromosoma X. Una lluvia de estrellas fugaces ilumina el cielo que está negro e inmenso sin luz artificial. La primera imagen, un monoambiente dividido con durloc, una repisa llena de cds y afiches de recitales. Un bajo Faim tipo jazz bass negro y blanco, una mesa con un mantel de plástico con muchas frutitas y un teclado encima. Se le sumaban un par de violas y cuatro chicas: Las dos Andreas, Naty Mussoto y anto Raschia, quienes fueran tecladista y baterista respectivamente en aquella época de génesis.

Grabación del segundo videoclip.
Tema "Suerte" - Disco "Sangre".

Casi millones de historias se ramifican desde ese recuerdo inicial. Tengo tantas anécdotas para contar que no las puedo escribir todas sin convertirme en una relatora insoportable. Por eso voy a hacer una selección de datos arbitraria pero llena de amor, basada en nuestros más pícaros recuerdos.

Por aquellos días repartía mis fines de semana entre bicicleta por las bardas y ensayos en un garaje de Centenario donde hacíamos covers de Gustavo Cerati y Soda Stereo. Ahí en el medio llegué a Cromosoma, primero como invitada para tocar dos canciones, Caramelo y Masticable Ser. Eran temas bien de señoritas, donde se hablaba sobre del amor y la frivolidad cuando injustamente condenan al género.

Primero nos miraban raro, chicas intentando hacer rock. Éramos como bichos extraños dentro de la jungla rockera varonil que se disputaba este territorio. Obstinadas y bienaventuradas cabezas duras, el nivel de prejuicio era directamente proporcional a nuestro nivel de trabajo. Y lo mejor de todo, era que en ese proceso de afianzamiento personal, grupal y hasta social, la pasábamos espectacularmente bien.

En eso se había convertido Cromosoma. En un proyecto de verdad y consecuencia con prueba y error, en el que cada integrante aportó un condimento fundamental sin el que seguramente esta rueda no hubiera girado igual.

Vamos a empezar por orden de llegada. Primero Andrea Braun, la fundadora de esto, nuestra mamá cromosoma, la mujer siempre sistemática y atenta a todos, realmente todos los detalles. Desde llevar un alicate en la mochila para que la señorita bajista se corte las uñas antes de tocar, hasta tener una copia de cada canción o púas extras para que use la señorita cantante. Desde tener siempre un paquete de aceitunas en la heladera para convidarnos cada vez que le invadíamos la casa como hormigas hambrientas, hasta guardarnos alguna botella de fernet aunque deteste esa bebida espirituosa. Siempre con el consejo justo y la claridad necesaria. Siempre ella, humilde y servicial, Andrea TodoTerreno Braun.

Seguimos por Andrea Jara, la chica temperamental, pasional y sensible, tan hermosa y especial como esta lista clasificada de adjetivos para armar una bomba molotov con potencia infinita. Ella y su visión escénica de las cosas, la voz cantante en el rumbo de las ideas interdisciplinarias, donde todo de aquí en adelante dejó de ser un simple recital para convertirse en una puesta donde la atención a los detalles ilustraba lo que se veía después.
Aquí aparece quien escribe, pero estas líneas dejaré que las completen mis amigas. Ellas conocerán mejor la descripción que me toca.

Después se sumó Carito, el mismísimo Demonio de Tasmania tras los parches. Ella llegó para completarnos. Si algo le faltaba a Cromosoma era una mujer estable que cuide el arco con compromiso y dedicación, pero sobre todo con pertenencia y pasión. Se convirtió paulatinamente en nuestra hermanita menor, a la que cuidábamos y le contábamos cosas de la vida que nos hubiera encantado que nos digan a nosotras cuando teníamos su edad. Carito es nuestro gran orgullo, una mujer hecha y derecha, que sabe lo que quiere y va por ello. Y solo por arremeterse contra su destino es que mañana se va a llevar el mundo por delante. Sí, yo le tengo toda mi fe.

Hasta que llegamos a Yamila, última pero no por eso menos importante. La gran saxofonista, mi gran cómplice. Ella y su “que hacés loka” que te reciben siempre. Mi pata derecha sobre el escenario y en sentido literal, la mirada que habla sin hablar y comparte pensamientos mudos mientras suena la canción.

Y así recorrimos cinco años de música desde la chispa inicial que surgió de postes y cartelitos en las paredes. Cinco años de preciosa juventud que se llevan los recuerdos y las enseñanzas más leales de la música y todo el universo humano que se concentra en ella.

Fueron cinco años de anécdotas de las más variadas. Desde una discusión exquisitamente liberadora y reparadora hasta una sala inundada y al límite del cortocircuito. Desde una borrachera conjunta hasta un ensayo con resaca. Desde una mano parchada contra un pedazo de madera hasta dedos con ampollas de callos y sangre debajo. Desde un ex novio hasta otro ex novio y un novio nuevo. Desde una familia con un montón de integrantes a una familia en renovación constante pero siempre feliz (y si no estaba feliz, le poníamos el pecho hasta que así sea). Desde un viaje con temperaturas bajo cero hasta otro de calor asfixiante. Desde el escenario más imponente hasta la tabla más hostil. Desde la sensación más plena hasta una patada en la nuca de la autoestima.

Así fueron estos años con Cromosoma. Bipolares, viscerales, como montañas rusas de emociones permanentes y una lista inmensa de recuerdos para exponer en la vidriera de una “tienda de nostalgia”. Fueron cinco años de historias y recuerdos (que todavía no terminan) de espíritus plenos, emparentados por la música pero unidos más allá de ella. 

Si a la felicidad de preciosa juventud se le pudiera poner un nombre, sin dudas sería Cromosoma X, nuestro gran amor y mejor amiga. Osados aquellos que se atrevan a desafiarla, este cristal está protegido por guerreras del tiempo que cultivan el alma con espíritu utópico y soñador. Y poquito a poco se suman aliados a esta cruzada de mañana libre. En hora buena y bienvenidos sean todos. Sin ese ley motive nada de esto hubiera sido posible. GRACIAS A TODAS, A TODOS Y POR TANTO.

Hasta la próxima!

Juliana D. Biurrún


sábado, 18 de febrero de 2012

Es instinto, maldito animal

La especie humana vive en constante apareamiento. Nos guste o no, el sexo mueve todo y nos remite a lo más básico de nuestra naturaleza. La violencia machista y femenina es de arquetipo sexual, muchos prejuicios tienen que ver con sexo. Y todo apunta a la misma liberación, al futuro de la identidad, donde personas iguales pero diferentes compartan sus ventajas, para diferenciarlas, apreciarlas y volverlas propias. Ya no tiene, o tendrá, que ver con un hombre o una mujer, sino con algo casi etéreo que se conecta en lo más carnal del animal racional que somos como especie. Es instinto, personalidad, pasión y, guste o no, es sexo.

 
Las mujeres siempre nos quejamos de los hombres que “viven al acecho”, término acuñado en aquelarres vip. Pero una noche, en una discusión divertida y “desafiante” un cromosoma Y me retrucó: “Es el instinto de reproducirse. Si no lo hiciera el hombre lo haría la mujer, alguien tiene que dar el paso inicial”. Y maldita sea lo había entendido, él tenía razón, con esa frase se cerró el círculo. El asunto sexual que marcó el rumbo de una sociedad que por estos días se desvía de lo establecido, nos recuerda como animales racionales que se mueven por instinto. Y el instinto es aparearse y reproducirse, es el ejemplo más fiel de la teoría darwiniana sobre la preservación de la especie. 

También nos quejamos de la publicidad sexista, de la objetivación de la mujer y la superficialidad del mundo. Y tenemos razón. Ese es el camino de maleza que limpiamos mientras los grandes visores bombardean la ciudad con imágenes relacionadas. Pero fruto de la causa y el efecto, en este recorrido la historia se toma revancha y la mujer que siempre estuvo detrás hoy da un paso kilométrico al frente. Mientras tanto, seguimos en la misma disyuntiva de lucha eterna entre el Es y Debería de un instinto con aditivo racional. 

Será que aún contra nuestros pensamientos y voluntad terminamos actuando por tendencia, es inevitable que todas las disputas hacia el final redundan en las mismas cuatro letras. Será que no podemos hacer nada contra eso mientras que el sexo como lo conocemos hoy sobreviva en su modo más vacío y estereotipado. Es nuestro instinto Maldito Animal, el sexo mueve al mundo, pero las ideas cambian los rumbos.

¡Hasta la próxima!

Juliana D. Biurrún

Cabezones en Neuquén: De garra y aguante corazón

La banda santafesina Cabezones volvió en formato eléctrico a Neuquén y se presentó el domingo 12 en Teatro el Viento junto a las locales Eskulapio y Mitosis, ambas agrupaciones en trabajo de producción y lanzamiento de nuevo material. 


         El recital tuvo un contenido emotivo bastante importante. Después de las regionales, el show arrancó con algunos pares de manos aplaudiendo a ritmo sostenido entre el silencio que abandonaba el lugar. Cabezones ya estaba sobre el escenario y César Andino – único integrante original - firme prendido al micrófono. Como una ola expansiva de empatía el choque de palmas se metió en el estómago, lo menos a mí, que ese tipo de cosas a veces me emocionan. Fue una gran combinación para dar puntapié a un recital: Rock, fidelidad y corazón. 

Después de casi cuatro años sin editar un disco - y tras recorrer clásicos de su discografía - Cabezones presentó un tema adelanto del que saldrá en abril, ante lo que  Andino pidió encarecidamente que ninguna cámara o celular maleducado capturen el sonido. “Si veo algo en Youtube nunca más vuelvo a Neuquén”, enfatizó con buena onda. La canción titulada “Nada más”, responde a una fórmula perfectamente triunfante en la música: Power, combinación de palabras agradables al oído y una melodía pegadiza repetida varias veces. Después del tercer estribillo ya cantábamos todos aunque no conocíamos el tema. Esta es la línea aparente de lo que Cabezones se trae como resurrección.

En un corte hacia el final de la canción César incluyó unas palabras, “después de estos años tan complicados, con tantas operaciones, después de tanto tiempo… ahora sacar un disco y presentar un tema nuevo es…”. Silencio, no había nada más que decir. Esta vida tiene muchas vidas y todo lo humanamente superable se puede superar si así se desea.

Ellos entre nosotros

Estábamos un poco sentimentales ya pero, como escribí una vez, debió ser por la luna casi llena y súper brillante que iluminaba el cielo. “Para mi amigo del alma”, dijo Andino con el índice hacia arriba cuando “Plan B, Anhelo de satisfacción” empezó a sonar (tema de Massacre, versionado por Catupecu Machu y reinterpretado por Cabezones). Esta canción fue el primer corte de difusión del disco “El número imperfecto” de Catupecu luego del accidente que sufrieron su bajista, Gaby Ruiz Díaz, y el líder de Cabezones. Punto piel de gallina, canto y grito con onomatopeyas dedísticas a la par del ritmo. Sí, el rock se te mete en la piel, y más cuando viene con carga extramusical. 


         “¡Vamos a cantar bien fuerte para que nos escuche Gustavo!”, y arrancó el riff de Persiana Americana. Entonamos fuerte, muy fuerte, tanto que la imagen de Cerati se apareció como un holograma en nuestra imaginación. Él estuvo ahí, junto al ángel terrenal que se volvió luz de estrellas hace unos días. Y con su música Cabezones se despidió. “Rezo por vos” de Luis Alberto Spinetta y García trajo al Flaco a flotar  un rato entre nosotros. 

Qué romántico que resultó este texto. Será que las tardes de lluvia y el recuerdo de los grandes nos ponen así.

¡Hasta la próxima!

Juliana D. Biurrún