lunes, 12 de septiembre de 2011

Sin límites y hasta la frivolidad

De dónde viene
Neil Burger es un cineasta norteamericano egresado de la Universidad de Yale que inició su carrera con producciones de películas experimentales durante los ‘80.

Hacia el 2002 su nombre como director se popularizó cuando dirigió “Interview with the assassin”, en el 2006 “The Illusionist” (El ilusionista), The lucky ones en 2008 y la última producción (y la que interesa esta vez) “Limitless” (Sin límites) del 2011. 

El largometraje está basado en la novela “The dark Fields” y protagonizado por Bradley Cooper y Robert de Niro, con la chica linda que nunca falta y el capo mafioso que pone en riesgo su secreto.


De lo que se trata
Plantea una situación típica, una realidad bastante común por la que cualquiera puede pasar. Un escritor queda trabado, poco inspirado, desordenado y desconectado. Cuando está por quedarse sin trabajo por sus pocas ideas, se encuentra en la calle con un conocido al que no tenía ganas de ver y ¡“voila”! Le regala una droga todavía no masificada en el mercado negro que, básicamente, lo convierte en un genio. Y a partir de ahí comienza a desarmarse en ovillo de la cuestión.

Si tuvieras absolutamente todas las herramientas y capacidad para hacer cualquier cosa que quisieras en el mundo, ¿qué harías? Ese es el dilema poco profundizado que plantea Burger. Sobrevuela sin detención sobre todos los estadíos y pasa del hundimiento a la impunidad total como fórmula cíclica en las situaciones que plantea el film. 

El sentido artístico y la capacidad creativa para intentar “agitar el mundo” (como se lee en un momento) no ocupan ningún lugar y, sin interludios, el escritor mediocre del principio termina olvidado en la versión mejor que diseñó para él. 


La sentencia bruta (no brutal)
La banda de sonido es una de las mejores cosas para destacar. Con autoría total de Paul Leonard-Morgan, propone soundtracks tan zigzagueantes como las emociones que colisionan en el mismo lugar. La locura, el delirio, la euforia y depresión, el derrumbamiento y la aspereza de cuando nada puede ser peor. 

Respecto a la visual, tiene momentos muy “peposos” si se puede llamar así. Esa es la estética global del film, un viaje moderno, imaginativo y superficial. La velocidad combinada con imágenes fragmentadas y saturadas que representan disparos de alteración, dejan la firma del director en lo que propone una línea de estilo. Y, volviendo a lo musical, como chaleco soldado queda la pegajosa “Holwin for you” de The Black Keys o la versión remixada de “La boquilla” de Bomba Estéreo en escenas claves. Con una lista dinámica de canciones, la música encaja de lujo entre los puntos a favor para este film. 


La película es superficial por lo frívolo de su argumento.  No ahonda en  las problemáticas que plantea y cae en lugares comunes de "superpoderes" ya vistos en otras cintas, por ejemplo, la destreza para pelear por el uso de recuerdos inconcientes que se mostró en la extinta "Héroes"; o la predicción de un accidente de tránsito por excesiva inteligencia y conocimiento sobre probabilidad y estadística, visto en la serie "Fringe" (de los creadores de Lost).

Es “sin límites” en todo sentido, la ambición trasciende a la creatividad humana y nunca se detiene. Plantea al animal posmoderno y capitalista, egoísta y vicioso del poder. Se siente el rey del mundo, puede ser todo lo que quiera y en ésta historia  un poco lo es, una versión perfecta de su propio ser.

En definitiva, una película entretenida y dinámica para mirar con el volumen bien fuerte. Pero no esperes reflexiones pseudofilosóficas sobre los fines de la mente humana y la conciencia del ser. La invitación de Burger dispara para el costado más trivial y chatarresco de la sociedad actual. 

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cerro Bayo: Vida cotidiana y lugar común


"Cerro Bayo", ¿la escuchaste nombrar? Es una película que se filmó  en Villa la Angostura y tiene un par de actores conocidos a nivel nacional. Su directora es la neuquina del ’77, Victoria Galardi, quien estudió Guión y Cine en Buenos Aires y Nueva York, dirigió varios cortos y escribió algunos guiones. 
               En la provincia y la región no suelen filmarse largometrajes, más allá de los trabajos de la Cooperativa de Servicios Audiovisuales La Coosa (“En el umbral”, “Lágrimas negras”, “Pequeñas grandes cosas”), la serie ganadora de un concurso del INCAA, “La Chacra”, la policial “Sangre Fría“ de Tinelli hace unos años… ¿y qué más? No soy ni por lo menos especialista en cine y quizás haya muchas que ignore, pero en el consiente colectivo esto es - a modo promedio - lo más presente. Este estímulo es más que suficiente para verla, con el agregado de que por la compra de cada entrada para la peli, se donan tres pesos para recomponer la situación de Villa la Angostura.

Empieza con tomas de una abuela de ojos celestes intensos y pelo cano, seguido por la escena de un adolescente subiendo a la calle fumando marihuana y con un long bajo el brazo. Enseguida aparece la ruta llena de curvas entre la montaña tupida y el cielo gris, haciendo click en esa imagen a la que siempre queremos volver. 

Se muestra a una “familia tipo”: mamá, papá, hijo, hija, amiga incondicional y chusmeta de la mamá, y el  personaje fundamental que atraviesa toda la historia, la abuela. El punto de quiebre se produce cuando ella intenta suicidarse. Automáticamente entra en escena la hermana de la madre que reside en Buenos Aires, una ex reina del Cerro Bayo que se cansó del pueblo y se fue a endeudar a Capital. 

Los personajes
Cada uno tiene su mambo personal, claro está, y el incidente con la doña sacude la vida de todos en mayor y menor medida. 
La madre representa el “estereotipo” de personalidad de gente que vivió todos sus años en lugares chicos. La hermana, ya contaminada por la mierda de ciudad, plantea una actitud más fría hacia los desmanes de la vida y no deja pasar oportunidad para salvar su situación. De todos modos… “no prejuzguéis”, porque no todo es como parece en principio.

La hija es una adolescente divina e inocentona, fiel a la estirpe de su abuela y con  los ojos iguales a los de ella. Tomaba clases de modelaje y soñaba con ser Reina del Cerro Bayo y su cara aparezca en la entrada del complejo. Aparecer en semejante marquesina sería un gran paso para su aspiración de desfilar en Buenos Aires. Pero está acomplejada, se siente “tiesa” por no haber experimentado nunca un orgasmo y está convencida de que vivirlo la haría verse más linda para el concurso por el reinado del cerro. Sí, así de inocente es su papel. En el proceso, su hermano se convierte en su confidente y mejor amigo, tanto que con inhibición nula le pide que le alquile una porno y la miren juntos. Mentira, sólo que se la alquile. 

Él está cansado del pueblo y la montaña, del silencio y la vida estacionada. Quiere irse a Andorra y abandonar La Angostura para conocer un mundo nuevo, para lo que necesita conseguir plata de cualquier manera que no traspase el límite moral. Pero no cuenta con la ayuda del viejo, en esta historia no es el mejor sinónimo de aguante paternal. 

Los matices
Ese es el panorama colectivo que no tiene un final feliz (¿qué sería un final feliz?) ni tampoco triste. Plantea algo tan básico como los conflictos cotidianos por los que atraviesa cualquier persona; el del pibe que se quiere ir, la hermana que no se hace cargo, la vieja que está “medio loca” (sin sentido despectivo), el padre que no quiere armar lío, el hermano que fuma faso, o la hermana que está en plena búsqueda sexual.

El guión es llevadero, por momentos predecibles y en otros ocurrentes y divertidos desde los diálogos, principalmente en el personaje de la adolescente. La fotografía es linda y el paisaje muy de cuidad chica cordillerana. Uno de los pocos momentos en que se enfoca explícitamente la naturaleza de La Angostura, es en la toma inicial de la ruta y termina de  ponerle sello con el Cerro Bayo. La música del film no marca un aspecto protagónico, pocos son los momentos en que se destaca la canción, pero cada track que suena se amolda bien a la situación que se muestra y cumple satisfactoriamente su función. 

Entonces, por haber sido filmada a unos cientos de kilómetros de acá y mostrar a Marcela Kloosterboer desfilar con gorrito de lana, vale la pena mirarla. No es lo mejor que se verá en el mundo, pero  sí es una buena película del cine nacional capaz de hacerte pasar un buen rato.

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún