lunes, 27 de junio de 2011

Luciano Supervielle: Confluencia exquisita de estilos y calidad

El integrante del Bajofondo, Luciano Supervielle, presentó “Reverie”, su segundo trabajo solista el jueves 23 de junio en el Cine Teatro Español. El encuentro estaba previsto para las 21, pero la concurrencia fue demasiada y hubo que agregar una nueva función para esa misma noche (octavo y noveno recital de su gira por Argentina). 
Luciano Supervielle

           El nombre del material significa “ensueño”, “ensoñación”, y hace referencia al carácter mixto de su grabación producto de una serie de conciertos en vivo con el toque final de cirugía en el estudio. Producido por los bajofonderos Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico, mezcla el hip hop con el tango, música electrónica y otras variantes.

Luciano tiene raíces musicales y geográficas bastante diversas. De padre uruguayo y madre francesa nació en Paris. A los cuatro aterrizó en México y unos años más tarde terminó en Uruguay. Sus contactos con la música fueron de muy niño y eso le permitió incorporar características de cada lugar en el que vivió. Antes de ser convocado por Gustavo Santaolalla para sumarse a Bajofondo, tocaba música electrónica en Francia. Previo a eso, formaba parte de Plátano Macho (contemporánea a Molotov y Cypress Hill, entre otras), banda de hip hop uruguaya que junto a Peyote Asesino sentaron precedencia del género en el lugar.


Supervielle fue parte de la vanguardia en dos estilos por estas tierras del sur: con Plátano en Uruguay y Bajofondo en Argentina, colectivo con el que grabó tres discos y en el medio colaboró con diversos artistas de habla hispana como Jorge Drexler. Tiene 35 años y pinta de pibe. Si lo escuchás sin verlo difícilmente te imagines a alguien parecido a él. Pero recordemos que estábamos en la noche del ensueño, cuando los estereotipos desaparecieron y las etiquetas también.

La sala estaba casi llena con público joven y adulto, apenas algunas butacas vacías se perdían por ahí. Fuimos a la segunda función y otras 500 personas ya habían disfrutado de la previa cuando a las 23:30, con el telón abierto y luces tenues, Luciano apareció.

Entre samplers y loopeos de su consola, hip hip, tango y electro, se mezclaron canciones solistas y otras de su autoría integradas en Bajofondo. El ejemplo más claro fue “Miles de pasajeros”, milonga electrónica que amalgama el rapeo con el drum and bass y lo complementa con un canto recitado (interpretado en Bajofondo por Santaolalla), arrabalero y tanguero, de timbre nostálgico y sonido nocturno, con dejos de reviente y humo. Otras que pueden destacarse de la lista que duró poco más de hora y  media son: “Indio”, “Baldosas mojadas”, “Pa’ bailar”, “Forma”, “Grita”, “Mateo y Cabrera”, con el tema “Centrojá” como uno de los momentos pico. En el mismo se samplea el relato del periodista y locutor Víctor Hugo Morales sobre un gol de Uruguay, que dentro de la canción funciona como un instrumento más e interactúa en contratiempo con el violín y el bandoneón.


En el repertorio  también se incluyó la versión en francés de “No soy un extraño” del disco Clics Modernos de Charly García. Este tema parece ser una gran confluencia de la historia musical y de vida de Supervielle. La traducción referencia a su estadía en aquel país, mientras que la letra representa las mudanzas constantes desde su niñez. Hay que destacar que el tema habla sobre observar el lugar de origen desde afuera y mirarlo con otros ojos, pero siempre sabiendo cómo es en realidad. Esta suerte de desarraigo fue lo que imprimió en él su multifacético gusto musical y capacidad para alimentarse de todo lo que se cruce en su camino de experimentación.

La parte visual del show estuvo integrada a la música y las facetas de las composiciones parecían estar representadas en cada intérprete. Luciano en el centro, sencillo y casual. En los laterales lo acompañaba medio Bajofondo: Javier Casalla en violín y Martín Ferrés en bandoneón - talentos con toda la personalidad del tango impresa en sus portes - Gabriel Casacuberta (ex Peyote Asesino), productor, bajista y contrabajista con actitud más rapera, junto a lo más convencional del gran Franny Glas en voz y guitarra y Roberto Rodino en batería.



Las secuencias, el hipnotismo, minimalismo y loopeo fueron las características centrales de la presentación. El sonido fue casi impecable a excepción del bajo, al que le faltaba presencia, volumen y definición para cumplir su función y complementar una base sólida.

La actitud de la banda, en este caso literalmente, es un punto y aparte. Mucho agite y energía, sobre todo del bajo, violín y bandoneón, quienes metieron baile, saltos y pusieron toda la garra para contagiar al público. Y su respuesta por supuesto fue de lo mejor. Con las tocatas más al palo la gente se paró y empezó a moverse, mientras que en los laterales de la sala se armaron grupos que empezaron a saltar como en una fiesta electrónica a las cinco de la mañana.

Luciano, musicalmente exquisito, terminó cada canción con aplausos hacia los presentes y a la banda zarpada que lo acompañó en una noche por demás auspiciosa, con una segunda función planteada a último momento y casi mil personas que flashearon (flasheamos) con su show.

                                     ¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún
Fotos de Andrea Jara.
Texto publicado en http://www.comahuerock.com.ar/



martes, 14 de junio de 2011

Sergio Ávalos, a ocho años de su desaparición

 El 14 de junio de 2003, un pibe de 18 años oriundo de Picún Leufú y estudiante de Contador Público en la Universidad Nacional del Comahue, fue con sus amigos a bailar al boliche “Las Palmas”. Entraron todos juntos, pero en algún momento se separó del resto y nadie lo vio salir, tampoco lo volvieron a ver. La interrogante sobre su paradero surgió el día después, cuando este chico de Picún, Sergio Ávalos, no arribó a ninguno de los destinos posibles.


Automáticamente las marchas estudiantiles colmaron la ciudad y las búsquedas con rastrillajes comenzaron a ser manotazos de la ¿justicia?. La universidad tomó partido y oficializó una preocupación poco creíble, mientras que el gobierno provincial “compró un helicóptero para buscarlo” (vamos a fingir ingenuidad). Al poco tiempo se había desatado una docena de rumores y falsas hipótesis sobre lo sucedido. “Lo mataron los patovicas”, “se lo tiraron a los chanchos”, “estaba con la novia de uno de los de seguridad”, “lo incineraron en las hogueras del boliche”, fueron algunas de ellas. Incluso cada tanto aparecía un algún testigo que aseguraba haberlo visto en algún lugar.


Hoy ocho años después nada se pudo aclarar del caso. Así como si nada, Sergio dejó de ocupar un banco en la universidad o compartir un almuerzo en familia. Y con escalofríos entre los dedos resulta imposible no asemejarlo con aquella secuencia nefasta que se llevó a 30 mil almas del patrimonio humano nacional.


Un desaparecido es alguien que no está. No es un muerto ni nada, simplemente no está”, dijo con la cara más dura que una piedra el bigotudo Videla. ¿Les recuerdan algo esos bigotes? Al ex gobernador también bigotudo, que se sentaba en el edificio de calle Roca hace ocho años (cuando Sergio desapareció) y que fue “chico diez” según el militar del ‘76.


Venido el caso, voy a recordar en pocas líneas una anécdota curiosa. En 1979 Videla visitó Neuquén y fue cuando el pavimento de Avenida Argentina, ante tan honorífica presencia, se extendió hasta la Plaza de las Banderas (ahora del Centenario). Ese señor dio una reunión abierta de la que participaron 17 jóvenes elegidos especialmente para manifestar inquietudes de diferentes ámbitos sociales. Entre ellos se encontraba el ex gobernador Jorge Omar, quien impresionó al dictador con la “firmeza y convicción de sus ideas”. Tal fue la empatía que le generó, que lo calificó como “el chico diez”.


Ya lo dijo un barbudo, Carlos Marx, “la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como parodia”. Y si acontecimientos del contexto actual no parecen una caricatura de lo que pasó, permítanme decirles que pasan raspando. A Jorge Julio López se lo nombra miles de veces y es quizás el único desaparecido con sospechas de fines políticos, es decir, un desaparecido político real. Pero a él se le suman docenas de ausencias que independientemente del fin de sus autores - como explotación sexual o ajustes de cuentas - son acciones que arrancan con la misma brutalidad a un individuo de su entorno. Y ni hablar de la cantidad de mujeres robadas por redes de trata que frustrantemente ya no causan sorpresa sino impunidad.


Recordemos algunos: Marita Verón, Andrea Noemí Rosas, Florencia Pennachi, Fernanda Aguirre, Sonia Toro, Iván Eladio Torres, Hernán Soto, Emanuel Velázquez, Silvia Picón, Pablo Plascencio, Benjamín Pairo, Miguel Ángel Linares, Eduardo Díaz, Ángela Carolina Díaz…


Hoy es 14 de junio del 2011 y las marchas y reclamos volvieron a aparecer en la ciudad, pero nunca se fueron. Siempre estuvieron en el mismo lugar y con la misma cara, con el mismo dolor de quienes sufrieron ese arrebato en carne propia. Y hoy, 14 de junio, con un frío insoportable y cenizas de un volcán que se acaba de manifestar, la voz volvió a sonar y las preguntas volvieron a interrogar. ¿Quién y por qué desapareció a Sergio? ¿Cuál es el peso del hecho que ni la infraestructura de todo un Estado alcanzó para localizarlo?, o por el contrario, ¿qué tan significativo es que toda esta infraestructura no quiere encontrarlo?    

Hasta la próxima
Juliana D. Biurrún

miércoles, 8 de junio de 2011

Día del Periodista: Oficio y pasión

Reflexiones sobre los
nómades de la información
 

No recuerdo bien el día en que supe que quería ser periodista y por qué. Pero haciendo un racconto de los años que pasaron, puedo asegurar que lo mío siempre estuvo ligado a la información y la escritura, a transmitir un mensaje para intentar cambiar algo en el otro a partir de lo que tenía para contar.

Entonces hoy con un poco más de conocimiento de causa, puedo decir que sin saberlo lo mío siempre fue la comunicación y sus derivados, como el periodismo y la música. Ambos conceptos parecen distintos pero son muy similares, tanto que los dos dejaron de ser una vocación para convertirse en un modo de vida.   
          
Y hoy 7 de junio en este “Día del Periodista” (aunque no me gustan los “día de…”), no puedo evitar reflexionar sobre el tema. ¿Qué es ser periodista? ¿Qué hace a un periodista? ¿De qué depende ser periodista? ¿Cómo debe ser un periodista? ¿Cuándo se empieza a ser periodista? ¿El periodismo es un oficio o una profesión?


Primero que nada el periodista debe tener algo que decir porque no alcanza con ser un mero transmisor de información. No se debe conformar con una respuesta, sino que por el contrario, siempre debe buscar la vuelta de rosca para encontrar nuevas situaciones. 

Un periodista es un autodidacta de la vida y su fuente de aprendizaje es lo cotidiano. En el mundo de la comunicación no existen horarios ni reparos para evitar ser una persona molesta y preguntona, que se mete donde no la quieren y con intrepidez encuentra lo que busca (o no), pero con la certeza de que todos sus intentos valen la pena.

Para ser periodista no hay que egresar de ninguna universidad (y lo escribe alguien que egresó de algún lugar). Para serlo hay que ser un estudiante crónico de la vida y la verdad, un adicto al ejercicio de la indagación y observación. Pero ojo, porque ser periodista no significa saber todo sobre todo, grosso error el de quienes piensan así. Muy por el contrario, ser periodista es mantener viva la chispa de la curiosidad y convertirla en la mejor virtud. 
 
El periodista es un traductor de la realidad, un puente entre lo que sucede y quienes no están cerca para verlo. Es un nómade de la información que no espera que nada le llegue, sino que con traste inquieto siempre lo sale a buscar.

El periodista no es un mercadotécnico con la misión en la vida de trabajar para Página 12. Muy por el contrario, el periodista comprende que los detalles pequeños desde lugares chicos también hacen al ejercicio de la profesión. Porque el periodista no es una rata de internet, sino un amante del olor a papel.

El periodismo no es motivo de chapa académica, es quizás (y me atrevo a decir), una cuestión de aspiración intelectual, de hambre por saber y explorar nuevas fronteras de conocimiento. El periodista no se convierte en tal por egresar de una universidad. Un practicante sin oficio ni trabajo de calle, es como una etiqueta sin porte colgada en el cuello. Y es que, paradójicamente, hoy hay más facultades de periodismo pero no mejores periodistas. Pocos vestigios quedaron de grandes inspiradores como Rodolfo Walsh, Horacio Verbitsky (y sí, caí en el lugar común de nombrar a Rodolfo, pero es imposible no hacerlo) y por qué no recordar a los osados Carl Bernstein y Bob Woodward que investigaron el escándalo del Watergate. Hoy muchos jóvenes con ordenamiento gramatical perfecto se convierten en periodistas de escritorio y se convencen de que el teléfono y la web son las fuentes por excelencia. Entonces tristemente se olvidan de que las mejores son las de carne y hueso en el lugar del hecho. Por eso es importante recordar: Para ser periodista también hay que salir, no alcanza con preguntar.

Actualmente hay más acceso a la información pero contrariamente mayores índices de analfabetismo. Incomprensiblemente mutamos de ser una sociedad individualizada por la práctica de la lectura, a una subordinada al bombardeo de lo superfluo y audiovisual, no más incapaz para discernir, pero sí más vaga para pensar. 

En otro orden de cosas pero siguiendo el tema, hay quienes condenan al concepto de periodismo militante, pero de nuevo me paro en la vereda contraria. Un periodista primero que nada es una persona atravesada por toda su cultura, sus valores, creencias, historias, por su subjetividad entera; por la música que escucha, por las cosas que le decían sus padres, por los amigos que tuvo en la infancia, por las desilusiones de la adolescencia y las gratificaciones de la juventud. 

Pero un periodista es sobre todo una persona con creencias y convicciones, que comunica desde una postura tomada y que por hacerse eco de esas concepciones no se convierte en un anarco anti todo. Hay lugares y medios para expresar las ideas y no se milita sólo desde el micrófono o las palabras escritas, sino que también se hace desde lo cotidiano con cada pequeña acción. No es necesario estar en un medio para militar, se  lo puede hacer en una reunión con amigos, en una cena familiar y en cualquier contexto que sirva como alojo para la trasmutación de ideas desde y hacia el periodista. 

El ejercicio del periodismo como parte de todo animal comunicacional no es objetivo. El pensar en este distanciamiento entre el sujeto y los hechos es una falacia de la que en estos días no queremos hacernos eco. El periodista debe ser neutral, pero nunca objetivo. El día en que las ideas dejen de generar movimiento interno y conviertan a la persona en un robot informativo, será el momento en que deberá colgar la pluma, por su propio bien. Y como el periodismo es el cuarto poder que muchas veces parece construir una realidad alternativa, hay quienes dicen que el periodista no es más que otra invención del tema en cuestión. Pero tampoco estoy de acuerdo. El reducir una pasión a un simple invento, es por lo menos menospreciador. 

Y como ser y hacer periodismo es cosa del día a día, no deben hacerse estas reflexiones sólo el 7 de junio, fecha en la que aquel 1810 Mariano Moreno fundó “La Gazeta de Buenos Ayres”, el primer periódico de tapa independentista de Argentina. El escribir (como parte fundamental de este campo) es un ejercicio, a grandes rasgos, como tocar un instrumento: Cuando pasas mucho tiempo sin hacerlo se te endurecen los dedos. En periodismo si pasas mucho tiempo sin relatar ni buscar, no sólo se endurecen los dedos sino que también se achata la cabeza. De a poco y progresivamente, pero con efecto regresivo al fin. 

Como consejo para todos los aspirantes a desarrollarnos en el mundo de la comunicación, vamos a mantener nuestras cabezas despiertas y los ojos abiertos, porque en nuestra búsqueda de la verdad nunca sabemos cuando la noticia nos puede encontrar.

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún