miércoles, 26 de enero de 2011

Dexter Morgan y la empatía psicopatera

Creo que nunca escribí que me encanta mirar series y películas. Que muchas veces forman parte del ocio de relajación nocturna después de días eternos, y que son esos ratitos de desconexión placentera antes de ir a dormir.

Imágenes de la presentación
Una de las mejores introducciones
que parió la industria de la TV
- “Quiero ver una serie psicológicamente rebuscada, con personajes medio psicópatas que tengan diálogos que te hagan pensar, con un guión inteligente y que te atrape, que no sea chatarra de TV”. – “Entonces mirá ‘Dexter’, te va a re gustar”. Este diálogo surgió hace varios meses, y la recomendación vino de un amigo que estudió cine y entiende del tema. Por supuesto seguí el consejo, y por supuesto, mi amigo no se equivocó. 

Dexter Morgan es un forense de la Policía de Miami especialista en análisis de salpicaduras de sangre y magíster en un tema similar. Dueño de una inteligencia extremadamente estratégica y sumamente manipulador. Su velocidad en el reordenamiento de piezas siempre a su favor, le permite transformar negros en blancos y salir invicto hasta de las situaciones más oscuras. 

Dexter Morgan es un ser dividido en dos, que se debate permanentemente entre el querer y el deber. De día, un padre de familia, un profesional con prestigio, un hombre tipo sin muchos enrosques. De noche, su aparente normalidad desaparece ante la presencia del “pasajero oscuro” que viaja siempre con él. La historia trágica de su infancia lo convirtió en un amante de la sangre, en un asesino serial paradójicamente con códigos que le fueron enseñados por Harry, su padre adoptivo. Él intentó delinearle el camino para que canalizara su deseo de matar en un intento de causa un poco más justa: Asesinar sólo a los asesinos. Así Dexter implementó el “Código Harry”, un modus operandi inmodificable en el que ninguna pieza debería correrse jamás. Cualquier error podría colocarlo en la silla eléctrica.

A lo largo de la serie, el estado natural e inmodificable de Dexter se debate contra los lineamientos de su padre y lleva al espectador a preguntarse permanentemente si su condición no tenía opción, o si la misma había sido fomentada por la influencia del mismo en la implementación del código. 

Ella

Debra Morgan - Detective - Hermanastra
Su hermanastra Debra (voy a llamarla hermana), es una detective malhablada que entrelaza las palabras “coger” y “mierda” (entre otras) con cada oración que salga de su boca. Es apasionada, enamoradiza, obsesiva por el trabajo, intuitiva, constante y súper inteligente, tanto como su hermano. Nunca para hasta que termina, aunque deje todo en el proceso. Ella ama y confía a ciegas en Dexter, admira su capacidad y anhela su agudeza mental. Pero sin saberlo cumple un rol fundamental en su vida, es uno de los cables a la normalidad que lo mantiene con los pies de este lado y sobre este mundo.

Dex y Deb
Dexter el asesino, ella la investigadora. Cada sesión parece una carrera de intrepidez por descubrir quien resuelve primero la situación desde su punto de interés. Se ayudan mutuamente sin saberlo, y juntos conforman dos de los profesionales claves en la resolución de casos de la Policía de Miami, división de Homicidios.

Dexter en acción
Debra y Dexter son incondicionales entre sí, aunque ella ni siquiera sospeche sobre su doble vida.  Él es un semillero de preguntas constantes para quien lo sigue capítulo tras capítulo. ¿Ama de verdad o hace sólo lo que debería hacer? ¿Siente o finge sentir? ¿Sonríe desde adentro o replica sólo muecas? Las expresiones faciales son rígidas, las miradas duras, y los movimientos se registran sólo desde la mitad inferior del rostro. Hay quienes dicen que una mirada vale más que mil palabras, y los vistazos de Dexter tienen el poder de encarnar todos los sentimientos de la escala humana, potenciados por la excelente combinación entre musicalización e iluminación que logran sus realizadores. Juntos funcionan como una triada de expresión súper efectiva, que genera todos los clímax indivisibles que desde el guión se buscan transmitir. Y de más está decir que lo logran con creces. El gran mérito de la serie es el atrape constante y la intriga que, capítulo tras capítulo, genera veracidad en una ficción que podría perfectamente ser realidad.

El paso por todos los estadíos

A los dos años, la madre de Dexter fue asesinada frente a él y su hermano, convirtiendo a la escena del crimen en una pileta de sangre. Ese fue el click emocional que marcó la psicología del personaje hasta siempre.

Fue adoptado por Harry, policía del caso y amante de su madre biológica. No se sabe si el acto derivó del sentimiento de culpa por el homicidio, o su amor por la mujer. Él, como conocedor de la historia, no se sorprendió cuando Dexter comenzó de niño a mostrar sus impulsos matando y enterrando perros en su jardín. Así se convirtió en su guía y confidente, mientras le enseñó un método para no ser descubierto y llevado a la silla eléctrica. 

Debra, la hija biológica de Harry y hermanastra de Dexter, siempre sintió de niña la preferencia de su padre hacia el varón, pero ignoraba las razones que los llevaban a pasar tanto tiempo juntos y sin ella. 

Dexter y Rita - Matrimonio
Siguiendo los parámetros del “deber ser” impuestos por su padre, Dexter formó pareja con Rita, quien en principio estaba “tan dañada como él”. Su dulzura y amor por Dex terminaron por conquistarlo. Tiempo después quedó embarazada y se casaron. Esa unión encarnó el deber ser en su máxima expresión, y Dexter se convirtió en un padre y marido ejemplar de día, mientras que siguió compartiendo sus noches con el pasajero oscuro que habita en él. Pero Rita fue la receta justa para su deber ser, y por eso Dexter amó lo que ella fue.

Dexter y Lumen
Temporadas posteriores le depararon un final trágico a la mujer, y regaron de conflictos e incertidumbres al devenir cotidiano del multifacético Dexter. Fue el momento de la llegada de Lumen, un personaje más conflictivo aún, pero con el poder de despertarle a nuestro protagonista todo lo visceral y carnal que da vida a una relación. Durante esta etapa el deber quedó relegado al querer, y el amor por la obligación mutó a la pasión de amar sin esconder. Lumen conocía a su pasajero oscuro, ella también tenía uno. Y hasta aquí se conoce la historia, una temporada nos separa del the end definitivo. 

Yo te banco Dexter Morgan

Huérfano, hijastro, hermanastro, esposo, padre, padrastro, viudo, asesino, investigador, justiciero, solidario, contemplativo, atento, maldito, cruel, pecaminoso. Dexter Morgan es ese personaje de ficción con semejanzas en la realidad, que es un desgraciado sin corazón, pero que a la vez tiene un latido enorme para con el resto. 

"I love Dexter Morgan"
 Es un personaje de ficción que genera contradicciones en el propio espectador, que por momentos lo entiende y por otros no lo comprende. Es un asesino a sangre fría, pero que termina por lograr la empatía de quien lo sigue desde la pantalla, el cariño y la comprensión de todo el mundo bizarro que gira a su alrededor.    
   
Es ese personaje de ficción que termina de encantar por su porte e inteligencia, por su lucha constante entre lo que quiere y lo que debe, y porque al final de cada capítulo terminás por entenderlo un poquito más y pensando, “yo te banco Dexter Morgan”.

Un gran guión, un excelente actor, una música convenientemente contextualizada, un juego permanente entre ángulos e iluminación, y una oda constante a la mirada y expresión, son los grandes méritos de esta serie. Altamente recomendable para los amantes de lo audiovisual, del ocio de relajación, y de los personajes psicopatamente encantadores que puede regalar una buena ficción. 

Cinco temporadas de doce capítulos cada una hasta la actualidad. Ninguna decayó ante la otra en calidad de argumento y realización, sino por el contrario. El nivel de enrosque y conflictividad creció progresivamente, y la retórica filosa de sus diálogos me mantuvo - nos mantuvo - capítulo tras capítulo con las tripas entre las manos. 

Y obviamente faltan docenas de detalles por contar y personajes que detallar, pero el relato podría extenderse al doble. Hasta aquí peco sin culpas del “too long didn’t read” que condena a los textos en la web. Pero por sobre su condena se reposa mi placer.

Hasta la próxima
Juliana D. Biurrún

martes, 18 de enero de 2011

La Estafa Dub, un recorrido desprejuiciado por el mundo de la música

Por pedido de un integrante de La Estafa Dub (LED) surgieron estas líneas. Cómo negarme, si escribir sobre un grupo regional que me gusta mucho es una tarea más que grata para cumplir

Referirse a la grandiosidad de la banda a esta altura, es caer en el lugar común. Ya todos sabemos lo increíble que suenan, los zarpados músicos que son, el aguante total del público y el conquiste permanente cada vez que alguien nuevo se acerca a escucharlos.

Referirse a la carrera meteórica y llena de méritos que tuvieron, también es caer en el lugar común, pero no tanto. Muchos no saben que los músicos de la Estafa la vienen remando hace años, que hace una década que trabajan mancomunados en diferentes proyectos pero con interacción entre sí. Que comenzaron y se encaminaron juntos en un deseo y una elección de vida: Vivir de la música. Eso no es nada fácil. El talento no alcanza. Con talento y sin constancia no se logra nada; pero sin talento y con constancia tampoco. 

En una apreciación totalmente personal, cuando escucho, miro y reflexiono sobre LED, pienso en que las cosas no podrían ser de otra manera. Sonaré ingenua, pero estoy convencida de que el destino de un puñado de quienes comparten ese escenario era estar ahí. No existe otro lugar donde podrían destacarse de esa manera, ni ser y sentirse tan plenos como cuando sociabilizan lo que hacen con nosotros, el público. 

Es que más allá de los gustos, está la apreciación y valoración por la música, y ahí es donde La Estafa gana terreno. Es indiscutible la calidad que logran entre esa docena de músicos que vienen de escenas diferentes, pero que en conjunto logran un todo que supera a sus partes.

Y ahora después de dos años, están próximos a presentar su primer disco oficial. Ya cuentan en su haber con el DVD “La Estafa Dub y Amigos”, filmado en La Conrado Cultural y con sonido capturado en vivo. La próxima fecha será este viernes 21 en Teatro del Viento, donde mostrarán temas nuevos, pero no será la promoción oficial como se publicó en varios medios. Los chicos preparan algo grande, muy grande para más adelante. 

Un recorrido por el disco

Si bien el material todavía no salió a la venta, tuve la suerte de escucharlo y conocer su proceso de desarrollo. Cada sesión fue una novedad. A medida que pasaban los días y escuchaba los adelantos, no podía dejar de admirar el excelente trabajo que se estaba gestando acá, con músicos de acá y recursos propios.  No me canso de repetirlo, el capital cultural que tenemos en Neuquén es inmenso, de inteligencia y calidad.


          La producción cuenta con catorce canciones completamente eclécticas entre sí, trece de autoría propia sumadas a la versión del clásico "Guachi Guara" de Dizzy Gillespie y Chano Pozo (popularizada por el vibrafonista Cal Tjader y el percusionista Mongo Santamaria como parte de su quinteto). Las mismas parecen caminar el alfabeto musical en su tránsito por diferentes estilos, pero siempre bajo el manto del reggae. Una multiplicidad de matices integran el tango, latin jazz, el dub, el reggae más tradicional, lo instrumental y cantado. A su vez, tiene temas oscuros y alegres, con dejos de melancolía en algunos y algodones de azúcar en otros. 

A esto se le suma la originalidad en un sonido que mezcla tomas de diálogos antiguos mientras los funciona con el dub, algo no escuchado todavía en la escena actual. ¿Alguna vez oíste una canción de reggae que empiece con declaraciones antiquísimas y hasta graciosas de un periodista facho, y continúe con un sonido tan circense que te den ganas de pararte y bailar? ¿O un tema de base reggae y viola tanguera con cuerdas de nylon, sonido español, arrabalero y nostálgico?

          La primera vez que sonó la grabación de "Guachi Guara" fue una grata sorpresa. Parecía una pequeña gran obra de  cuatro minutos con aportes instrumentales de todo tipo y color, con una percusión dominante como caballo de batalla, armonías de vibrafono de lo más dulces, y un bajo con toda la fuerza, el swing y la presencia, sobre el que la docena de instrumentos restantes se desplazaban con total seguridad. Fue una sensación parecida a cuando escuché  "Para Frattini" y la melancolía de su guitarra española. Pero "Canción Para Rico" se llevó todos los aplausos. Es una interpretación con alma, que reafirma el pensamiento de que trombón es sinónimo de vísceras. Cuando la escuchen van a entender a lo que me refiero.

Para sorpresa de quienes piensan que el reggae suena casi siempre igual (me incluyo),  el disco de LED es un recorrido desprejuiciado por el mundo de la música y sus variantes. Un juego de profesionalismo, placer y diversión que circula por los senderos de la edición de sonido y las mezclas con abundantes ecos y delays que caracterizan al estilo. 

Lo paradójico de todo es que La Estafa comenzó por diversión. Un par de miembros actuales se juntaron para hacer algo compartiendo su gusto en común por el reggae. ¡Y ni se imaginaron lo que les esperaba! Una historia que se inició desde abajo, de a poco, hasta casi inocentemente se podría decir (de no ser porque los muchachos ya no tienen nada de inocentes). Y así con humildad y laburo de hormiga llegaron. Con talento y constancia, sin perder el objetivo ni olvidarse de donde vienen y hacia donde van.

Por eso La Estafa es nuestra gran banda (como ya escribí en un post anterior), porque es de acá, de pibes de barrio que te cruzás en el bar. Y porque la van a pegar, ya la pegaron. Y van a seguir siendo ese grupo de pibes que te cruzas en el bar.

En lo formal

Los integrantes de LED son: Héctor “Chakal” Navarro, en batería; Luis Ferri en bajo; Gerardo Armada en guitarra; Juan Fort en guitarra y voces; Mariano González en trombón y voces; Franco Salas en saxo alto; Christian Massei en percusión y samplers; Víctor Barria en percusión; Lisandro Parada en percusión y vibráfonos; Álvaro Castro Rivas en teclados, sintetizadores y melódica; y Lucas De Benedetti en voces.

En el disco participaron también prestigiosos músicos de la región: Amadeo Bonaiutto en trompeta, Víctor Zuccoli (Otro Puerto) en teclados, Gerardo "Mono" León en guitarra acústica, Marcelo "Fox" Colonna (Tercer Integrante) en guitarra eléctrica y Luciano Espinosa (Sessiones Reggae Instrumental) en guitarra eléctrica.

La grabación y masterización del mismo, fue realizada por Mariano González, Héctor Navarro, Luis Ferri y Juan Fort en el estudio propio, “La toma”, entre julio y noviembre de 2010; y masterizado en Buenos Aires por Mario Siperman, tecladista de Los Fabulosos Cadillacs.

            Algo grande se viene, están avisados. Nos encontramos todos el próximo viernes 21 a la medianoche para presenciar el primer recital del año de la banda, y para terminar la semana con una fiesta, una fiesta de locos.

¡Hasta la próxima!

Juliana D. Biurrún
Fotos: LED - Paulo Tejeda 

jueves, 6 de enero de 2011

¿Qué es el under?

Caída y resignificación

“La música under es mucho más que la banda de tu vecino, el demo mal grabado o el antro rockero dónde nos encanta beber mientras escuchamos a un grupo de desconocidos en actitud Morrison”(*).

El castellano tiene más de 400 mil palabras. Muchas veces, regidos por la costumbre, utilizamos algunas sin profundizar en la comprensión de su significado verdadero, sus connotaciones y la culturalidad en la que se enraízan. Muchas palabras, son conjunciones idiomáticas que terminan por castellanizarse y adoptarse desde el inglés para la comunicación cotidiana, sin necesidad de traducción. Son los llamados anglicismos, causados por la porosidad cultural y la asimilación de lo de afuera. Ejemplos hay de sobra:  Bye, carwash, chat, DVD, email, cool, feedback, flash, ok, rock and roll, shopping, standard, entre cientos más.

Una de las locuciones más usadas habitualmente en el mundo cultural y musical, es “under”, devenida del término “underground”, que en inglés significa “bajo tierra”. Pero su significación trasciende a lo literal y hace necesario apelar a su importancia simbólica y cultural. Es la antítesis y el paso previo al maintream; se lo puede entender como la producción artístico cultural no masiva ni comercial. 

“El under es la esencia de la música. Su alma. Es el momento en que el artista se muestra de manera auténtica. Sin presiones, sin condicionamientos. Pero también es el momento en el que deben afrontar las mayores dificultades. Por eso está cargado de simbolismo y significado”, explicó Andrés Stefani, amigo de antaño y periodista responsable del suplemento “Alternativas” del diario Río Negro.

 El under puede considerarse como un término polisémico y con muchas variables de análisis. Es el origen de toda banda y movimiento musical. Es un espacio de reme constante y decisiones independientes, con la responsabilidad que se acarrea en el triunfo o el fracaso. El under es también una forma de vida que rompe con lo instituido para generar un modo distinto, una postura de indeferencia ante lo que las masas consumen.

Su campo de acción es un circuito de movimiento y distribución propio, generado precisamente por esas bandas de abajo, no comerciales ni masivas, pero que se reinventan día a día en producción y perfeccionamiento. Porque el under no es sinónimo de ser descuidado o de sonar mal. Es sencillamente no pertenecer al mercado de masas, al mainstream del “éxito” comercial. ¿Pero qué es el éxito? Los triunfos en el under no se miden en términos económicos ni de popularidad, sino en la fidelidad del artista hacia su creación y la hermandad generada en el fogoneo de la actividad independiente y cotidiana entre todas las ramas que forman el circuito.

Por eso el under es una concepción cultural que se reinventa y resignifica en el tiempo. Ya no es una fuerza instituyente como modo de vida, sino el vivir en una dialéctica permanente entre las creaciones independientes y el uso de lo instituido. ¿Cómo se puede ser under si hoy por hoy cualquier banda graba un video con el celular y lo cuelga en Youtube? No por su uso va a volverse masiva ni mucho menos, pero el acto se traduce en la apropiación de una herramienta instituida social y culturalmente para transmitir una generación autónoma. 

Al respecto, el editor y coordinador del sitio web ComahueRock, Nicolás Bustamante expresó: “Underground es un término resignificado. Antes, cuando ni vos ni yo nacimos, ser ‘under’ quería decir que eras un marginal que propagabas una versión diferente del mundo. Era como esparcir un virus. Por eso en todos lados la policía cagaba a palazos a los rockeros, porque estaban ligados a una historia de perdedores que querían hacerse cargo del asunto de otra manera. La definitiva apropiación de la cultura de parte de los grupos de poder resignificó el término desde los setentas y, especialmente, desde la década del noventa. Ahora ser ‘under’ significa que simplemente no la pegaste. Es el paso previo a pertenecer al mainstream. Es decir que lo único que diferencia a una banda punk del barrio Sapere de los Black Eyead Peas, es el éxito. La policía hoy no te persigue por ser ‘under’, porque ya está todo establecido de antemano. Y hoy podés ser alguien del ‘under’ y tocar para la Municipalidad al mismo tiempo, cosa que no ocurría hace 30 años”. 

¿La caída del under?

Entonces quizás la explicación más correcta para el término, derive en una reconsideración del mismo. En una nueva designación que conserve los valores de independencia y solidaridad como “conciencia de clase”, englobados por el sentimiento de pertenencia que genera el compartir actividades similares con un montón de personas más, que trabajan diariamente desde lo soberano para crecer y proyectarse. 

Ya no existe un conjunto que sin valerse de las herramientas de la actualidad, se manifieste por fuera de lo instituido. Cada cual con su mensaje hace uso de las mismas y busca, a su manera, progresar en el hacer diario. Entonces quizás hoy por hoy, el under puro sea una concepción extinta y mal usada. 

Este es un presente de redes y caracterizado por la multiplicidad de espacios de expresión gratuitos (entiéndase internet) a los que muchos tienen acceso. Hasta las ideas más radicales pueden transmitirse por este medio, independientemente de que generen llegada o no. Entonces, ¿por qué hacer sin buscar crecer? ¿Por qué generar lo obsoleto en un hacer aislado? La actualidad brinda herramientas para que cada cual haga a su antojo con su producción. El hacer sin que importe si al otro le gusta, queda disminuido cuando el propio productor se vale de estos medios para transmitir su mensaje, su música y su arte. 

Entonces el under cae por sí mismo, para resignificarse en un nuevo movimiento de artistas independientes de fuerzas externas, auténticos en su hacer y dueños de sus triunfos y fracasos, pero que utilizan los instrumentos que la modernidad les brinda para su actividad cotidiana. La búsqueda de lo instituyente termina por derrumbarse, para convertir al uso de lo instituido en una dialéctica constante entre el artista y su producción. 

Y con este último post, me despido mundo blog por unos días. Marcho hacia mis merecidas (¿?) vacaciones. Al fin.

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún
            (*) Cita de Andrés Stefani.

lunes, 3 de enero de 2011

The Drums: Ese dulce y pegajoso indie pop

Y así me encuentra esta tarde que se debate entre nubes, calor insoportable y humedad. Los planes eran otros, pero como todo es impredecible aquí estoy, combinando tres de las cosas que más me gusta hacer en el mundo: Comer, escuchar música y escribir. Mis acompañantes: Una de las mejores recetas caseras que  nos hayan regalado los señores con gorros de chef, quesito untable con galletitas; y una banda que recién estoy empezando a degustar pero que ya me encanta. Es un cuarteto de neoyorkinos con raíces en la música electrónica, que conocí por recomendación de la revista con la hojita verde. El color en la redacción de su sinopsis me hizo pegar un salto desde la cama donde leía entretenida, hasta la PC para bajar el disco. 

Para empezar puse unos videos en Youtube. Un grupete de chicos flacos, con pantalones chupín y pinta un poco de nerd, pero con un sonido pegadizo como ñoqui pasado. En la primera canción que escuché, el mérito de un riff de bajo súper sencillo y con el poder de engancharse como un abrojo a tus oídos. Una base de batería más sencilla todavía, y una voz masculina con tonos altos, recitados, relajados y como extendidos; amalgamados entre todos por la cualidad increíble de la reverberación, ese efecto que parece estirar el sonido a partir de su toque inicial. 


La banda de esta tarde es la novata The Drums y su primer disco homónimo. Con un formato indie pop, mucho bajo y batería en honor a su nombre, dibujitos de guitarra simil arpegiados, y una voz que parece una catarata de ondulaciones melódicas reverbadas, lograron un estilo que aunque se parece a todo, logra mantener su marca personal. 

A pesar de ser estadounidenses, tienen dejos de la típica dulzura melancólica del sonido inglés. La distinción clara entre los instrumentos característica del indie; los sintetizadores que aparecen esporádicamente sin ganar protagonismo, sumados a voces y coros que cuando los escuchás, logran que todos los colores de la escala cromática se te desparramen por la cabeza; hicieron que esta banda en menos de dos años, haya pasado  de un estudio casero a la fama internacional. Sí, el primer EP fue grabado de manera amateur, cuando dos de sus miembros todavía no sabían tocar la guitarra, motivo por el que en el disco no hay acordes ni rasguidos. 

Es un disco recomendable para escuchar sobre la arena y bajo el sol entre amigos buena onda. Te recomiendo hacer este ejercicio sin perder la espontaneidad: Dejá pasar un par de canciones y observá los pies de tus acompañantes, vas a ver que de a poquito se empiezan a mover cada vez con más soltura. Y no te sorprendas si alguno más distendido se para entre la gente y se pone a bailar al ritmo del indie pop dulce y pegajoso, como un daiquiri de frutilla en una tarde de verano... 

Hablando de dulces, llegó la hora del postre.

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún